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Al torbellino de estrenos que parece estar acumulando Netflix durante los últimos meses, con la ya mediática 13 Reasons Why convertida en todo un tema de discusión masiva en redes sociales y habiendo conseguido visibilizar su necesaria denuncia social, la última integrante del universo Marvel televisivo, Iron Fist, lista para dar paso a la esperada Los Defensores, y la más reciente Las chicas del cable, primera serie de la compañía americana producida enteramente en España tras su desembarco nacional hace ya casi año y medio, se les suman una serie de estrenos cinematográficos propios que parecen pasar desapercibidos entre los usuarios, quizás por la poca visibilidad que aún les da la plataforma en comparación con sus productos estrella, las series. Para comenzar nos centraremos hoy en una de las propuestas más recientes y llamativas, The Discovery.

La cinta de ciencia ficción, dirigida por Charlie McDowell, nos plantea una premisa más que interesante a simple vista. El científico Thomas Harbor (Robert Redford) afirma haber encontrado la prueba definitiva de que existe vida más allá de la muerte. Lo que nadie, o al menos él, parecía esperar es que al hacerlo público en una entrevista televisiva, la situación se le iría de las manos tan rápidamente, cuando uno de los propios trabajadores de la cadena inicia en directo una crisis a nivel mundial con su propia muerte. Los ciudadanos le siguen en masa con el único objetivo de llegar y conocer ese más allá que el doctor asegura haber descubierto, provocando un aumento masivo de las tasas de suicidio. Al encuentro del científico acude su hijo Will (Jason Segel), bastante más cauto y desconfiado ante el eufórico descubrimiento. En su camino hacia la isla donde trabaja su padre se cruza con la única tripulante del ferry que le transporta, una joven rubia platino llamada Isla (Rooney Mara), quien le acompañará durante el resto del metraje. Ya en tierra conocemos al resto de secundarios que rodean al científico en esa casa con aires de secta religiosa en su búsqueda efectiva para probar el citado descubrimiento, entre los que destaca el personaje interpretado por Riley Keough.

the discovery

Hasta aquí todo bien. La premisa más que asentada, los personajes presentados, las subtramas iniciadas y la necesaria intriga presente en el espectador. El problema llega cuando la película se olvida de todo ello, para únicamente tratar de avanzar mediante el romance entre los personajes de Jason Segel y Rooney Mara, quienes mientras continúan su investigación sobre el descubrimiento, no hacen más que sembrar nuevas preguntas, sin dar ninguna respuesta. Al guion del propio Charlie McDowell y Justin Lader, le deja de interesar ese más allá que prometía plantear antes de tiempo, esquinándose por minutos hacia el desarrollo personal de Jason Segel y especialmente de una Rooney Mara con algún que otro trauma a sus espaldas. Un desvío de la ciencia ficción al drama que bien controlado y apoyado sobre la premisa inicial no tiene por qué ser malo. Pero, al contrario de que hicieran otras películas como por ejemplo La Llegada este mismo año, el peso humano no consigue llegar a ser suficiente para formar una serie de tramas en torno a ese planteamiento inicial haciéndolo, sin embargo, con momentos tan variopintos y estrafalarios como un robo hospitalario con cadáver de por medio.

La sensación que deja la película es la de un guión repleto de premisas que podrían haber funcionado cada una de ellas independientemente, dando forma a varias películas, más que interesantes de manera individual, pero que mezcladas en esta sola no hacen más que dar bandazos de un lado a otro. Un «soltamos a los lobos para que peleen y al que gane nos lo quedamos» que no le hace ningún favor a la historia. Incluso el propio final de la película, quizás hasta un gran desenlace de no haber sido por todo lo anterior, plantea un giro tan interesante que, efectivamente, te deja con la miel en los labios y preguntándote: ¿Por qué la premisa inicial no fue esta, aún encajando mucho más en el drama humano que tanto parece interesar a los guionistas a mitad de la cinta?

A pesar de todo, es cuanto menos sorprendente que el reparto saque la película a flote de manera brillante, a excepción de un Robert Redford que tras la brutal escena inicial del suicidio televisivo parece perderse y poner el piloto automático que tanto les gusta a esos actores ya mayores con toda una carrera a sus espaldas y nada que demostrar a los espectadores. Y cuando terminan de rodar, hacen el egipcio para recoger los billetes, que ahí si que saben aparecer. Sí que es de destacar el trabajo de un Jason Segel capaz de demostrar bastante más de lo que cualquiera esperaría tras verlo en alguno de sus ya conocidos papeles de comedia, dando vida esta vez a un personaje reflexivo, pausado y mucho más maduro. Como era de esperar, la guinda del pastel la pone Rooney Mara en la piel de uno de esos personajes repletos de pasado, desgastes emocionales y miradas tristes que tan bien le sientan y que parece seguir buscando constantemente en el cine menos comercial, acudiendo a las cámaras de directores jóvenes (la veremos una vez más de la mano de David Lowery en Ghost Story y con quien ya trabajara en su ópera prima Ain’t Them Bodies Saints, a la vez que asienta su hueco entre las favoritas de directores de la talla de David Fincher (genial tanto en su pequeño papel de La Red Social como en el rol de Lisbeth Salander), Spike Jonze, Todd Haynes o Terrence Malick, con quien estrenará próximamente Song to Song.

the discovery

Visualmente la película mantiene unos tonos grisáceos y azulados que le sientan como anillo al dedo a ese aire de pesimismo y desgana que inundan la cinta, todo ello liderado por Sturla Brandt Grøvlen indudablemente correcto en su labor. Un director de fotografía que poco a poco va creciendo, acumulando pequeños filmes entre los que destaca la alemana Victoria, película que se hiciera con múltiples premios en su país tras pasar por festivales de medio mundo, rodada en un plano secuencia de más de dos horas y con la española Laia Costa al frente de su reparto.

En definitiva, una buena apuesta de Netflix que no les ha terminado de salir bien pero que abre un más que interesante camino en la plataforma para esas cintas de ciencia ficción menos saturadas de efectos especiales y repletas de preguntas interesantes con las que tratar de convencer al espectador para su visionado entre los cientos de series que predominan en su catálogo.

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