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Aunque su debut en la dirección, Delicias holandesas, allá por 1971 no fue precisamente bien recibido por la crítica, el realizador holandés Paul Verhoeven ha sabido recomponerse y sorprender con cada uno de sus nuevos trabajos. Odiado y amado a partes iguales, Verhoeven consiguió su primer Globo de Oro con Elle, su última película, y ahora preside el jurado del Festival Internacional de Cine de Berlín o Berlinale, el primero de los grandes festivales europeos del año.

Paul Verhoeven descubrió en los números una de sus primeras pasiones. Estudió matemáticas y física en la Universidad de Leiden (Holanda) y, tras graduarse, se unió a la armada de su país. Fue entre las filas del ejército donde empezó a enamorarse del cine, rodando pequeños documentales propagandísticos que le ayudarían para desarrollar una exitosa serie cuando dejó atrás la armada y empezó a trabajar en la televisión neerlandesa. Verhoeven inició con Floris una prometedora carrera.

El director Paul Verhoeven con Isabelle Huppert durante el rodaje de ‘Elle’.

Tras el rotundo éxito de Floris, protagonizada por Rutger Hauer (El rito), que será uno de los rostros habituales en las primeras películas del director, Verhoeven se lanzó a dirigir su primer largometraje. La historia de las dos prostitutas de Delicias holandesas no fue precisamente bien recibida. La crítica la despellejó y al público no le interesó lo más mínimo el salto a la gran pantalla del niño prodigio de la televisión holandesa. Aunque Delicias holandesas no sea una gran película, sí que presenta los elementos que crearán el estilo del realizador.

Con su siguiente largometraje, Delicias turcas (1973), Verhoeven se consagró como uno de los grandes directores europeos con su nominación al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. El erótico romance protagonizado por Rutger Hauer y Monique Van de Ven (Daylight) conquistó a crítica y encandiló al público, lanzando la carrera de Verhoeven directamente al estrellato. Películas como Katty Tippel, Eric, oficial de la reina, Vivir a tope o El cuarto hombre, asentaron la carrera del director en Holanda y llamaron la atención de los ejecutivos de Hollywood que vieron en Verhoeven un talento que podría ser ideal para sus futuros proyectos.

Arnold Schwarzenegger en ‘Desafío Total’, la segunda película de Verhoeven para un estudio americano.

A la conquista de Hollywood

Una de las razones que podrían haber llevado a Verhoeven a abandonar el cine neerlandés y cruzar el Atlántico fue su creciente resentimiento con la industria cinematográfica de su país en particular y de Europa en general. Su cine era visto como un producto extremadamente comercial y el director pensaba que no había obtenido el reconocimiento que merecía. Modestia aparte, la industria cinematográfica estadounidense perfeccionó el estilo de Verhoeven que, ahora, empezaba a dirigir grandes producciones plagadas de efectos especiales, cargadas de violencia y con un enorme presupuesto.

Su primera película para un estudio hollywoodiense fue la historia de un agente de policía asesinado en acto de servicio pero que es “resucitado” en forma de robot. Robocop (1987) encandiló al público y consagró la carrera del director holandés en suelo americano. Aunque Robocop consagró su “nueva” carrera, la fama le llegó de la mano del actor Arnold Schwarzenegger en Desafío total (1990), la película de ciencia ficción basada en una de las distopías del escritor Philip K. Dick (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?).

Michael Douglas y Sharon Stone en el cartel de ‘Instinto básico’, uno de los mayores éxitos de Verhoeven como director.

Su siguiente película marcaría un hito en toda su carrera. Con Instinto básico, Verhoeven rozó la perfección y culminó un estilo propio que venía desarrollando en sus anteriores películas. Seguramente no sea la mejor película de su filmografía pero sí que es una de las grandes producciones de la historia del cine. El thriller-erótico protagonizado por Michael Douglas y Sharon Stone nos dejó un puñado de escenas memorables. ¿O acaso alguien ha olvidado el interrogatorio?

Pero, después de alcanzar la cima (hasta ese momento) de su carrera, Verhoeven recayó en los pecados del pasado con tres cintas a las que es mejor no acercarse. Showgirl, Starship Troopers y El hombre sin sombra son las peores películas del director y tres producciones que es mejor olvidar que alguna vez existieron. En ellas no encontramos nada de lo que venía haciendo Verhoeven. Son sosas, aburridas, infantiles y con un erotismo o una violencia (según toque) carente de sentido. Si con Instinto básico, Verhoeven había tocado el cielo, con estas tres películas descendió a los infiernos.

El resurgir del maestro

Después de sus tres sonados fracasos, Verhoeven volvió a Holanda y se tomó seis años para preparar su siguiente película. El libro negro (2006) es una historia de la Segunda Guerra Mundial protagonizada por Carice van Houten (la Sacerdotisa Roja de Juego de tronos) y con la que Verhoeven resurgió de sus cenizas cuando nadie confiaba en que fuera capaz de volver a hacerlo. La crítica adoró El libro negro y el público se dejó conquistar por un potente drama bélico plagado de intriga y de magia, magistralmente rodado, que le debe mucho a su actriz protagonista.

Carice Van Houten en «El libro negro», la obra maestra de Verhoeven.

El problema de El libro negro es que ha sido injustamente olvidada. El tiempo no ha tratado bien a la que es, sin duda, la obra maestra de Verhoeven y una de las mejores películas de todos los tiempos.

Diez años después del estreno de El libro negro llegó Elle, la última película del cineasta. Una perturbadora historia con la que es imposible permanecer indiferente y que sostiene la actriz Isabelle Huppert (La desaparición de Eleanor Rigby) con una interpretación que, si bien no es la mejor de su carrera, es lo mejor de toda la película. Con Elle, Verhoeven parece volver a dejarse arrastrar por los fantasmas del pasado pero después de El libro negro era difícil que su nueva película estuviese a la altura de un cineasta que desborda talento (cuando quiere). Ahora solo queda esperar a ver con qué nos sorprenderá Verhoeven.

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