Muchos esperaban que Las chicas del cable fuera una revolución en la industria española. La verdad es que lo es, ya que es la primera serie de la todopoderosa Netflix producida en España, aunque a nivel argumental hay que decir que Las chicas del cable no es revolucionaria.

Lo que más se ha dicho de la serie es que es la nueva Velvet, como si eso fuera algo malo, y es que ojalá que Las chicas del cable, a nivel comercial, se pareciese a Velvet ya que es la serie española más exitosa de los últimos años. Todo un éxito internacional, no solo en Latinoamérica sino también en Europa. Igualmente me parecería reprochable el intentar repetir la misma fórmula, aunque se sabe que Bambú simplemente ha acatado las órdenes de Netflix, que rechazó 4 ideas más oscuras y alejadas de Velvet y, finalmente, quedaron con la más parecida a ésta. Cierto es que la fórmula es muy parecida y que Bambú imita a su propia serie en muchos elementos (la música, tramas amorosas, etc). A pesar de todo, aquí vemos serias diferencias que hacen que la nueva producción de Bambú pueda separase de su antecesora.

1. Retrato de una época

Una de las críticas más acertadas hacia Velvet era la representación de los años 60. En la serie no existía ni la dictadura ni la pobreza que se vivía en España en esos años, algo buscado por los creadores de la serie y una de las bases del éxito. Por suerte, Las chicas del cable retrata una época de sueños pero también de pesadillas, además de recrear con acierto los problemas de las mujeres y las consecuencias de ser una persona reivindicativa en los años 20.

chicas cable

2. Heroína que no se deja pisotear

Ana, el personaje que interpreta Paula Etxebarria en Velvet, era bastante sumisa en las primeras temporadas. Hasta la cuarta no pudimos ver a una Ana más espabilada. No pasa lo mismo con los personajes de Las chicas del cable, donde Alba (el personaje de Blanca Suárez) les da mil vueltas a todos y se las arregla para salir indemne de cualquier situación.

las chicas del cable

3. Mucho más atrevida

Velvet se pasaba de mojigata y la escena más fuerte no pasaba de ser normalita (a pesar de que había escenas de sexo todas eran con ropa para el público mas conservador). No pasa lo mismo con Las chicas del cable, donde las escenas de sexo son mucho más atrevidas y rompedoras que en la serie ambientada en los 60. O, por ejemplo, la trama de Maggie Civantos no llega a ser tan violenta e intensa como en la serie de Antena 3.

4. Ritmo de la serie

Una de las cosas que más se critica a las series españolas es el ritmo,  debido principalmente a la duración de los capítulos que rondan los 80 min. Las chicas del cable tiene una duración en torno a los 50 min., muchísimo mejor que en Velvet, donde se abusaba de los flashbacks para llegar a la duración deseada por las cadenas generalistas.

5. Interpretaciones

Por supuesto, no digo que los actores de Velvet lo hicieran mal (aún recuerdo lo bien que estaban Aitana Sánchez Gijon, José Sacristán o Asier Etxeandia), pero es cierto que, al menos en la serie de Netflix, se ven más cuidadas las interpretaciones (aunque hay un actor que estropea todas sus escenas por igual…). Ana Polvorosa hace el mejor papel de su vida, y Maggie Civantos y Nadia de Santiago destacan, aunque las interpretaciones suelen estar bien en general.

En conclusión, den una oportunidad a la serie de Netflix que, aunque tiene sus fallos (la música del primer capítulo es sangrante, ya que esta totalmente fuera de lugar), es una serie notable y entretenida y, sobre todo, un alegato estupendo a favor de las mujeres.

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