Hace poco más de un año se estrenó, a nivel mundial, Horace and Pete. En España tuvo poca repercusión, tal vez fuese porque Louis C.K. -su creador, director, productor y principal protagonista- la sacó a la luz directamente en su página web, sin previo aviso y sin el apoyo de ninguna productora televisiva. De forma autónoma se encargó de llevar el proyecto adelante, para después ponerlo a la venta en su web a cinco dólares el primer capítulo, dos el segundo y tres dólares los ocho restantes -ahora cuesta 31 dólares la serie completa, diez capítulos en total-. El cómico estadounidense se decidió por este formato de distribución que parece nuevo pero que para él no lo es, pues cuelga todos sus espectáculos de humor en dicha web para que sus seguidores puedan comprarlos y disfrutarlos a un módico precio.

Horace and Pete cuenta la historia de un bar, de las personas que lo regentan y su relación con los clientes. El bar, situado en Brooklyn, posee un cierto aspecto oscuro, cutre y desmejorado, como de antiguo esplendor venido a menos por el paso inquebrantable del tiempo. Y en cierto modo es así, porque lleva en el mismo lugar del barrio neoyorquino desde 1916. El local fue fundado por un tal Horace con la ayuda de su primo Pete, y el legado del establecimiento se ha ido pasando de hijo a hijo con el transcurso de los años. Ahora, en 2016, la tercera generación de Horace (Louis C.K.) y Pete (Steve Buscemi) se encarga de llevar un lugar ya emblemático para el barrio por su longevidad.

El placer de la libertad

Alejado de las grandes productoras, de las webs de streaming como Netflix o Amazon o de cualquier otro medio que le proporcionase dinero, apoyo y publicidad, Louis C.K. filmó esta serie con absoluta independencia. Hizo lo que quiso y como quiso. Por ejemplo, el primer capítulo dura 67 minutos y el cuarto apenas 30. Es lo interesante y a la vez lo llamativo de esta serie: no hay absolutamente nada que se parezca a lo establecido.

Las interpretaciones son también de mención. Y la de Alan Alda seguramente sea la mejor de todas. El veterano actor -80 años ya para un hombre que ha protagonizado películas como Delitos y faltas– está sublime interpretando a Pete, el tío de los Horace y Pete que ahora dirigen el bar. Alda tiene escenas y diálogos perfectos, de esos que te hacen darle al pause y retroceder el capítulo unos minutos para asimilar correctamente lo que acabas de ver. El trabajo de Steve Buscemi es también genial, cosa que no es de extrañar, pues es un hombre que siempre consigue darle algo más a los papeles que interpreta. En este caso Buscemi hace del otro Pete -del menor, del sobrino del Tío Pete-, que ahora regenta el establecimiento junto a su hermano Horace (Louis C.K.).

Horace and Pete
Alan Alda interpreta al Tío Pete

Otro punto curioso de la serie es que, según se suceden los capítulos, vamos teniendo la impresión de que estamos ante una obra de teatro más que una serie de televisión. El bar es la escena principal, donde todas las acciones empiezan y acaban, y es en este lugar donde los personajes van desarrollándose, mientras nosotros los vemos entrar y salir del local como si aquel lugar se tratase de una cueva remota y ajena al mundo exterior.

Del humor al drama en un solo paso

Louis C.K. es un cómico reconocido en Estados Unidos, algunos incluso dicen que es el mejor. Además de su stand-up comedy, C.K. dirigió y protagonizó Louie unos años atrás. Louie es una comedia autobiográfica que pretende narrar la vida de un humorista divorciado, cuarentón y con dos hijas en Manhattan. Sin embargo Horace and Pete es algo radicalmente distinto, C.K. deja atrás la comedia amarga que caracterizó Louie para adentrarse en el drama, la tristeza y la soledad. Siempre resulta interesante cómo un humorista muta de la gracia y el chiste constante hacia algo más dramático, más profundo. El caso más claro de esta «evolución» es, obviamente, Woody Allen, que con el tiempo pasó de grabar Bananas –una comedia totalmente blanca- a dirigir Match Point, un drama de lo más brutal.

Al fin y al cabo el bar no es más que un lugar que sirve como excusa para lo que C.K. nos quiere mostrar: una sociedad confundida, que no tiene muy claro lo que quiere, que no sabe muy bien cómo enfrentarse a todos los problemas que asolan al mundo actual. La política, el ascenso de Donald Trump, el racismo, la distancia entre lo antiguo y lo moderno, el aborto o la transexualidad son algunos de las ideas que se debaten en este local que se asemeja más a un grupo de terapia que a cualquier otra cosa.

Horace and Pete
Horace (C.K) y Pete (Buscemi) regentan el centenario bar neoyorquino

Horace and Pete es una serie un tanto indie, por su modo de distribución y por su temática en sí, pero la creación de Louis C.K. no deja de ser una pequeña joya altamente recomendable. Todo lo que vamos viendo está impregnado de un cierto matiz melancólico y triste, acentuado además por la magnífica música de Paul Simon, que abre y cierra cada episodio.

Una frase del segundo capítulo define, en mi opinión, perfectamente la serie. La dice uno de los clientes del bar en respuesta a una conversación surrealista sobre Bambi, el Holocausto y sobre cómo y cuándo llorar según qué situaciones. El hombre, postrado en la barra con una copa en la mano, concluye la escena con una sentencia que casi obliga a uno a parar todo y dedicar esa misma tarde a replantearse un par de cosas: «Es triste que sea tan difícil mostrar tus sentimientos cuando realmente quieres».

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