La vida está llena de despedidas

El cine sabe cómo conmovernos con esos momentos en los que decimos, o nos dicen, adiós. Siempre existe ese nudo en la garganta, esa huella que la persona deja en nuestra vida y esa nostalgia por saber que los momentos vividos ya son parte del recuerdo. Y los recuerdos, alegres o tristes, tienen la virtud de mostrarnos lo que podemos aprender o reaprender tras cada despedida. ¿Te atreves a decir adiós? ¡Pues sube, que te llevo!

1. Candilejas

Film dirigido por Charles Chaplin donde nos presenta el final artístico del viejo cómico Calvero. Tras toda una vida dedicada al espectáculo, su tiempo ha pasado y debe hacer las maletas y dejar los escenarios donde tantas risas ha creado. Además, vemos cómo transmite sus enseñanzas a una joven bailarina que simboliza el relevo generacional. La película está llena de secuencias de una ternura desgarradora, culminando con el apagón de los focos que dejan sumido en las sombras a Calvero. Allá donde un día brilló, queda la esencia y la huella de su entrañable adiós artístico.

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2. E.T., el extraterrestre

Cuenta la historia de un joven extraterrestre que pierde su nave espacial. Mientras permanezca en la Tierra, trabará una entrañable amistad con Elliot, que se encargará de intentar contactar con el planeta de E.T., para que vuelvan a buscarlo. La despedida que nos brindan ambos personajes es espectacular. La banda sonora, las lágrimas contenidas de Elliot, el abrazo frente a las luces de la nave, la frágil palabra: “Quédate”, y el dedo iluminado de E.T. diciéndole a Elliot: “Estaré aquí mismo”, mientras le señala la cabeza, nos permiten sentir la belleza de las despedidas llenas de amor y amistad. Sin duda, estamos ante un adiós de los que nos dejan sin pañuelos.

3. Blade Runner

Los Replicantes son robots idénticos a los hombres que han sido desterrados debido a una rebelión. No obstante, cuatro de ellos logran escapar. Desde ese momento, serán perseguidos por los policías Blade Runner. El final demuestra que toda vida, natural o artificial, tiene algún tipo de sensibilidad. En las palabras del replicante, cubierto de sangre bajo la lluvia, intuimos no solo la profunda belleza de la vida, sino también la perpetuidad de la misma más allá de la propia muerte. Como dice Batty: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhaüser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. Sin duda, una de las mejores despedidas del mundo creado por Philip K. Dick y dirigido por Ridley Scott.

4. La vida es bella

¿Quién no recuerda a Guido simulando ser una marioneta mientras camina entre dos fascistas que le conducen a la muerte ante la inocente y juguetona mirada de su hijo? La película muestra en todo momento el amor de un padre hacia su hijo, así como la entrega total de éste para evitarle el sufrimiento, haciéndole creer que todo es un juego. Guido es capaz de lograrlo hasta su último aliento, en una despedida que desborda la tragedia en la sonrisa de un padre que se despide para siempre de su hijo. Pero no todo termina aquí, ya que Roberto Benigni es capaz de rematarnos con esa excelente banda sonora y el grito de Giosuè cuando al fin se reencuentra con su madre: “Hemos ganado”. Sí, Giosuè, hemos ganado, en cada despedida ganamos y perdemos. ¡C’est la vie!

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5. Esplendor en la hierba

Elia Kazan dirige a Natalie Wood y Warren Beatty, dos jóvenes enamorados que, debido a las presiones sociales y parentales, se ven abocados a romper su relación. El dolor, el amor correspondido incapaz de ser valiente, el desamor y la ausencia, marcan a estos personajes en una de las despedidas más hermosas y dolorosas del cine. La voz en off del personaje interpretado por Natalie Wood es la encargada de regalarnos los versos del poeta William Wordsworth, encerrados en ése tipo de adiós que queda grabado a fuego en el alma: “Aunque ya nada pueda devolver la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, no hay que afligirse, porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo”.

Toda despedida es un comienzo, aunque se nos parta el alma por los afectos que no supimos llevar a buen puerto, o por todas las risas y los buenos momentos dejados atrás, como fotogramas congelados en la memoria. Ahí está el cine, de nuevo, para enseñarnos que tras el: ¡Corten!, quizás exista la posibilidad de encender de nuevo las luces y gritar: ¡Acción!, ¡repetimos!, ¡toma 2!, porque allá donde se apaguen los focos, un travelling nos llevará a una nueva secuencia en construcción. ¡Adiós, se ha dicho!

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