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‘Whiplash’ (2014) – Damien Chazelle
“Caravan of whiplash” (“Caravana de latigazos”)
“Not quite my tempo” (Terence Fletcher – ‘Whiplash’)

Whiplash

Demostración de estilo del neófito Damien Chazelle en su opera prima (para el gran público, pues en realidad es su segundo filme como director) “Whiplash”, usando el jazz, como esa fiebre nocturna que cogieron los jóvenes americanos y la vanguardia de los años 20-30 y de la que tristemente el mundo parece haber sudado lo suficiente como para olvidarse de ella. Y es que de genios anda el mundo corto, o eso parece transmitir el mensaje subyacente en esta película: “El genio no nace, se hace”. Se construye a base de esfuerzo, sudor, sangre y lágrimas. Este terrible enunciado encuentra su defensor y exponente en el profesor Terence Fletcher, personaje interpretado por el titánico (y tiránico) J.K Simmons, favorito en todas las quinielas de los premios Oscar. Fletcher vive obsesionado por la anécdota que trajo al mundo a “Bird”, una de las figuras más importantes del mundo de la música y tras la que vivía el nombre de Charlie Parker, haciendo de ella su filosofía y método de enseñanza para con sus alumnos. Sin hostigación, no hay genialidad, no hay magia. La letra con Andrew Neyman, el joven pupilo de esta historia, quien mantendrá un pulso hercúleo con el maestro, es un recién llegado a la clase de Fletcher tras conseguir llamar su atención a base de practicar hasta la extenuación. La ilusión y apertura a un nuevo mundo iniciales, darán paso a la obsesión y a una enfermiza carrera hacia el borde del abismo majestuosamente llevada a cabo por el actor Miles Teller, al que bajo mi punto de vista se ha denostado al darle la espalda en los Oscar. Su interpretación es una de las “reglas” no escritas del jazz, la improvisación, en “Whiplash”, no existe.
Whiplash
Nada se deja al azar. Todo a su tiempo (o más bien “tempo”). Cada fotograma, cada número ejecutado por la banda y por el propio Neyman, va in crescendo desde lo templado a lo frenético, con prisa y sin pausas, con Fletcher como factótum impasible ante las debilidades y desvelos de su más aventajado pupilo. Su intención, llevar a Andrew más allá de sus propios límites y así hacer de él el próximo gran genio del sangre entra.
Merecedora de (como mínimo) una nominación.
Jazz, pero, ¿a qué precio?

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