Tras una espera semi amenizada por música en directo, el teatro Alfil se llenó de público y expertos en la materia.
Al leer el argumento puedes llegar a pensar que El vampiro de la calle Claudio Coello llega cuando ha pasado el boom crepuscular y ya no va a tener ese efecto hipnótico en tu ser.
Error, quizás la perspectiva desde mi asiento, quizás mi gran capacidad de sugestión, no sé, pero las sombras que se vislumbraban me inquietaban.
Los actores comienzan la función y se produce un salto espacio temporal, la apacible salita de estar de una pensión del barrio de Salamanca se ve agitada por las noticias de que un ente del que se desconoce su paradero ha atacado a una vulnerable mujer en la calle. Y es aquí cuando se empieza a comprender la personalidad de cada uno con sus reflexiones sobre la noticia, como se suele decir, cada loco con su tema.
Según las pesquisas policiales el cerco se estrecha y todo apunta a que alguien de la pensión es el responsable del preocupante ataque vampírico.
No me gustaría desvelar mucho mas del argumento, no es una obra clásica de misterio tipo Agatha Christie ya representado en el panorama teatral madrileño porque no es necesario esperar al desenlace para saber la identidad del causante del enigma, pero creo que merece la pena que el espectador descubra viendo la obra quien altera la tranquilidad de un barrio tan apacible.
La escenografía aún siendo sencilla, resulta creíble y hasta un recurso humorístico.
El vestuario evoluciona con los personajes, merece la pena fijarse en este aspecto, incluso también se juega con ello en la historia. Los actores se pasean por el escenario con maestría, el tono de voz, la gestualidad, hasta los movimientos están acertados.
Seguro que la calidad del texto ayuda, pero que hasta en varias ocasiones el público se arrancara a aplaudir durante la representación sugiere que es una buena obra.
Yo que en mi infancia pasaba horas enganchada al Cluedo y a la herencia de la tía Agatha salí muy satisfecha cuando al no ser una obra estrictamente fiel a su género y que incluso maneja el humor podría sentirme decepcionada.
Está ejecutada con mucho tino y hasta me deja un idea rondando por la mente que yo nunca he defendido, a las mujeres nos gustan los chicos malos.
Es cierto que el verano alarga los días, pero la pega que le encuentro es el horario, si empieza puntual las 22:30 se hace un poco tarde para las almas madrugadoras.
Información útil
Se puede ver en el teatro Alfil los jueves a las 22:30 hasta el 6 de agosto.
Calle Pez nº 10.
Comprando las entradas con antelación son 16 €







