Empezamos, SEFF17

Llegó el ansiado día en Sevilla. La capital andaluza se ha vestido de gala por decimocuarta vez para acoger al mejor cine europeo. Para abrir el Festival de Cine Europeo se nos han presentado películas tan diversas como Tierra Firme, encargada de inaugurar oficialmente el festival y la sección oficial; Bajo la piel de Lobo, una de las proyecciones pertenecientes a la sección oficial fuera de concurso; Jupiter’s Moon, la gran sensación (y ganadora) del último festival de Sitges; y la esperadísima The Square, la más reciente Palma del Oro del Festival de Cannes. Un primer día que, sobre el papel, prometía grandes películas pero que finalmente se ha tornado en un día, cuanto menos irregular.

Tierra Firme: la confirmación de Marqués-Marcet.

Tras desembarcar en el Festival de Cine Europeo con 10.000 Km, una película que jugaba con las relaciones a distancia, Carlos Marqués-Marcet vuelve a Sevilla para dar el pistoletazo oficial de salida a su segunda obra, Tierra Firme. Si algo consigue en esta es su confirmación como director, es el perfecto equilibrio de la comedia y el drama. Eva (Oona Chaplin), una joven que vive junto a Kat (Natalia Tena) en un pequeño barco por los canales de Londres, decide que quiere ser madre. Para ello necesitará la ayuda de Roger (David Verdaguer), un viejo amigo de la pareja que acaba de llegar a la ciudad desde Barcelona. Marqués-Marcet llena el film de planos secuencia, a la vez que se permite usar los primeros planos de la forma más dramática y humana posible. A destacar también su uso del humor más ácido posible en los momentos clave de la película.

Lo que empieza con escenas de comedia pura donde brilla la fascinante naturalidad y química entre Verdaguer y Tena, termina tornando al drama más duro de la mano de una Oona Chaplin cuya actuación se convierte de buenas a primeras en la auténtica sensación de la película, dando vida al personaje más redondo de la misma. La madre de esta, en la vida y en la ficción, Geraldine Chaplin, hacía referencia en cierto momento del metraje a «el inherente problema de las expectativas» . Y quizás sea esa la clave para comprender los lugares por los que quiere transitar el director catalán, convirtiendo esta película en un retrato perfecto de esas expectativas vitales que todos tenemos, y del momento en que nos damos cuenta de que quizás la gente que nos rodea no comparta dichas expectativas, por lo que si de verdad se desea cumplirlas, la única opción es seguir tu voluntad, sin tomar prisioneros por el camino. Y es en ese momento donde Tierra Firme pasa de ser una mera comedia sobre el acto de madurar a quedarse con el espectador durante mucho tiempo después de abandonar la sala. En definitiva, Carlos Marqués-Marcet nos vuelve a demostrar que junto a sus actores de confianza es capaz de crear un ecosistema propio donde narrar los temás más humanos, e incluso por momentos dolorosos, de la manera más ácida y humorística.

Bajo la piel de Lobo: el fallido intento de El Renacido a la española.

Ya estaba tardando alguien externo a Hollywood en tratar de imitar, o al menos recordar enormemente, a El Renacido, una de las grandes sensaciones de los últimos años, y película que le diera el ansiado Oscar a Leonardo DiCaprio. El problema viene cuando para intentarlo se coge a un Mario Casas exageradamente rudo en el aspecto físico y sin la capacidad suficiente como para hacerte olvidar que lo que estás viendo, en mayor o menor medida, ya lo has visto antes. Y mucho mejor. Sin embargo, es de alabar que actores del nivel de Mario Casas, quizás de lo más parecido a las estrellas adolescentes que hayamos tenido en nuestro país, decidan apostar por un cine diferente, visual y mucho más arriesgado de cara al público, cosa que aún seguimos esperando de toda una generación televisiva anclada en las comedias adolescentes.

