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Hace 57 años nació en Japón un de los actor más internacionales de las últimas décadas. Nominado al Oscar, a los Globos de Oro y al premio del Sindicato de Actores, en las tres ocasiones como mejor actor de reparto, Ken Watanabe no ha dejado de sorprender a la crítica y de ganarse al público desde sus primeros trabajos en su Japón natal hasta las grandes producciones de Hollywood.

Kensaku Watanabe nació en Koide pero se trasladó a Tokio para estudiar interpretación sorprendiendo, ya desde muy joven, a los críticos de su país en pequeñas producciones de teatro. Sus primeros trabajos fueron en series televisivas japonesas de relativo éxito hasta que en 1984 da el salto a la gran pantalla en el drama bélico Setouchi shonen yakyu dan del director japonés Masahiro Shinoda.

Después del éxito de su interpretación en la cinta de Shinoda, Watanabe fue encadenando un éxito tras otro en películas japonesas prácticamente desconocidas fuera del país. Entre ellas destaca Tampopo (1985) del japonés Juzo Itami (55 días en Pekín), Welcome Back, Mr. McDonald (1997) de Kôki Mitani, o Bonds (1998) de Kichitaro Negishi.

Pero sin duda la película que marcaría un antes y un después en su carrera sería El último samurái. El director Edward Zwick (Diamantes de sangre, El caso Fischer) eligió a Watanabe para que interpretara al samurái Katsumoto Moritsugu, con el que capitán americano Nathan Algren, interpretado por Tom Cruise (saga Misión Imposible, Jack Reacher), deberá convivir durante su cautiverio en un pueblecito japonés. Watanabe se ganaría la nominación a los Oscar y a los Globos de Oro como mejor actor de reparto por su interpretación del samurái y, su carrera, pegaría un salto significativo.

Después de El último samurái llegarían dos superproducciones que acabarían de consolidar la carrera de Watanabe y que se convertirían en dos rotundos éxitos de taquilla. La primera Memorias de una geisha, dirigida por Rob Marshall (Chicago, Piratas del Caribe: En mareas misteriosas), y que se alzaría rápidamente como una gran película que nos adentra en el mundo de las misteriosas geishas japonesas. La segunda Batman Begins del visionario directo Christopher Nolan (Origen, Interestellar), el resurgir del murciélago de DC Comics después de unos cuantos fracasos para el personaje, cinta en la que Watanabe pone cara al mítico Ra’s Al Ghul.

Después de estos dos éxitos compaginaría pequeñas producciones japonesas, como Memories of Tomorrow de Yikihiko Tsutsumi, con grandes películas como Cartas desde Iwo Jima de Clint Eastwood (Mystic River, El francotirador), Shanghai de Mikael Hafström (1408, El rito) o de nuevo a las órdenes de Nolan en Origen. Esta es una constante en la carrera de Watanabe, que no olvida de donde viene, aunque podría haber abandonado el pequeño cine japonés después de sus grandes éxitos hollywoodienses.

Estos últimos años hemos podido ver a Watanabe en el remake de Godzilla de Gareth Edwards (Monsters) o en la última cinta de Gus Van Sant (El indomable Will Hunting, Mi nombre es Harvey Milk) El mar de los árboles. El actor ha decidido rebajar su nivel de trabajo desde que le operaran del estomago, a principios de este año, para que le extirparan un tumor cancerígeno. Una enfermedad que conoce muy bien después de ganar una dura batalla contra la leucemia en 1989.

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