Hay animes que te gustan y animes que se te quedan. Para mí, Frieren: Tras el viaje fue, sin duda, una de las mejores series de anime de los últimos años. Una historia que no iba de salvar el mundo, sino de entenderlo después de haberlo salvado. Por eso, la llegada de su segunda temporada venía con expectativas altísimas… y sensaciones algo más encontradas.
Porque sí, Frieren sigue siendo una maravilla en muchos aspectos. Visualmente es espectacular, su ritmo sigue siendo especial y su identidad permanece intacta. Pero también es una temporada que, en lo narrativo, se siente distinta. Menos evocadora, menos melancólica… y, por momentos, menos única.
Y no os preocupéis, no haremos spoilers
Una producción que sigue siendo de primer nivel
Si hay algo que no ha cambiado —y menos mal— es el nivel técnico. Madhouse vuelve a demostrar por qué sigue siendo uno de los estudios más respetados de la industria. La animación es fluida, elegante y tremendamente expresiva. No hace falta que todo explote constantemente: Frieren sigue apostando por los pequeños gestos, por miradas, silencios y movimientos sutiles que transmiten muchísimo.
Los escenarios vuelven a ser otro de los grandes puntos fuertes. Cada ciudad, cada bosque, cada rincón del mundo tiene una personalidad propia. Hay una sensación constante de viaje, de descubrimiento, aunque esta vez se perciba de forma distinta. El mundo sigue siendo precioso… pero quizás el problema es que ya no es desconocido.
Y cuando la serie decide subir la intensidad, lo hace de verdad. Las escenas de acción están muy bien coreografiadas, con una magia que se siente poderosa y peligrosa, pero siempre manteniendo ese tono contenido que caracteriza a la obra.
Mención especial para el ending, que vuelve a ser una pequeña joya. Se trata de una animación hecha a mano, con lápices de colores, enteramente frame a frame por Aoume Mimei, autor también del primer ending. No es solo un cierre bonito: es una declaración de intenciones artística que conecta directamente con el tono íntimo de la serie. De esos endings que no saltas.
Un viaje que ya no se siente igual
Donde sí he notado el cambio es en la historia. La primera temporada tenía algo muy especial: esa estructura de viaje del héroe… pero a la inversa. No se trataba de vivir la aventura, sino de recordar lo que ya había pasado. Cada lugar, cada personaje, cada momento estaba cargado de nostalgia, de ausencia, de todo lo que Frieren había perdido por el camino.
En esta segunda temporada, ese enfoque se diluye bastante. El worldbuilding ya está hecho, el mundo ya lo conocemos, y eso cambia completamente la sensación del viaje. Seguimos avanzando, sí, pero ya no hay ese peso constante de los recuerdos. Hasta el final de la temporadaapenas vemos esas sombras del pasado en cada paso. La historia se siente más ligera… incluso un poco vacía en algunos tramos. No porque esté mal escrita, sino porque pierde ese componente emocional que hacía que todo tuviera un significado más profundo. Es como si el viaje continuara, pero sin esa melancolía que lo hacía único.
Eso no quiere decir que no haya momentos interesantes. La relación entre Fern y Stark se desarrolla un poco más, aportando dinámicas nuevas y cierta evolución emocional. Pero, en comparación, la Frieren que vemos aquí está menos marcada por esa tristeza silenciosa que definía la primera temporada.
Es en los últimos episodios donde la serie vuelve a conectar con su esencia. Cuando recupera el foco emocional, cuando vuelve a mirar atrás, cuando recuerda por qué este viaje importa. Y ahí, de nuevo, Frieren brilla como pocas.
Otro de los grandes aciertos de la serie sigue siendo su doblaje en España. El trabajo que se está haciendo es excelente, y en particular destaca Sandra Villa como Frieren. Su interpretación capta perfectamente esa mezcla de distancia emocional, curiosidad y melancolía que define al personaje. Y ese berrinche, una de las escenas mas graciosas de toda la temporada. Es uno de esos casos donde el doblaje no solo cumple, sino que enriquece la experiencia. La voz de Frieren en castellano consigue transmitir muchísimo con muy poco, algo que no es nada fácil en un personaje tan contenido y en Crunchyroll se están esforzando en tenerla doblada con tan solo un par de episodios de respecto a la original
Menos impacto, pero Frieren sigue siendo especial
La segunda temporada de Frieren no me ha parecido tan redonda como la primera. Pierde parte de esa magia emocional que la convirtió en algo único, y su historia se siente menos potente durante buena parte del recorrido.
Pero sigue siendo una serie especial. Sigue teniendo una identidad propia, una calidad técnica altísima y momentos que recuerdan por qué nos enamoró. Quizá no impacta igual… pero sigue siendo un viaje al que merece la pena volver.







