La clave de American Hostage está en que consigue convertir una historia que, sobre el papel, podría parecer bastante sencilla en un thriller mucho más complejo y adictivo. Y qué mejor lugar para descubrirlo que el South International Series Festival de Cádiz, que ha elegido la serie para inaugurar su cuarta edición.
La jornada de inauguraciób ha sido, sin embargo, muy diferente a la prevista. En mitad de un clima especialmente delicado, la organización decidió cancelar la gala inaugural y los actos festivos, manteniendo únicamente las proyecciones programadas. Así, American Hostage llegó al Gran Teatro Falla sin alfombra roja ni grandes celebraciones, con la voz de la presentadora quebrándose al empezar a hablar (Concha Ortiz), dejando que fuera la propia ficción la encargada de abrir el festival. Una decisión que, salvando todas las distancias, guarda cierto paralelismo con la que debe tomar el personaje de Jon Hamm en la serie: seguir adelante con una emisión en directo cuando todo el mundo a su alrededor le recomienda que no lo haga.
Dos actores que elevan la historia
Ambientada en los años setenta e inspirada en un secuestro real ocurrido en Indianápolis en 1977, la serie nos presenta a Fred Heckman, un periodista radiofónico que recibe una llamada inesperada de Tony Kiritsis, un hombre que mantiene a un rehén y exige ser entrevistado en directo. A partir de ahí, la situación comienza a escapar del control de todos los implicados.
Uno de los grandes aciertos de American Hostage es su elección de casting. Jon Hamm encaja de maravilla como presentador de radio: tiene una voz absolutamente inconfundible, con ese tono grave y esa presencia que consiguen que quieras seguir escuchándole incluso cuando no está ocurriendo nada especialmente emocionante. De hecho, recomiendo mucho ver la serie en versión original, porque buena parte del trabajo interpretativo de Hamm está en su voz.
En el otro extremo tenemos a Giovanni Ribisi, que conocía mayormente de su papel en Me llamo Earl, que interpreta a un Tony Kiritsis exaltado, imprevisible y con una intensidad que resulta tan incómoda como fascinante. La química entre ambos funciona especialmente bien, incluso cuando sus personajes están separados por una línea telefónica.
Un thriller mucho más complejo de lo que parece
La serie mantiene un ritmo muy ágil, apoyándose en varios montajes paralelos especialmente inteligentes que permiten seguir lo que sucede en distintos frentes sin perder tensión. También resulta interesante su aproximación al trabajo de la prensa en los años setenta, mostrando cómo se construía una noticia, las decisiones editoriales y la enorme responsabilidad que podía recaer sobre un periodista cuando una vida dependía de lo que se dijera ante un micrófono.
Además, American Hostage sabe introducir pequeños momentos cómicos en medio de tanta tensión. Son detalles ligeros, bien colocados y que ayudan a que los personajes respiren sin romper el tono de la historia.
Reconozco que tenía ciertas reticencias. Al conocer la premisa, me preguntaba si realmente había material para contar algo más allá de un par de episodios. Después de haber podido ver los tres primeros, esas dudas han desaparecido por completo. La historia es mucho más compleja de lo que parece al principio, abre nuevas líneas narrativas y consigue que quieras descubrir qué va a pasar a continuación.
Y hay un aliciente adicional: todo parte de unos hechos reales. Por ahora, solo puedo decir que quiero ver cuanto antes la otra mitad de la serie. Una estupenda carta de presentación para abrir el South y una de esas ficciones que te atrapan sin necesidad de levantar la voz.






