Hay animes que consiguen atraparte por su historia, otros por sus personajes y algunos simplemente porque tienen una personalidad visual tan marcada que resulta imposible confundirlos con cualquier otra cosa. Jaadugar: A Witch in Mongolia pertenece claramente a este último grupo. Es una serie que me ha gustado bastante, aunque tengo que reconocer que no me ha apasionado tanto como esperaba.
Y quizá ese sea precisamente el problema. Jaadugar era una de mis grandes apuestas de la temporada de verano. La combinación de una historia ambientada en el siglo XIII, el mundo persa y mongol y, sobre todo, Science SARU detrás de la adaptación (responsables de la magnífica Scott Pilgrim), hacía que las expectativas estuvieran bastante altas. La serie ha cumplido muchas de ellas, aunque también me ha dejado con la sensación de que podría haber llegado mucho más lejos.
La adaptación del manga de Tomato Soup está dirigida por Abel Góngora, con Naoko Yamada como directora ejecutiva y Kenichi Yoshida al frente del diseño de personajes y la dirección de animación. Y se nota que hay muchísimo trabajo detrás de cada plano.

Un anime que parece sacado de las páginas de una novela
Una de las cosas que más me han gustado de Jaadugar son sus diseños. Hay algo en ellos que hace que, durante buena parte del episodio, olvides que estás viendo un anime. Los personajes tienen formas muy particulares, expresiones muy marcadas y una apariencia que se aleja bastante de los diseños más reconocibles del medio.
Viendo los primeros capítulos tenía una sensación bastante curiosa: parecía estar leyendo una novela. Una de esas historias en las que al protagonista no paran de sucederle desgracias. Sitara pasa de una situación complicada a otra, aparecen nuevos lugares, personajes interesantes y pequeños conflictos que parecen destinados a tener una importancia enorme… para que algunos desaparezcan rápidamente de la historia.
Esa estructura tiene algo fascinante, pero también provoca cierta sensación de inestabilidad durante la primera mitad de la temporada.
Cuando la historia encuentra su lugar
Una vez que la acción se asienta en los campamentos mongoles, Jaadugar empieza a encontrar un ritmo mucho más reconocible. Es entonces cuando la serie me ha recordado en algunos momentos a Los diarios de la boticaria, especialmente por esa combinación de intrigas, conocimiento, política y una protagonista que utiliza su inteligencia para sobrevivir en un entorno en el que tiene muy poco poder.
Eso si, la representación histórica es uno de los grandes puntos fuertes. La serie se interesa tanto por la sociedad musulmana de la época como por la cultura mongola, mostrando costumbres, religión, vida cotidiana y las diferencias entre ambos mundos. No se limita a utilizar a los mongoles como un ejército de villanos genéricos, sino que intenta mostrar cómo funcionaba su sociedad y quiénes eran las personas que estaban detrás de esa conquista.

Lamentablemente, la serie podría volcarse en la historia de una esclava que usa su conocimiento como una herramienta, pero lamentablemente en la mayor parte de la serie, Sitara es una mera espectadora. Quizá mi principal problema sea precisamente el ritmo. Jaadugar tarda bastante en arrancar. Durante buena parte de la temporada tenemos la sensación de que estamos preparando el tablero, conociendo personajes, lugares y relaciones, pero la historia tarda mucho en alcanzar ese punto en el que realmente sentimos que todo lo anterior está empezando a desembocar en algo.
Y cuando finalmente lo consigue, da un poco de rabia pensar que haya necesitado prácticamente toda la temporada para llegar hasta ahí.
La animación, por otra parte, me parece magnífica. Eso sí, hay momentos en los que el anime intenta relajarse demasiado. Cuando Sitara trata de engañar a los mongoles o aparecen situaciones más humorísticas, el tono puede resultar un poco extraño. El contraste entre el drama histórico, la violencia y algunos de estos momentos cómicos no siempre termina de funcionar y en ocasiones parece que estamos viendo otra serie durante unos minutos.
Aun así, el balance final es claramente positivo. Jaadugar: A Witch in Mongolia es una serie diferente, visualmente preciosa y con una ambientación histórica poco habitual en el anime. Pero también creo que, con todo lo que tiene entre manos, podría haber sido una de las grandes series del año y se ha quedado un poco a las puertas.





