En la mayoría de los festivales de cine, salvo los especializados, el género predominante es el drama. Dramas familiares, dramas humanos o dramas sociales; parece que la gente prefiere ver historias serias, emotivas y con calado. Al igual que en los premios importantes, como los Oscar, el resto de géneros son minoritarios y eso puede hacer que algún día como hoy, todo sean dramas en la pantalla.

Wonderstruck, maravillas poco acertadas

El director de I’m not there nos trae una historia con tintes de fábula, de niños perdidos y fascinación por los museos. Haciendo una película casi muda (aprovechando que los dos protagonistas son sordos) Wonderstruck nos cuenta dos historias paralelas de dos niños que deciden huir de su casa, cada historia con 50 años de diferencia. Todd Haynes adapta una novela de Brian Selznick pero esta vez con menos tino que Martin Scorsese con La invención de Hugo, historia que además guarda ciertos paralelismos.

Una historia muy emotiva pero que no termina de transmitir mucho. En el apartado positivo destacar la música omnipresente en esta película que ayuda mucho a encarrilar la historia y también el diseño de producción, muy cuidado tanto en el aspecto visual conseguido en las escenas ambientadas en el pasado como con las geniales secuencias de maquetas del tercer acto. Lamentablemente es en ese acto donde la historia se desinfla por completo, mostrando unas preocupantes lagunas y giros innecesarios y estúpidos, que no me quedan muy claro si han sido debidos a un mal montaje o o una mala adaptación.

Marrowbone, convencional pero cuidada

Un monstruo viene a verme fue la sensación del año pasado. Mediaset la trajo al festival y aunque aquí no levantó mucho revuelo, el éxito de taquilla fue arrollador. Este año, sin invertir tantísimo en promoción igualmente ha traído una de las películas de las que más se ha oído hablar en el festival. Marrowbone (inexplicablemente llamada El secreto de Marrowbone en España) es una producción 100% española y rodada en Asturias, pero con un reparto internacional y unas miras más puestas en el extranjero. Una familia se refugia en una vieja casa de la costa americana. Vienen desde muy lejos y cargan con un terrible secreto, que les perseguirá tanto como la extraña presencia que habita en la tétrica finca Marrowbone.

Para ser el primer largometraje de Sergio G. Sánchez las apuestas estaban demasiado altas. Muchos sólo se han quedado con los eslóganes publicitarios y han puesto el listón muy arriba. Del escrito de El Orfanato, Palmeras en la nieve o Lo Imposible. Producida por J.A. Bayona. En Marrowbone, Sánchez no hace mal trabajo, pero sus referencias han hecho que las críticas hayan sido inmisericordes. La película nos cuenta una historia con tintes de terror muy correcta pero cae en clichés habituales en el género. La ambientación y la tensión está bien construida pero lamentablemente en la parte final la historia cae en ciertos momentos de risa involuntaria que la crítica no ha dejado pasar.

 

Morir, viviendo con dolor

La ingente cantidad de chistes fáciles con el título de la película nos entretuvo durante toda la fila del cine y nos animó lo suficiente para no irnos a la cama deprimidos después. Después de haber traído La herida al festival (y ganar la Concha de Plata a la Mejor Actriz, Premio del público y otros 9 premios más por todo el mundo) Fernando Franco regresa con otro drama humano, Morir. La película nos habla del sufrimiento de una mujer al conocer que su marido tiene una enfermedad terminal y que el tiempo que le queda es limitado.

Personalmente, este tipo de cine que busca revolverte con una historia cruda y visceral, mediante el uso de un realismo brutal no es santo de mi devoción. Más allá del tema o argumento de Morir, puedo valorar muy positivamente el trabajo de los actores fetiche de Franco, Marian Álvarez y Andrés Gertrúdix que impresionan con su actuación desde el primer minuto. El director también maneja la cámara con mucha habilidad, contando una historia terrible desde un punto de vista donde el enfermo no es el protagonista, sino el motivo de conflicto.

Mother! Shitting bricks

Las entrevistas se llevaron casi todo el día, las fotografías otro trecho y los visionados previos para futuras entrevistas el resto. Pero en San Sebastián siempre hay tiempo para ir al cine principal a disfrutar un poco. En este caso nos tocaba ver la que posiblemente era la película que más polémica traía al Zinemaldía, Mother! de Darren Aronofsky. La mejor o la peor de su filmografía, increíble o pretenciosa, desde luego que la película no estaba dejando indiferente a nadie. Esta vez voy a coincidir con el director que contar de que qué va Mother arruinaría del todo el disfrutar de la misma pero si que añadiré que a mi me ha resultado una experiencia muy gratificante.

Una vez la película termina y el polvo se asienta, comenzamos a hablar. A pesar de lo complejo del argumento la impresión general parece bastante clara. Quizás el problema está en ver la imagen completa pero empezamos a formular. Poco a poco nos vamos dando cuenta de detalles, guiñitos y misterios de la película. Aronofsky juega con el espectador haciéndole creer hasta el final que está jugando a una cosa para acto seguido cambiarlo por completo. Tras una escalada cada vez mas grande de momentos WTF, el director te zarandea una vez más y te deja hecho un guiñapo en el sueño.

Ahora te toca a ti pensar acerca de lo ocurrido.

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