Hace unas semanas se estrenaba en España Manchester frente al mar de la mano de AmazonLa película, que no es una oda a la alegría, cuenta la historia de Lee Chandler, un conserje de Boston que regresa a su pueblo natal para ocuparse de su sobrino tras la muerte de su hermano. El largometraje dirigido por Kenneth Lonergan es una de las películas del año, y por ello hemos traído cinco motivos por los que merece la pena pagar una entrada  para verla.

La interpretación de Casey Affleck

El hermano menor de Ben Affleck interpreta a Lee Chandler, un solitario conserje de la ciudad de Boston que parece estar siempre ausente, sumergido en sus propios pensamientos, como si una infranqueable barrera le separase entre la realidad y su mundo interior. Casey Affleck es el máximo favorito para llevarse el Oscar a mejor actor protagonista -por delante, incluso, de Ryan Gosling-, y la verdad es que su actuación merece tal reconocimiento. Es magnífico como Affleck muestra tanta desolación con tan pocos recursos: una sola mirada o un silencio son suficientes para comprender que Lee Chandler es un hombre devastado por una tragedia que viene de años atrás.

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La importancia del humor

Manchester frente al mar es un drama, pero eso no quita que el humor juegue un papel relevante en el film. Y lo hace porque sin él la película sería una tragedia constante, hasta el punto de que resultaría casi indigerible. El humor en la película, como en la vida, aparece para quitarle peso a las cosas, para suavizar la realidad y que así podamos continuar viviendo.

El adolescente no se comporta como un auténtico imbécil

Se lo leí hace unos días a Javier Aznar en Twitter y me pareció acertadísimo. Un desconocido Lucas Hedges interpreta a Patrick, el sobrino de Lee Chandler (Casey Affleck), es decir, el hijo del hombre que acaba de fallecer. En muchos momentos se comporta como la persona más cabal de todas las que aparecen en la película; acaba de quedarse huérfano -su madre vive, pero no se sabe dónde- y aún así afronta las situaciones que se le van presentando con una cierta normalidad. Y este es un hecho que a fin de cuentas se agradece, sobre todo después de ver cómo la mayoría de adolescentes que aparecen en las películas y series actúan como si tuviesen algún tipo de disfunción en su personalidad.

No es un melodrama de sobremesa de los domingos

Decía Carlos Boyero en su crítica para El País que Manchester frente al mar le parecía «un ejercicio autocomplaciente e irritante de alguien empeñado en contar una tragedia de forma distinta, despojándola de recursos melodramáticos». Personalmente creo, a diferencia de lo que opina Boyero, que es esa búsqueda de lo diferente lo que le da valor a la cinta de Kenneth Lonergan. La historia que se cuenta es terriblemente trágica, pero se presenta sin artificios, sin los ya manidos recursos que nos conducen a la lágrima fácil con una música triste de fondo. Es una película en la que los personajes prefieren interiorizar la tristeza en vez de mostrarla al exterior. Ellos solos cargan con sus propios problemas, como si fuesen una pesada losa que se ciñe a sus espaldas.

Existe vida después de La La Land

En un año donde La La Land ha ocupado casi todo el protagonismo previo a los Oscars -catorce nominaciones en total-, películas como esta Moonlight se erigen como un oasis de calma entre la masiva expectación generada por la película protagonizada por Emma Stone y Ryan Gosling. Y es que a veces tanta luz nos impide ver más allá: las críticas hacia La La Land han sido tan positivas que por momentos daba la sensación de que ya no había nada más que ver en el cine por este año. Por fortuna no es así y todavía quedan películas interesantes en las que fijarse antes de que llegue la gala que entrega los premios más prestigiosos del mundo del cine. Manchester frente al mar es sin duda una de ellas.

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