Paula Bonet tiene el poder de hacerte sentir cómodo, siendo capaz de convertir el fórum del Fnac de Callao en el salón de su casa para la presentación de su nueva obra: La Sed. No nos recibe sola, va acompañada de Javier Ortega, su editor, que presenta orgulloso el libro de Paula.

Paula Bonet delante de uno de sus símbolos, el cuervo.

La Sed, según nos cuenta Bonet, nace de un derrumbe, de un mar de dudas y de la soledad, es más, se plantean como un medio para llegar a conocernos a nosotros mismos. Es a la vez un homenaje a grandes mujeres que se han dedicado a la poesía: Anne Sexton, Virginia Woolf, Carmen Martín Gaite, etc. Es un canto al feminismo y a la libertad de la mujer, ya que ahonda en sentimientos tabúes para ellas, como por ejemplo (y en palabras de la autora), el sentir rechazo a un hijo recién nacido. Nos muestra que el ser humano es »poliédrico», ya que son quince personajes los que interpretan a la misma persona, ella misma, valiéndose de la ficción para desnudarse emocionalmente.

Además, es una obra que la ha liberado como artista, ya que sale de la ilustración para adentrase en la pintura (a lo que se ha dedicado desde siempre). Ella separa la obra en tres partes: una más dura, una en estilo narrativo y otra que se adentra en lo abstracto. Se ha valido de diferentes técnicas artísticas para conseguir los tres estilos, como el grafito para la parte narrativa y el óleo para la abstracta. Así, el texto va perfectamente unido a la pintura.

Aunque pareciera que La Sed es muy diferente a sus anteriores publicaciones (The End y 813), sólo es una versión más oscura de sentimientos que están presentes en ambos libros. No cambia Paula, sino la manera de hacernos llegar sus pensamientos y reflexiones.

Paula Bonet en su estudio de Barcelona.

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