Tras su paso por la decimocuarta edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde tuvo el privilegio de abrir el certámen además de hacerse con el premio ASECAN (Asociación de escritores cinematográficos de Andalucía) a la mejor película de la Sección Oficial; el reciente estreno en España de Tierra Firme, limitado durante su primer fin de semana a tan solo 40 salas a nivel nacional al no estar bajo el manto de ninguna de las grandes distribuidoras de nuestro país, ha conseguido recaudar casi 30.000€, acumulando algo más de 4.000 espectadores.

En su segundo largometraje, Carlos Marqués-Marcet vuelve a explorar las relaciones de pareja, como ya hiciera en su ópera prima 10.000 Km. Con un equilibrio mucho más establecido entre la comedia y el drama a lo largo de su metraje, Tierra Firme rompe con las características típicas o esperables de la película romántica, centrando su acción en un escenario poco explorado como son los canales de Londres, un lugar mugriento y casi visualmente desagradable, donde las protagonistas viven a bordo de una pequeña embarcación en la que tienen montado su pequeño paraíso personal.

La cinta nos narra la historia de Eva (Oona Chaplin), una joven que vive junto a Kat (Natalia Tena) en un pequeño barco por los canales de Londres, y que de buenas a primeras decide que quiere ser madre. Para ello no dudará en solicitar la ayuda de Roger (David Verdaguer), un viejo amigo de la pareja que acaba de llegar a la ciudad desde Barcelona y que rápidamente se presta voluntario para la tarea. Lo que comienza con secuencias de brillante comedia donde sale a relucir la fascinante naturalidad y química entre Verdaguer y Tena, termina tornando en el drama más duro de la mano de una Oona Chaplin que se convierte de buenas a primeras en la auténtica sensación de la película, dando vida al personaje más redondo de la misma con una de las actuaciones más serias y convincentes de su carrera hasta el momento.

tierra firme

Llenando el film de planos secuencia y usando los primeros planos de la forma más dramática y sincera posible hasta en los momentos de comedia, Marqués-Marcet desmuestra su crecimiento tras la cámara, dando señales de una madurez cada vez mas marcada formalmente, a través de la cual se permite recurrir a un humor mucho más ácido que en su primer largometraje, pero igual de íntimo en los momentos clave de la película, rompiendo de manera repentina con cualquier rastro de dramatismo exhacerbado que pueda hacer olvidar al espectador, que antes que nada, está viendo una comedia, por mucha seriedad y verdad que le termine inyectando a la cinta, sobre todo en su último tercio.

Madre de la protagonista, tanto en la vida real como en esta ficción, Geraldine Chaplin hace referencia en cierto momento de la película al «inherente problema de las expectativas», algo que resume perfectamente el mensaje de la cinta que parece querer transmitir el director catalán a los espectadores. Es a partir de ahí cuando Tierra Firme muestra todas sus cartas, llevando a la pantalla mediante Oona Chaplin, ese momento de la vida en el que nos damos cuenta de que, quizás, la gente que nos rodea no tenga las mismas expectativas y deseos vitales que nosotros. Será ese el momento en el que tanto la protagonista como todos aquellos espectadores que se vean reflejados en ella, deberán decidir si seguir dichos deseos sin tomar prisioneros y dejando a gente por el camino, o renunciar a ellos por la simple promesa de felicidad junto a esas personas que de verdad te importan, con el riesgo de poder terminar esclavos de esos sueños rotos y anclados en una vida que no era como tú esperabas.

Es en esos terrenos tan humanos y de relaciones personales donde Carlos Marqués-Marcet se muestra más cómodo, siendo capaz junto a sus actores de confianza de crear un ecosistema propio donde romper la barrera entre el drama y la comedia de la manera más dolorosa y ácida imaginable. Dejando menos poso con su mensaje que 10.000 Km, pero con un equilibrio y una formalidad estética mucho mayor, Tierra Firme consigue hacer pasar un buen rato a todos aquellos espectadores que se atrevan a aventurarse en el viaje que propone.

Con la esperanza, quién sabe, de rascar alguna nominación en los próximos Premios Goya que ayude a su visibilidad y aumento de distribución en los cines de nuestro país, Tierra Firme merece su pequeño reconocimiento como una de las películas independientes del año.

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