Penúltimo día del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Vamos despidiéndonos ya del Festival con algunos de los últimos visionados, tales como Una Questione Privata, La Caméra de Claire, Pin Cushion, What I remember, A violent Life, The Wild Boys, etc. Esta última, Les garçons sauvages, es una película francesa dirigida por Bertrand Mandico, que nos inserta en un mundo en blanco y negro, con retazos de color en ocasiones, en el que cinco jóvenes, que parecen sacados de La Naranja Mecánica, terminan en la isla del placer, a través de un tortuoso viaje de represión que les muestra el deseo identitario y de libertad que posee cada uno de ellos.
La Caméra de Claire, instantáneas para cambiar el mundo
La Caméra de Claire es una película surcoreana del director Hong Sang-soo, protagonizada por Kim Min-hee, Isabelle Huppert, Shahira Fahmy, Jang Mi-Hee, etc. Se trata de una película sencilla, sobre una chica, Manhee, distribuidora de cine, que es despedida por su jefa sin más razón que la acusación de ser «deshonesta», pese a tener un buen corazón. Manhee no entiende nada y su jefa está poco dispuesta a revelar nada más, por lo que Manhee acaba marchándose sin poder hacer otra cosa. Además de estos dos personajes, aparece So, un director de cine, pareja de la jefa de Manhee, y Claire, una profesora francesa, muy carismática, que tiene encuentros con los tres personajes mencionados.
El personaje de Claire, interpretado por Isabelle Huppert, establece una conexión de gran afinidad con Manhee, a la que se encuentra en la playa y a la que pide sacar una foto. Así es Claire, armada con su Polaroid y queriendo capturar retratos de personas, a las que dice que cambia la vida una vez retratadas en sus fotografías.
Claire y Manhee conversan, sobre sus trabajos, sobre comida, sobre relaciones, o sobre una extraña pintura que hay en las escaleras del apartamento de la joven coreana. El filme, bastante corto, deja con ganas de más conversaciones entre ambas mujeres, que tienen una enorme complicidad y química en pantalla y que protagonizan, sin duda, las mejores escenas de la película.
Pin Cushion, dulces con sabor amargo
Pin Cushion es una película británica con guion y dirección de Deborah Haywood. La película es como un gran pastel de colores con gusanos en su interior. Todo es rosa, colorido, con tonos pastel, con gatitos, con flores y arcoiris, pero nada más lejos de la realidad. Iona y su madre, Lyn, son nuevas en el pueblo. Iona es una chica insegura, con una estrecha relación con su madre. Al principio parece que todo a su alrededor es purpurina y caramelos, pero cuando Iona comienza a estudiar en la selva, perdón, el instituto, se encuentra con Keely y sus amigas. Las Chicas Malas de esta historia, que fijan a Iona como su objetivo. Lyn no tiene más suerte que su hija, y pese a que trata de hacer amistades en el pueblo, todo parece ir en su contra.
Ella también es insegura y se deja intimidar. Pin Cushion es una película con escenas bastante duras y muchas dosis oníricas de escapes de la realidad, con unos tonos de color incluso más intensos de lo que son ya de por sí en la estética general de la película, y con ese resplandor exterior que nos indica que son imaginaciones, deseos de situaciones mejores que las reales. Pero esa ensoñación suele durar poco, y la realidad golpea aún con más fuerza cuando vuelve. La contraposición que existe entre la puesta en escena y el desarrollo de la trama y evolución de los personajes es increíble, el contraste provoca aún más impacto y hace de algunas escenas y conversaciones algo bastante duro de ver.
Lily Newmark y Joanna Scanlan sobresalen en sus papeles, en ese de la chica que toma decisiones equivocadas por encajar en un mundo podrido del que lo mejor sería huir, y ese de la madre inundada de una profunda tristeza e impotencia de no saber cómo llevar su vida y a la vez encajar un poco en la de los demás. Es una búsqueda de amor infructuosa y, aunque a veces se trate de tener algún punto cómico, con lo profundo que subyace en su trama, el humor se torna realmente desolador.
