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Un corazón puede estar roto, pero aún así sigue latiendo

Hay películas que te marcan de una u otra manera y que recuerdas durante toda tu vida porque despertaron en ti sentimientos y emociones que aún perduran.

Hay dos títulos que para mí han sido y serán importantes y que aumentaron en mi juventud, aún más si cabe, mi amor por el cine. Títulos que hacen que recuerdes exactamente qué sentiste en el momento de verlas por primera vez.

Uno de esos títulos sería Leolo, bellísima y cruda a partes iguales y que recomiendo a todos aquellos que aún no la hayan disfrutado. El otro sería la película de la que hoy os voy a hablar: Tomates verdes fritos.

Si en este momento reivindicamos, y con razón, más títulos y películas donde el protagonismo lo marquen personajes femeninos importantes y fuertes, en 1991, Tomates verdes fritos, era, precisamente, eso, una película donde las mujeres son las protagonistas de la historia y no solo un tipo de mujer, sino un abanico muy amplio difícil de ver en pantalla, ahora afortunadamente cada vez menos.

Tomates verdes fritos trata y habla de muchas cosas: amistad, amor, racismo, violencia de género, pobreza, vejez, paso del tiempo, feminismo, machismo, homosexualidad.

Tomates verdes fritos

La película, basada en la novela homónima de Fannie Flagg, nos presenta a Evelyn (Kathy Bates), una ama de casa aburrida y frustrada con su vida, inmersa en un matrimonio anclado en la monotonía y con un marido más preocupado por tener la cena en la mesa y por el partido que emiten en la TV que por su matrimonio. Un día Evelyn conoce a Ninny Threadgoode (Jessica Tandy), una adorable anciana que vive en un geriátrico y que empieza a contarle la historia de Idgie (Mary Stuart Masterson) y Ruth (Mary-Louise Parker), del pequeño café situado junto a la estación de tren en el pequeño pueblo sureño de Whistle Stop a finales de los años 20 y principios de los 30, y de un misterioso asesinato que envuelve a las protagonistas.

Son estas historias y su nueva relación de amistad con Ninny las que hacen despertar a Evelyn de ese letargo y la convierten en una mujer fuerte, dispuesta a cambiar su rol en la vida y a convertirse en una mujer independiente y autosuficiente. Por su parte, Ninny es una mujer mayor que ha sobrevivido a toda su familia y amigos y que ve como en su vejez ya no le queda nada a lo que aferrarse, ni siquiera la casa en la que vivió toda su vida y a la que soñaba con volver. Pero la historia principal, la que une toda la película y que nos es contada mediante flashback, es la historia de amistad entre Idgie y Ruth, dos mujeres fuertes, sensibles, marcadas por una tragedia (la muerte cuando era adolescente del hermano de Idgie, Buddy) que acaban unidas y superando juntas las distintas dificultades que se les presentan en el camino.

En la novela, Fannie Flagg presenta ciertos cambios respecto al guión, que ella misma escribió junto a Carol Sobieski. El más significativo sería la relación de amor entre Idgie y Ruth, camuflada como una amistad en la película a pesar del esfuerzo de la escritora y de las actrices, Mary Stuart Masterson y Mary-Louise Parker para que no fuera así. De hecho, fueron los productores y el director, Jon Avnet, los que decidieron absurdamente cambiar este dato, imagino que por miedo a la reacción de cierto tipo de público. Pero, a pesar de este cambio, esta relación de amor es visible, se puede entrever, se aprecia en gestos, miradas, caricias y en la gran química que en pantalla desprenden las dos protagonistas.

Tomates verdes fritos

Cuando la película se estrenó fue todo un éxito. Obtuvo varias nominaciones a los Globos de Oro, a los Bafta y dos nominaciones a los Óscar, a la mejor actriz de reparto para Jessica Tandy y al mejor guión adaptado para Fannie Flagg y Carol Sobieski.

La elección de los actores fue todo un acierto, desde la veterana Jessica Tandy, ganadora del Óscar por Paseando a Miss Daisy como la tierna Ninny, hasta Kathy Bates, ganadora del Óscar por Misery como la valiente y decidida Evelyn. En cuanto al reparto joven, Mary Stuart Masterson y Mary-Louise Parker, estrellas emergentes en los 90, están espléndidas en sus papeles de Idgie y Ruth y tampoco tenemos que olvidar a Chris O’Donnell, chico de moda en los 90, como Buddy.

La preciosa banda sonora que acompaña la película la firma Thomas Newman.

Puede que Tomates verdes fritos no entre en la lista de las mejores películas, ni que sea recordada como uno de los grandes clásicos del cine, pero siempre ocupará ese hueco en nuestra memoria como una de esas historias que no se olvidan y dejan poso y eso, muchas veces, es más importante que una lista.

Si no la habéis visto hacedlo y si ya lo habéis hecho, siempre es bueno volver a disfrutar de esta historia llena de matices y de verdad.

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