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Una breve introducción…

Orange is the New Black, 2013. 60 minutos. Drama carcelario, comedia. Creador: Jenji Kohan.

Reparto: Taylor Schilling, Michael Harney, Kate Mulgrew, Jessica Pimentel, Danielle Brooks, Uzo Aduba, Dascha Polanco, Samira Wiley, Nick Sandow, Selenis Leyva, Lea DeLaria, Yael Stone, Taryn Manning, Laura Prepon, etc.

Hablemos de Orange is the New Black, una de las grandes series del momento. Orange, es una de esas atractivas series de Netflix que tanto nos gustan y que estrena su cuarta temporada el próximo 17 de junio.

https://www.youtube.com/watch?v=c6O9rfoz0f8

La protagonista de nuestra historia es Piper Chapman, una chica 32 años a la que sentencian quince meses a prisión por transportar dinero procedente del tráfico de drogas (su ex-novia Alex fue la que la metió en el mundillo) y es trasladada a la prisión de mujeres de Litchfield, Nueva York.

El personaje de Piper está basado en la historia real de Piper Kerman, la cuál escribió una autobiografía basada en sus vivencias en la cárcel, y que se titula: Orange Is The New Black: My Year In A Women’s Prison. Gracias a Piper (nuestra Piper), descubrimos cómo es la vida en una prisión de estas características y cómo son las mujeres que en ella desarrollan su vida.

Piper, OITNB
Pese a que podemos distinguir a Piper como la protagonista de la historia, yo atribuiría a la serie más bien un protagonismo coral. Piper es el primer eslabón de una cadena de mujeres que nos van presentando a medida que nos adentramos en la prisión y sus rincones. A lo largo de la serie nos muestran a una multitud de chicas que esconden un gran trasfondo. Algunas tomaron malas decisiones, otras fueron engañadas y otras se vieron obligadas a delinquir debido a algún acontecimiento de su vida que las llevó a ello. Mediante flashbacks y el propio desarrollo de su vida en prisión, vamos conociendo poco a poco a cada una de estas grandes mujeres. Siendo todas muy distintas, comparten un mismo techo, unas mismas paredes, día tras día, mes tras mes, año tras año…

OITNB es una serie que puede pasar de comedia hilarante a drama profundo en menos de dos minutos. Juega mucho con ese cambio y usa el humor negro en forma de crítica social para tratar temas de más índole y establecer así un discurso sobre diferentes aspectos socioculturales y problemáticos existentes -y persistentes- en la actualidad, tales como el racismo, el maltrato, la marginación, la propia delincuencia callejera (a veces la única salida a la desesperación), la homofobia, etc. Son muchas las voces que nos narran sus historias, que nos muestran sus demonios personales, que nos desnudan su alma.

OITNB

Cada chica tiene su propio registro, su propia forma de comportarse, sus propias reglas. Todas ellas vienen de lugares distintos y de posiciones sociales igual de variadas. Y esto da una riqueza enorme al relato.

Vemos cómo están formadas las pandillas dentro de prisión, haciendo eco de esa realidad que se desarrolla fuera de la misma. Las chicas se unen en grupos según su lugar de procedencia, color de piel, edad, etc.

OITNB, mujeres frente a la televisión

Tales divisiones son tópicos de una realidad pluricultural existente en la propia vida que se desarrolla fuera de la prisión, y que es aún más perceptible en nuestra micro-ciudad carcelaria. Pronto vemos cómo las chicas se relacionan con otras fueras de sus pandillas. Aunque a veces sean reticentes por el miedo a su propio grupo, muchas de ellas plantan cara y se dejan llevar. Nos ejemplifican cómo las divisiones raciales no son clasificaciones legítimas por las que dejarse guiar, mostrando que no hay fronteras y que todos somos seres que se rigen, o deberían, por unos principios que van más allá del color de la piel, la edad o la procedencia social.

Todas las presas son personajes complejos y están en constante evolución. Cuando crees que conoces bien a alguna de ellas, de repente se produce un giro de tuerca y te cambian las perspectivas. Te desmontan como si fueses un juguete roto que no sabe lo que hace.

Boo y Tiffany

Orange is our new passion

La serie rompe tabúes, no se coarta por nada y nos habla sin tapujos del sexo, de la violencia, con ese humor negro ya mencionado -y escatológico en ocasiones- que pocas veces, o ninguna, se ha utilizado de tal forma en televisión. Orange también hace una crítica a la corrupción policial, personalizada en esos guardas de prisión que tienen potestad para hacer lo que les plazca y usan su poder para aprovecharse de las reclusas. Muchos de ellos deberían cambiar roles con algunas de nuestras protagonistas, ya que merecen más estar tras las rejas que delante de ellas.

Orange es uno de los grandes descubrimientos de los últimos años. Su primera temporada fue un éxito y logró forjarse una importante comunidad de fans, que esperan cada año con ansias a que Netflix anuncie cuándo verán la luz los nuevos episodios. Es verdad que hay quien opina que su última temporada fue más débil que las anteriores y está perdiendo un poco el hilo de su narratividad. Pese a ello, seguro que no hay ningún adepto a la serie que vaya a perderse el estreno de la cuarta temporada. El vínculo que los personajes logran crear con el espectador es un bastante resistente. Cuando pones un episodio, sale un gancho de pantalla que te levanta de la silla y te inserta en esa prisión de Litchfield, de tal forma que te conviertes en una presa más. Te vas adentrando en cada trama, que incumbe a uno- o varios- de los personajes y te hace tomar bandos y sentir que participas de la vida y relación de todas ellas.

Para terminar, os dejo con el principio, el opening de la serie, que es tan grande como todo lo demás.

Un aplauso para todas ellas.

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