Pin cushion es llamativa tanto en forma como en contenido, y eso se ve desde el minuto uno hasta el propio final de la película.
Una Questione Privata: el amor en tiempos de guerra
Dirigida por Paolo Taviani, esta vez sin su hermano Vittorio debido a problemas de salud, Una Questione Privata nos narra una historia de amor a dos tiempos en la Italia de la Resistencia. Con un partisano dividido entre su búsqueda del amor en la forma de chica y su empeño en apoyar el movimiento de la Resistencia, la cinta italiana nos divide constantemente entre los dos momentos, regalándonos unas transiciones entre escenas que se convierten en uno de los aspectos formales más destacados de la película.
En cuanto al reparto, destacan Luca Marinelli en el papel protagonista y Valentina Bellè en el papel de la chica, de la cual no llegamos siquiera a conocer el nombre, algo curioso y que se repite con algunos de los principales secundarios. Una declaración de intenciones que demuestra que el único y verdadero personaje relevante para el espectador es Milton, el protagonista. Será a él al que sigamos constantemente en la historia. A destacar también el uso de la niebla casi como un personaje más de la cinta, aportando una dosis de misterio y ambigüedad a la obra, algo con lo que la pelicula irá hasta las últimas consecuencias, dejando un gran espacio al espectador para terminar o continuar la historia por sí mismo, de acuerdo a la visión de cada uno. Habrá quienes opten por la esperanza y habrá quienes opten por el comienzo de cero, pero de cualquiera de las maneras, la posibilidad de aportar tu toque personal a la totalidad de la obra le da un plus de calidad a la cinta, y lo más importante, implica al espectador en la obra, pasando a ser un elemento activo de ella.
Con una duración de tan solo 85 minutos, Una Questione Privata puede pecar de quedarse algo corta, dejando con ganas de más. Algo que por otra parte, no tiene por qué ser malo. Mejor dejar con ganas de más que pasarse de largo, como ha pasado con varias películas en estos últimos días de festival. Para terminar, destacar una escena en la que una niña bebe agua, algo que a simple vista resulta simple pero a la vez crudo y revelador, al ver el entorno devastado en que tiene lugar la misma. Una Questione Privata es, en definitiva, una película llena de esperanza para volver a un tiempo donde el país transalpino parecía andar escaso de ella.
El taller de escritura: buscando la identidad en la creación literaria
Ambientada en La Ciotat, una pequeña ciudad situada en la costa mediterránea del sur de Francia, El taller de escritura de Laurent Cantet, nos pone frente a un grupo formado por 7 adolescentes, que guiados por una conocida novelista francesa, deberán desarrollar una novela negra cuya temática esté relacionada con el pasado industrial de su ciudad. Entre este grupo de jóvenes no tardará en destacar, para bien o para mal, Antoine, un joven que como sus relatos desprenden, parece comprender demasiado bien la mente de los criminales. Atraída por ese carácter esquivo, temerario y provocador del chico, Olivia (la novelista y a la vez tutora del taller) no tardará en tratar de descifrar la mente del joven.
El taller de escritura nos habla de esa búsqueda de identidad en un grupo de personas algo confusas aún con sus personalidades, mostrándonos un grupo heterogéneo y que a la mínima chispa no tarda en prender. Serán las escenas de grupo las que más capten la atención del espectador, precisamente por ese carácter incendiario y primitivo de los mismos chicos en cuanto se les arrincona al no compartir alguna de sus propias opiniones.
Con grandes paisajes y actuaciones por lo general muy correctas, entre las que destacan claramente la de Marina Foïs y Matthieu Lucci, Olivia y Antoine respectivamente, la cinta francesa no consigue terminar de convencer al espectador, que pese a no verse perdido en prácticamente ningún momento de la película, se queda esperando ese último golpe que nunca llega. Una obra que pese a presentarnos de manera atractiva esa mencionada búsqueda de identidad con el marco de la creación artística (literaria en este caso) de fondo, no consigue el privilegio de dejar huella en el espectador.










