Nacida en Valencia en 1980, Inmaculada Cuesta se mudaba a Arquillos, Jaén, junto a su familia cuando tan sólo era una niña. Allí se crió y adoptó ese acento que tan bien luce hoy en día. Gracias a su padre tapicero, Inma Cuesta se hacía con trozos de telas y otro utensilios que le servían para confeccionar bolsos que más tarde vendía como estrategia para finanaciarse los estudios.

A los 18 años se muda a Córdoba para estudiar la Licenciatura en Arte Dramático en la Escuela Superior de Arte Dramático y cuando lo termina se va a Sevilla, donde vivirá hasta finales de 2005, cuando se muda a Madrid e ingresa en el Conservatorio y Escuela de Danza, Centro de Artes Escénicas que dirige Carmen Roche. Y aquí comienza su carrera como actriz.

Su primer papel fue en el teatro, junto a Nacho Cano y su musical ‘Hoy no me puedo levantar’, donde Cuesta demostró que es una artista total, pues no sólo sabe actuar sino que también baila y canta, y lo hace todo bien. Un tiempo después le ficha su primera serie de televisión ‘Amar en tiempos revueltos’ de TVE, en la que vuelve a demostrar lo bien que se le da cantar en su papel de una joven cigarrera que acaba convirtiéndose en un conocida cantante de la época. Su primera experiencia en el cine fue  la película ‘Café solo o con ellas’, junto a Asier Etxeandía, Alejo Sauras, Diego Paris, Terele Pávez y Elena Ballesteros, entre otros.

No obstante, si hay un año que Cuesta ha de recordar, es 2009, año en el que comenzó la serie ‘Águila Roja’, su trampolín a la fama. Con una trama sugerente, en lo que a la ficción española de aquellos años se refería, una cuidada puesta en escena y un Javier Gutiérrez y una Inma Cuesta completemante en su salsa haciendo suyos el protagonismo del que carecían, ‘Águila Roja’ se convirtió en un fenómeno televisivo que nos ha regalado a estos dos grandes actores y que TVE está exprimiendo tanto que parece la saga de ‘Piratas del Caribe’.

En 2011, ‘Primos’, junto a uno de los directores más prometedores del cine español, Daniel Sánche Arévalo y acompañada de dos de sus parejas más habituales, Quim Gutiérrez y Raúl Arévalo (uno de los mejores actores del panorama del cine actual y gran olvidado de los Goya) y ‘La voz dormida’, durísima película sobre las mujeres encarceladas por el régimen de Franco que le otorgaría su primera nominación a los Goya.

Como es habitual en el cine español, y siendo ella preciosa y con talento, Inma Cuesta no ha parado de aparecer en películas desde aquel lejano 2009 demostrando que no hay registro que se le resista ni personaje que no sepa hacer suyo. La calidad de las cintas puede ser más o menos cuestionable, pero ella siempre conseguía brillar.

Este año Inma Cuesta es la protagonista de una de las películas más esperadas, ‘La novia’, la adaptación de la directora Paula Ortiz de la obra maestra de Federico García Lorca, ‘Bodas de sangre’, en la que también participan Álex García, Manuela Vellés y Asier Etxeandía, que se estrena el 11 de diciembre en cines.

Pero Cuesta no sólo ocupa titulares por sus películas o su salida de la serie ‘Águila Roja’, sino que la actriz se ha convertido en toda una paladín de la naturalidad y el excesivo uso del Photoshop. El mes pasado, Cuesta publicaba en su cuenta de Instagram dos fotografías de la misma sesión fotográfica, la de la derecha la foto real, sin retoques, la de la izquierda, la imagen irreal creada por ordenador. Como ella misma denuncia, es legítimo utilizar el Photoshop para mejorar la luz y resaltar los colores, pero no para alagar cuellos, reducir caderas o desinflar brazos para converitr a una mujer en una muñequita. Inma demostró, una vez más, que ser actriz no conlleva convertirse en un estereotipo o en un cánon, ella sigue siendo una mujer.

Inma Cuesta

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