Los festivales cinematográficos son el lugar perfecto para películas de autor y cine no tan comercial. Dentro de lo cabe, este año no hemos tenido sobredosis de planos de 5 minutos viendo a personas hacer su trabajo o largas cenas sin que los personajes intercambien una palabra. A pesar de ello y del buen número de películas vistas durante el día, hoy no ha sido el más fuerte de la 63 edición del festival.

Moira

A primera hora, como un resorte, vuelvo a hacer fila en el Victoria Eugenia para ver la película georgiana, Moira, de Levan Tutberizde. Un ex-convicto sale de la cárcel para encontrarse a su familia viviendo en la reina en una pequeña casa en la playa, con un hermano sin trabajo y un padre en silla de ruedas. Con un dinero que el amigo al que no delató le presta, se hace con un barco pesquero e intenta salir adelante, sin saber que aceptando ese dinero se verá envuelto en una trama criminal de la que no podrá salir fácilmente.

A pesar de la sinopsis, Moira no es una película de gánsters. Es una película sobre la pobreza y la familia en un pueblo de la costa de Georgia, en la que en el tramo final, se le suma una trama de gángsters. Muy pocos diálogos y una fotografía donde apenas hay color hacen de Moira una película bastante aburrida y olvidable. Aunque el final de la película gustase a mucha gente, en conjunto no resulta una historia muy atractiva, aún sin tener demasiados defectos.

Mountains may depart

Después de la película georgiana, en el mismo teatro vimos Shan He Gu Ren (Mountains may depart, en ingles), del director chino Zhangke Jia (sobre el que se presentaba un documental en el propio festival).  De dos horas de duración pero con un arco argumental que abarca casi 30 años, nos cuenta la vida de tres protagonistas, unidos por uno de ellos, la joven Tao. Mountains may depart comienza siendo una historia sobre un triángulo amoroso y su evolución a lo largo del tiempo.

La película engloba todos los calificativos que suelen atribuirse al cine chino, como un ritmo lento, personajes que no expresas sus emociones y una fotografía cuidada al detalle. A la historia que cuenta le sobra una buena media hora, centrándose en personajes de los que luego se deshace sin dar más explicaciones. Un detalle que me llamó la atención fue el juego de formatos de imagen (cuadrado y panorámico) que usa para separar el prólogo (40 minutos fácilmente), del resto.

El hambre acuciaba y además era el momento de la genial entrevista que teníamos con Christian Meier y Salvador del Solar, de la película Magallanes. Se nota que los dos actores tienen muchos años de amistad a la espalda y fue una entrevista amena y divertida.

Freeheld

Un poco cansados, fuimos a ver el estreno de Freeheld, con Juliane Moore y Ellen Page a la cabeza. Basada en una historia real, Laurel y Stacie son una pareja de mujeres que se enfrentan a la dura situación de verse en la bancarrota en el caso de que Laurel, enferma de cáncer, muera al no poder ceder su pensión de policía a su pareja de hecho.

Con Freeheld me uno a la mayoría de la crítica que opina que es carne de Óscar. Pero no por ello considero que sea buena película. Obviamente la temática es muy delicada, pero parece una maniobra muy oportunista por parte del guionista de Filadelfia repetir una fórmula similar. La actuación de las dos protagonistas no es nada que se salga mucho de su registro (Moore compungida y Page contenida, como suele verse) y la película no se quita ese aspecto de telefilme barato.

Con un día mediocre, sin demasiadas películas destacables, avanzamos a la recta final del festival.

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