Roma llega a Madrid de la mano de ‘Marco Aurelio’, una obra teatral representada en el pasado Festival de Mérida y que se despide de las tablas madrileñas plasmándonos una obra llena de filosofía. Situarse frente al escenario del Teatro Bellas Artes es volver al teatro clásico. Cuatro columnas en un espacio amplio y austero nos ofrece el marco en el que se va a mover la historia. La obra empieza fuerte, con un número coreográfico a ritmo de percusión que da fuerza a la escena. Los movimientos secos y lineales forman el preludio de un hombre arraigado a la tierra, con poder y fuerza, cuya mente reflexiona en su camino hacia la muerte.

Inicio de la obra ‘Marco Aurelio’

Marco Aurelio (Vicente Cuesta), marcado por un imperio de guerras, vive sus últimos días de vida llenos de sabiduría. Las reflexiones que lleva a cabo entre la vida y la muerte tocan temas tan importantes como la fugacidad del tiempo, los límites del ser humano o el significado del poder. La ambición de los poderosos llevan a una irracionalidad imposible de lidiar con la paz y el equilibrio. En sus últimos días, Marco Aurelio muestra un recorrido íntimo desde la razón acerca de la vida y de las polémicas que ha podido causar su gobierno, como la persecución del cristianismo que se llevó a cabo bajo su reinado.

El texto y las interpretaciones se mueven bajo una iluminación delicada y muy cuidada, llenando de belleza y clasicismo a la obra. Cada escena rompe con un juego de transiciones coreográficas que anuncian la escena siguiente, como si cada paso e instrumento que suena presentara un nuevo capítulo en el diario de Marco Aurelio. El autor, Agustín Muñoz Sanz, construye un texto a partir de los últimos días de Marco Aurelio. Se nota la dificultad de cuidar el vocabulario y de buscar una adaptación al clasicismo que esta obra conlleva. Sus palabras dan peso y forma a la obra, caracterizando así a los personajes llenos de poesía y razón.

El resultado final es la sensación de una obra muy medida y cuidada. Los movimientos, las palabras y la música se entrelazan de tal manera que el conjunto de la obra nos lleva a una armonía depurada en todos los elementos. Por lo tanto, si todos los caminos llevan a Roma, la dramaturgia de Muñoz Sanz también, porque sin duda me he sentido en ella.

[Teatro] Marco Aurelio: una inmersión en los últimos días del emperador
Texto7.5
Puesta en escena8
Reparto8
7.8Nota Final

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