Cochinas: comedia, sexo y corazón en un videoclub

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Hay series que entran por el ruido y otras que lo hacen por algo mucho más difícil: el corazón. Cochinas es de las segundas. La nueva comedia de Prime Video, creada por Carlos del Hoyo e Irene Bohoyo y dirigida de forma coral por Andrea Jaurrieta, Laura M. Campos y Núria Gago, podría parecer a simple vista una propuesta gamberra sobre porno en los 90… pero en realidad es bastante más. Es una serie cercana, humana, incómoda a ratos y, sobre todo, sorprendentemente emotiva. De esas que la empiezas por las risas y te sorprendes emocionándote.

Ambientada en el Valladolid de finales de los 90, la historia sigue a Nines, una ama de casa conservadora que, tras el coma de su marido, se ve obligada a gestionar el videoclub familiar. El giro llega cuando descubre que lo único que mantiene el negocio a flote es el cine para adultos, lo que convierte el local en un inesperado punto de encuentro y liberación para muchas mujeres del barrio. Nines se da cuenta que las mujeres pueden ser los mismos clientes o mejores que los hombres.

Humor para mayores de 18

Lo primero que llama la atención de Cochinas es su tono. Aquí hay humor, mucho humor, pero también una mirada muy clara sobre la sexualidad, la represión y la doble moral de la época. La serie no se limita a hacer chistes sobre el porno. Lo utiliza como excusa para hablar de algo mucho más grande: el autoconocimiento, el deseo y la libertad personal. Y lo hace sin caer en lo burdo, algo que tiene mucho mérito teniendo en cuenta el terreno en el que se mueve.

Uno de los elementos más divertidos son las parodias de películas porno que abren cada episodio. Son absurdas, exageradas y completamente conscientes de sí mismas. Funcionan como un gag recurrente, pero también como comentario sobre la propia industria y sus clichés. Especialmente a medida que avanza la temporada, se va viendo la visión machista y tóxica de esta industria.

Y luego están las fantasías de Nines. Esos momentos en los que la serie se permite exagerar y jugar con lo que pasa por su cabeza. Son situaciones que podrían romper el tono… pero encajan y lo enriquecen.

Lo que realmente eleva a Cochinas es que, detrás de toda esa comedia, hay algo muy sincero. Cada episodio tiene ese momento en el que baja el ritmo, donde los personajes se enfrentan a sus inseguridades, sus miedos o sus deseos. Y ahí es donde la serie te desarma. Porque sí, te ríes… pero también hay escenas que te dejan con ese nudo en la garganta. La charcutera con la luz, la hija del dueño del otro videoclub frente al espejo, el viaje de Chon… La serie habla de cuerpos reales, de sexualidades diversas, de gente que no encaja en lo que se espera de ellos. Y lo hace con una naturalidad que se agradece muchísimo.

De hecho, uno de los grandes aciertos es precisamente ese: mostrar la diversidad sin forzarlo. Está ahí, forma parte de la historia, de los personajes y de su evolución.

Un reparto que lo sostiene todo

El reparto es otro de los pilares fundamentales. Malena Alterio está fantástica como Nines, construyendo un personaje que evoluciona episodio a episodio, pasando de la rigidez inicial a una liberación progresiva que se siente completamente natural. Aporta una capa emocional muy potente y precisamente la seriedad de su personaje ayuda a resultar más divertido.

Álvaro Mel sigue demostrando una gran soltura en la comedia, aportando ese contrapunto más contenido y vulnerable. Su personaje, además, introduce una mirada distinta sobre la sexualidad, que nos trae acerca a una realidad mucho más actual. Pero si hay un nombre que sorprende especialmente es el de Celia Morán como Chon. Es, sin duda, uno de los grandes descubrimientos de la serie. Tiene presencia, carisma y una naturalidad que hace que cada escena suya funcione. Se adueña del espacio sin esfuerzo y aporta muchas de las mejores dinámicas del grupo.

El conjunto del elenco funciona como un reloj, y eso es clave en una serie tan coral como esta. No hay personajes de relleno: todos tienen algo que aportar.

Cochinas es una de esas series que no esperas… y que terminan siendo de las más recomendables del año. Tiene humor, tiene personalidad y, sobre todo, tiene algo que decir. Y lo hace sin moralina, sin forzar, simplemente dejando que los personajes vivan, se equivoquen y crezcan. Te hace reír, pero que también te invita a mirarte un poco por dentro.

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