Si de algo es capaz el cine es de provocar una reacción en el público, y cuando el pueblo se enfrenta a un período de guerra, la manera en que se usa ese poder de influencia resulta un motivo más de debate, especialmente para aquellos que se sitúan detrás de la cámara, los encargados de convertir las palabras en imágenes; y para aquellos que desean usarlo en su propio beneficio como propaganda política. Para mostrárnoslo llega a las carteleras Su mejor historia, la última obra de la cineasta danesa Lone Scherfig, autora entre otras de la aclamada cinta británica An Education, triplemente nominada a los premios Oscars en el 2010.
En esta ocasión, la directora se rodea de un reparto mayoritariamente británico para traernos la historia de Catrin Cole (Gemma Arterton), una secretaria convertida en guionista de pequeñas películas propagandísticas durante la guerra (labor heredada de aquellos hombres cuya presencia era ahora requerida en el frente) que se ve metida de lleno en una producción cinematográfica de la mano de Tom Buckley (Sam Claflin), un guionista que confía en ella para ayudarle a realizar el guion de la película, y Ambrose Hilliard (Bill Nighy), un veterano actor que debe aceptar que sus días como protagonista en el cine han llegado a su fin.
Lo que en principio puede parecer una película más con el metacine como contexto, se convierte en una más que notable cinta al añadir la constante amenaza del bombardeo a Londres por parte de la Alemania nazi de fondo durante más de cincuenta noches consecutivas. Un drama real que funciona de maravilla como recordatorio para la audiencia de que en tiempos de guerra nada se puede dar por seguro, formando una perfecta amenaza en la que no sabes cuándo va a llegar la catástrofe, pero sabes que de alguna manera, cuando lo haga, va a arrasar con todo. Mención especial a una Gemma Arterton que brilla como nunca, demostrando que tiene capacidad de sobra para echarse un drama a las espaldas, desde el primer hasta el último minuto.
Uno de los aciertos de la película es no quedarse anclada tras ese drama que supone la incertidumbre de los bombardeos diarios y la guerra de fondo, dejándolos olvidados hasta los momentos importantes de la cinta, y aprovechando el resto para mostrar un lado cómico y mucho más liviano mediante el desarrollo de la película por parte de los protagonistas, desde cómo escriben el guión hasta el propio rodaje de la película; algo más que agradecido para el espectador. A día de hoy, no resulta sorprendente el saber que casi en cualquier aspecto que conlleve beneficio económico para grandes grupos de personas, los hilos que se mueven por detrás son cuantiosos. El cine no va a ser menos. La cinta no deja esto de lado, aprovechando para mostrarnos los muchos contratiempos a los que nuestros protagonistas se ven expuestos, desde imposiciones por parte de figuras políticas para tratar de arañar un mayor beneficio económico en ciertos países, hasta las constantes negaciones a las que se ve sometida la protagonista en su empeño por desarrollar dos personajes femeninos tridimensionales y capaces de hacer las cosas por sí mismas, sin ser un estereotipo más de la acompañante femenina del héroe. Si parece complicado incluso a día de hoy, nos cuesta imaginar lo que sería defender dichas decisiones artísticas en plenos años años 30-40, frente a un grupo de productores mayoritariamente masculinos, siendo una guionista novata y con una audiencia criada con películas donde el único capaz de salvar el día es el héroe, para posteriormente llevarse a la chica a casa como premio.
Hay quien dice que la historia la escriben los vencedores, y efectivamente, es muy probable que así sea, pero de lo que pocas personas parecen percatarse e interesarse con el paso de los años son aquellas historias creadas al mismo tiempo que los grandes acontecimientos históricos. El cine para el pueblo como medio de distracción de los horrores de la guerra. Si una película, libro, canción o cualquier otro tipo de obra artística tiene repercusión en el público, en tiempos difíciles, todo se agranda. Lo que un día normal puede ser una película que entretiene dos horas, en tiempos de incertidumbre tales como la Segunda Guerra Mundial puede ser una película que te alegra el día, la semana o hasta el mes.
Es fácil convertir el arte en un mero entretenimiento de usar y tirar, y no es ninguna vergüenza el hacerlo, sobre todo cuando se concibe desde el principio como tal, pero hay momentos y etapas en los que el arte no se puede reducir a eso. El cine, como el arte más novedoso (aunque nos parezca un mundo, tiene poco más de cien años) y más avanzado del siglo XX, ha tenido la suerte (o la desgracia) de haberse convertido en el entretenimiento de millones de personas durante dos de las etapas más dramáticas de la historia: las dos guerras mundiales. Como tal, es de suponer que los efectos y consecuencias de estas se verían representados en él cientos de veces. Pero en este caso, de lo que se nos hace partícipes no es de los horrores de la guerra, sino de la manera en que aquellos que se encargan de hacer el cine deciden ejercer ese poder de influencia que al principio mencionábamos, casi sin darse cuenta, para crear esperanza en un pueblo deprimido y sumido en las desgracias. La postura del creador frente a sus obras y la manera en que estas afectan al público.
Lo que normalmente no suele llamar la atención del séptimo arte, el análisis del propio arte, dejándose más para obras literarias o incluso para esto mismo que estás leyendo, una simple crítica de cine, Su mejor historia lo convierte en una de las mejores escenas de la película. Una simple guionista, inconsciente de la repercusión de su historia, sentada en medio de la sala como cualquiera de nosotros, dándose cuenta que lo que comenzaron siendo simples ideas en su cabeza, ahora son imágenes grabadas a fuego en la retina de cientos de personas. El cine rechazando ser simple propaganda para convertirse en esperanza, y la persona que lo hizo posible, dándose cuenta de que a pesar de todo el drama que la rodea, efectivamente, siempre hay razón para seguir adelante.
En definitiva, una película que bajo la etiqueta de entretenimiento de calidad para toda la familia, con sus dosis de drama histórico, romance y comedia; esconde una más que atractiva reflexión sobre el papel del cine como medio expresivo.
Director: Lone Scherfig
Reparto: Gemma Arterton, Sam Claflin, Jack Huston, Bill Nighy, Jake Lacy, Paul Ritter, Rachael Stirling, Richard E. Grant, etc.
Fecha de estreno: 14 de julio.








