Ha pasado más de una semana de la Madrid Game Experience y aún sigo delante de una página en blanco sin tener claro lo que escribir.

Y es que la MGE me ha de ha dejado un sabor agridulce.

Este pequeño resumen está basado en los dos días en que pude visitar la feria: una en sábado y otra martes, Todos los Santos para más señas. Y aquí encuentro el primer problema, y digo problema y no error de la organización porque no lo considero como tal; y es que el puente, a mi parecer, no ha jugado a su favor si no más bien en su contra, por lo que el sábado fue un bullicio de gente, participación, eventos y ese ambiente que hace grande a una feria de este tipo, el martes se quedaba en un evento descafeinado con un público en gran parte infantil que había asistido con sus padres al no haber tenido otro plan para el puente o como colofón del mismo. Imagino que toda esa horda de fans de los videojuegos intentó visitar el recinto en los primeros días para después poder disfrutar del puente.

Aunque ni de lejos hablo aquí de un fracaso de público porque durante los cinco días que duró se superaron los 124.000 visitantes.

La MGE ocupó durante los 5 días dos pabellones de IFEMA claramente diferenciados:

En el primero, podíamos encontrar a todos los pesos pesados: mientras que Microsoft mostraba muchas de sus novedades intentando llegar a todos los públicos con FIFA17, Gears of War 4, Dance Central y Titan Fall 2, Sony se centraba exclusivamente en su PS VR.

Una de las más pobres fue Nintendo que aportaba campeonatos de Mario Kart, Super Smash Bros y Skylanders para los más pequeños pero nada que no hayamos visto ya.

Además de poder probar la realidad virtual en PC, manejar algunos drones y poder comprar en una tienda GAME montada para la ocasión y con el acierto de poner precios especiales para los asistentes a la feria (servidor se llevó un Guitar Hero live por 19.99€), este pabellón se culminaba con la gran pantalla y escenario para los e-sports que hicieron las delicias de los que allí estábamos.

En el segundo era una amalgama de tiendas (imagino que patrocinadores del evento) en donde se vendía cualquier artículo que bien se pueda llamar Friki: camisetas, juegos de mesa, figuras, cómics y juegos y consolas retro: máquinas arcade personalizables, juegos de Amstrad, Spectrum, Nintendo, Megadrive,…todo un alarde de nostalgia.

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En este mismo pabellón, y siguiendo con la nostalgia, podíamos encontrar todo un pequeño museo de la historia del videojuego: desde los primeros Atari de los años 70, pasando por la generación de 8 bits, hasta nuestro días; realmente no faltaba ni un ejemplo de consola o incluso “maquinita”. Y en esta misma zona podíamos disfrutar con una colección de máquinas arcade, algunas de ellas originales, otras como emuladores y de máquinas de pinball, para uso y disfrute del personal.

Un poco más adelante podíamos ver la sala de conferencias y otro escenario para e-sports, zona de juegos indie y un campo de batalla de lasertags.

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He intentado plasmar mis sensaciones sobre este evento y no es casualidad que haya pasado muy rápido y de forma superficial por todo lo que he ido explicando aquí, porque es precisamente lo que me ha movido en mí esta feria, las ganas de pasear y de ver pero no las ganas de quedarme.

Quizás por la organización, quizás porque no había grandes bombazos, quizás por la sensación de mercadillo y que por encima de todo no me querían enseñar y maravillarme sino venderme.

Creo que han hecho un gran trabajo y lo han hecho con una gran dedicación pero aún queda mucho camino por recorrer si queremos que la MGE se consolide como una gran feria del videojuego.

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