Empezaré este artículo confesando que no tenía ni la más mínima esperanza en la nueva temporada de American Horror Story, la serie que ha conseguido mantener a Ryan Murphy en la cima en la que le colocó Glee años atrás, quizá por eso me ha sorprendido y gustado tanto.

No creo que sea necesario, pero explicaré que American Horror Story no es una serie al uso, pues lo único que une sus cinco temporadas es que todas son de género de terror, y Murphy utiliza una y otra vez a los mismos actores en diferentes personajes y escenarios, una fórmula que no funciona tan bien como él cree, pero que nos ha regalado a Jessica Lange durante cuatro años seguidos.

Todo comenzó con la típica familia americana con un matrimonio al borde del abismo, una hija adolescente con problemas y una vecina entrometida, todo esto mezclado, por supuesto, con tramas del diablo, muertos vivientes y sadomasoquismo sexual. American Horror Story nos sorprendió y horrorizó, al mismo tiempo, y nos hizo querer mucho más de esta mente brillante  que mientras grababa escenas de sexo con trajes de cuero en una serie, en otra cantaba versionaba canciones de Kelly Clarkson en un mundo de arcoiris y adolescentes felices.

Un año después llegaba Asylum, sin duda la mejor de todas las temporadas de American Horror Story, con un episodio piloto en el que le arrancaban el brazo a Adam Levine en un manicomio abandonado, marca de la casa de Murphy, el rey de los episodios pilotos. Con una trama algo más convencional que la anterior, en la que se mezclaban médicos nazis y extraterrestres (sí, exacto, igual que en El Internado de Antena 3 pero muchísimo mejor desarrollado), el todopoderoso creador consiguió sacarle todo su jugo a su elenco de actores capitaneados por Lange, Evan Peters, Zachary Quinto y la magnífica Lily Rabe. Murphy alcanzó la cima y a partir de ahí sólo empezó a caer.

La tercera temporada, Coven, fue un despropósito de dimensiones épicas. Al más puro estilo de las películas de chicas adolescentes que son brujas de los 90 (véase Jóvenes y brujas), Murphy desaprovechó todo lo que tenía a su alcance, el ambiente de Nueva Orleans, Kathy Bates, Jessica Lange e, incluso, a Angela Bassett cuyo personaje era el único que de verdad tenía algo interesante que contar. La temporada fue un desastre, incluido el episodio piloto.

Cuarta temporada, Freak Show, un circo de personas con deformidades, Sarah Paulson con dos cabezas, y un payaso diabólico. Si los teaser no hacían que se te pusiesen los pelos de punta es porque eres de piedra. El primer capítulo, una maravilla, pero a partir de ahí todo fue a peor. Tanto, que confesaré que ni me digné a terminar la temporada pues cada capítulo era cada vez más tediosos e insoportable.

Y el 9 de octubre llegó Hotel, sin Jessica Lange pero con un nuevo atractivo, Lady Gaga. Sí, la reina de lo excéntrico no es ninguna garantía de calidad, pero ver su mente trabajando con la de Murphy es un morbo que muy pocos podíamos aguntar. Y Murphy lo ha vuelto a hacer, es verdad que sólo he visto el piloto y cómo he explicado anteriormente, el superproductor sabe muy bien como atraer en los primeros 40 minutos, pero Hotel, da muy buenas vibraciones. Quizá ha sido el lavado del elenco, sin Jessica Lange y Emma Roberts, y la inclusión de Wes Bentley y Matt Bomer con personajes complejos y con duras historias detrás, o quizá sea Lady Gaga, a la que su papel le viene como anillo al dedo. No ssabría explicarlo con certeza pero el sexo, la sangre y los asesinatos del primer capítulo me recordaron a los buenos tiempos. Quizá me esté precipitando, pero creo que Murphy ha vuelto a su cauce como hizo con la última temporada de Glee, a pesar de que ésta parecía insalvable.

La última escena con Bentley llegando al Hotel Cortez a ritmo de Hotel California de The Eagles es simplemente, MAGNÍFICA.

https://youtu.be/JE_Sj0tX_nQ?t=7s

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