Pese a esto, no todo falla en la película. Como viene siendo habitual por su parte en los últimos dos o tres años, Irene Escolar consigue brillar en cada una de sus apariciones en pantalla. Es en sus escenas cuando Bajo la piel de Lobo consigue crecer de manera descomunal, apoyándose en su expresividad y contención frente a la brusquedad y exageración en los gestos del personaje protagonista, que como parece querer plantear la película termina teniendo más de animal que de humano. Poco queda ya en Irene Escolar de esa actriz revelación que se hiciera con el Goya hace dos años, habiéndose colocado por méritos propios como una de las grandes actrices de nuestro país. El otro gran acierto de la cinta es su aspecto visual, que pese a la enorme y mencionada similitud con la película norteamericana en más de un plano, consigue reflejar esos paisajes montañosos repletos de nieve con una belleza cuanto menos destacable. Habrá que ver cómo decide continuar su carrera Samu Fuentes, director novel en esta cinta, y sobre todo, si lo hace de la mano de actores de este reconocimiento.

Jupiter’s Moon: algo más que refugiados.

La cinta húngara llegaba a Sevilla con el reclamo de haberse convertido en una de las grandes sensaciones europeas de este año, estrenándose en el pasado Festival de Cannes y llegando a conseguir el premio a mejor película en el Festival de Sitges. Por si era poco, Kornél Mundruczó venía de despuntar con su anterior trabajo, una White God que también se paseó por Sevilla hace ya tres años. Y como se esperaba, Jupiter’s Moon no defraudó.

La cinta, que pone su punto de mira en el conflicto de los refugiados desde un aspecto algo menos convencional y mucho más fantástico de lo habitual, deja claro desde los primeros planos su posicionamiento, explicando aquello a lo que hace referencia el título de la película, y que será clave para entender su visión del conflicto. Una de las cuatro grandes lunas del planeta Júpiter se llama Europa. Poco hay que hilar para darnos cuenta de que este relato sobre refugiados, al fin y al cabo es un retrato sobre el presente de nuestro propio continente. Rodado con toques de fantasía y acción desbordante, persecución de coches incluida, sí. Pero sin dejar atrás su clara intención, convertir un drama tan devastador y silenciado de nuestra Europa más reciente, en un pequeño pero ambicioso canto de esperanza para todos aquellos envueltos en el conflicto. Visualmente, la película funciona como un auténtico tiro, aprovechando la fantasía superheróica para deslumbrar con grandes planos, además de convertir, por momentos, un espacio totalmente gris en un estallido de colores, de día y de noche. Una película, que al igual que su último plano, nos invita a abrir los ojos, dejando de convertir un conflicto humanitario en una suma numérica.

The Square: la Palma de Oro que no consiguió brillar en Sevilla.

Con Ruben Östlund llegó la primera gran decepción a esta decimocuarta edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Reclamada y esperada por el público, la última Palma de Oro en el Festival de Cannes, prometía brillar en el sur de España. Pero pese a grandiosos destellos en su vertiente más cómica, The Square no consigue convencer. Con momentos enormes, traídos en su mayoría de la mano de una Elisabeth Moss en estado de gracia, Östlund declina la opción de explorar esos conflictos artísticos y de relaciones, optando por lanzarse al drama y la crítica social de la mano de una trama que en cualquier otra película habría sido secundaria.

Quizás sea ese aspecto el que le cosechase tanto éxito de crítica en su paso por una Cannes bastante inclinada en los últimos años a premiar dramas sobre las diferencias entre clases sociales, pero resulta descorazonador que una película que regala momentos de comedia negra tan ingeniosos como esta, opte llegado el momento por olvidarse de ellos completamente. Viene a la cabeza Toni Erdmann, película que pasase por este mismo festival el pasado año, y que al contrario que The Square, no se cortó lo más mínimo en explorar los aspectos más surrealistas y cómicos a la vez que desarrollaba el drama, apoyados por un reparto excelente. Y es ese desaprovechamiento el que termina por hundir a The Square, dejando una vez más con un ejemplo perfecto de tráiler que convence y película que decepciona. Nos quedamos sin ver una Palma de Oro verdaderamente reluciente en Sevilla, un año más.

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