En fiestas, Las chicas del cable

Tras el estreno de su primera temporada el pasado mes de abril, Las chicas del cable prometió que volvería a finales de año, y así lo ha hecho, concretamente el 25 de diciembre.

La primera producción española de Netflix se dio a conocer entonces como un drama situado en los años 20 que recordaba muchísimo a Velvet. ¿Por qué? Probablemente los señores de Netflix quisieron apostar sobre seguro y ya sabían que Velvet había funcionado pero que muy bien.

Con una primera temporada que sirvió para presentarnos a los personajes y, digamos, “ponernos en situación”, no estaba muy claro si la segunda temporada iba a estar a la altura. Pero lo ha estado, y mucho.

Esta segunda temporada, de ocho capítulos de duración también, no da tregua al espectador, presentando el problema nada más comenzar el primer capítulo y dejando que toda la temporada sirva para esclarecerlo, o complicarlo más.

La nueva temporada de Las chicas del cable arranca en la Nochevieja de 1928 con Lidia (Blanca Suárez), Marga (Nadia de Santiago), Carlota (Ana Fernández) y Ángeles (Maggie Civantos) deshaciéndose de un cadáver. Aunque el espectador en un primer momento se sienta un poco perdido y crea que se ha saltado algo, no es así, simplemente la serie da un salto en el tiempo que pocos minutos después se encarga de explicar.

las chicas del cable

Han pasado seis meses desde el final de la primera temporada y en este tiempo muchas cosas han cambiado: Lidia se hizo con el Rotary y negoció su venta para readmitir a sus amigas en la compañía, convertirse en secretaria de dirección y ser la mano derecha del nuevo jefe, Sebastián Uribe (Ernesto Alterio), que controla la empresa hasta que encuentren un director general apropiado. Francisco ha sido repudiado por los Cifuentes y se gana la vida trabajando en un taller de coches mientras que Carlos intenta por todos los medios vengarse de Lidia, a la que no ha perdonado por su traición.

Carlota sigue con su relación abierta con Sara (Ana Polvorosa) y Miguel (Borja Luna), aunque no se atreve a contárselo a nadie, ni siquiera a sus amigas, mientras que Marga y Pablo (Nico Romero) vuelven a cruzarse con Marisol (Agnès Llobet) y Ángeles sigue con Mario (Sergio Mur) a pesar de todo.

La protagonista indiscutible de Las chicas del cable sigue siendo Blanca Suárez, que en esta segunda temporada está más cómoda en su papel, y cuya química con Martiño Rivas y Yon González sigue intacta y más que palpable con esas intensas miradas que se echan los tres. Se agradece la incorporación de nuevas caras como la de Ernesto Alterio, aunque no se le da la oportunidad de brillar y da la sensación de que podría hacer muchísimo más. Por otra parte, el papel de su hermana, Álex, no tiene demasiado sentido aparte de cabrear al personaje de Blanca Suárez. 

Todo un descubrimiento en esta segunda temporada es Elisa (Ángela Cremonte), aún mujer de Francisco, a la que apenas se le dio juego en la primera temporada y que en esta empieza a tomar mucho más protagonismo, algo que se agradece.

En conclusión, la segunda temporada de Las chicas del cable no decepciona a sus fans sino todo lo contrario, ofrece una trama que engancha muchísimo, tríos amorosos, bastantes escenas de sexo y enredos y más enredos.

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