jueves 29 octubre, 2020
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    [Óscar 2018] El Hilo Invisible: La obra de orfebrería de Paul Thomas Anderson

    Daniel Day-Lewis habituado a su ya clásica elegancia en El Hilo Invisible

    El sexto artículo en nuestro repaso a las 9 nominadas a la categoría de Mejor Película en los próximos Premios Óscar nos lleva a El Hilo Invisible, la nueva cinta de Paul Thomas Anderson y que además supone la despedida de uno de los actores más laureados de todos los tiempos, Daniel Day-Lewis. ¡Empezamos!

    En plena ciudad de Londres durante los años 50, Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis), un diseñador de moda, y su hermana Cyril (Lesley Manville), son los encargados de vestir a la alta sociedad de Gran Bretaña, desde la aristocracia y las estrellas de cine, hasta la propia realeza. Rodeado de mujeres en su día a día, a Reynolds no le satisface ninguna de las relaciones que comparte, sirviendo todas ellas como mero acompañamiento e inspiración para su labor profesional. Es entonces cuando entra en escena Alma (Vicky Krieps), una joven y decidida mujer que pondrá patas arriba la vida del diseñador, convirtiendose en su musa y amante, además de en un auténtico quebradero de cabeza para su rígido y casi mecanizado modo de vida.

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    Reconocido por el propio Paul Thomas Anderson, el protagonista de la historia, Reynolds Woodcock, se halla fuertemente inspirado en Cristobal Balenciaga, diseñador de origen español que ejerció su labor en torno a la primera mitad del siglo pasado. Narcisista y empeñado única y exclusivamente en su profesión, Woodcock es una de esas personas inmersas en su propia existencia. Una existencia repleta de orden, calma y silencio. Por consiguiente, encuentra incómodo todo aquello que pretenda perturbar en lo más mínimo a su interiorizada rutina. Instantáneo será su malestar tras comenzar a vivir con Alma, una mujer que, por el contrario, vive su día a día de la manera más normal posible, sin ir de puntillas por la vida y expresando todo aquello que crea conveniente en el mismo momento en que lo piensa.

    A lo largo de sus dos horas de metraje, la pareja protagonista nos presenta un perfecto enfrentamiento entre la razón y frialdad de uno, y la calidez y emoción de la otra. Clave para ello la actuación de un Daniel Day-Lewis habituado a su ya clásica elegancia y a ese método interpretativo que tan buenos resultados le ha deparado a lo largo de su carrera. No sorprende la que es su sexta nominación al Óscar y quién sabe si su cuarta estatuilla. El que sus seis nominaciones (y tres victorias) hayan sido en la categoría de Mejor Actor dice mucho de ese aire de importancia con el que suele cargar a sus espaldas en todo lo que hace. Un actor que ha nacido por y para el protagonismo, incapaz de quedar relegado a la posición de secundario.

    El Hilo Invisible

    Pero la verdadera sorpresa (y la estrella, por qué no decirlo) de El Hilo Invisible es su compañera Vicky Krieps. La actriz nacida en Luxemburgo y sin apenas reconocida internacionalmente hace suyo el papel de una Alma que se convierte en la esencia que nos mantiene enganchados a un romance casi desesperante. Un personaje el suyo que se hace grande en los silencios pero que carece de miedo alguno a romperlos. Suya será también la jugada de ajedrez que de inicio al mejor tramo de la cinta, su media hora final. Incomprensible que entre los reconocimientos a la película en forma de nominaciones no se encuentre una Vicky Krieps que durante el tercer acto consigue invertir las posiciones de poder, robándole todo el protagonismo a un Daniel Day-Lewis que queda a su prácticamente a su merced.

    Algo más sobrecargado resulta el propio guión de un Paul Thomas Anderson mucho más inspirado en su labor de dirección que en lo escrito sobre el papel. De cualquier manera, es su construcción de personajes y ese último tramo mencionado anteriormente el que hace que el guión tire de orgullo, aún resultando demasiado insistente en el retrato casi maníatico y narcisista de Reynolds Woodcock, algo que por otra parte no hace más que meternos de lleno en su asfixiante personalidad, poniéndonos del lado de Vicky Krieps y permitiéndonos disfrutar más su viaje.

    Además de la dirección de actores, es en lo técnico donde el trabajo de Anderson consigue lucir con mayor facilidad. A cargo también de la dirección de fotografía, el director estadounidense envuelve la historia en un ambiente de elegancia, orden y rigidez formal, consiguiendo imprimir una sensación casi etérea a la película con sus movimientos de cámara.

    Consciente de la importancia de los ruidos para crear ese entorno que rodea a su protagonista, Paul Thomas Anderson relega en el sonido como punto de unión para el resto de apartados técnicos, elevando el relato de esta manera mediante detalles tan aparentemente insignificantes como pueden ser el sonido de un tenedor, un mordisco a una tostada o unos pasos resonando contra el suelo. Detalles que en otras películas se integran de manera casi invisibles, pero que en El Hilo Invisible son resaltados para dar forma a los personajes, resultando a veces casi más importantes que las propias líneas de diálogo.

    El Hilo Invisible

    Imperdonable sería olvidarnos de la banda sonora de Jonny Greenwood. Unas melodías de un carácter tan personal, clásico e incisivo que terminan por echarse de menos en aquellas escenas en las que Anderson decide prescindir de música. Sin embargo, son pocas las escenas en las que esto ocurre, siendo la presencia de sus partituras casi un constante generador de ambiente en la película. No sería ninguna sorpresa que el domingo 4 de marzo se fuera a casa con su primera estatuilla.

    El Hilo Invisible se desenvuelve como la obra de un maestro dispuesto a retratar la creación como acto y todo aquello que rodea a la habitual obsesión de ciertos artistas. Una película hecha con la paciencia y el cariño de una primera obra pero con la perfección técnica de llevar más de veinte años dirigiendo cine. Es tan obvio en este cineasta su amor por el cine como profesión que es imposible no quedar embobado con cada plano que encuadra, resultando la cinta en un desfile por el que lo mismo pasean destellos de Kubrick y su perfección en la composición que momentos de tensión propios de la filmografía de Hitchcock.

    Paul Thomas Anderson es un hombre que parece entender su profesión con el oficio y la manera de hacer de un auténtico artesano. Firma aquí una cinta a la que resulta tan dificil engancharse como dejarse ir una vez atrapado por su final. Quizás estemos ante la película más autoral de todas las nominadas. El cine como arte, despojándose de cualquier tipo de lastre al que le pueda llevar un intento de atraer a las multitudes. En El Hilo Invisible, Anderson nos demuestra como nunca antes este carácter casi europeo de su cine, alejándose del resto de obras cinematográficas que pueblan la cartelera cada fin de semana y llevando el séptimo arte a espacios poco comunes. Como su protagonista hace con cada vestido, El Hilo Invisible lleva bordada en oro la esencia de su autor. Una esencia tan única que quizás no todos comprenderemos, pero en la que Paul Thomas Anderson no dejará de insistir, afrontando cada trabajo con el cuidado y el mimo de una obra de orfebrería.

    Opciones en los Óscar:

    Opciones reales: Mejor Vestuario (Mark Bridges) y Mejor Banda Sonora (Jonny Greenwood).

    Posibles sorpresas: Mejor Director (Paul Thomas Anderson) y Mejor Actor (Daniel Day-Lewis).

    Total de nominaciones: 6 – Película, Director (Paul Thomas Anderson), Actor (Daniel Day-Lewis), Actriz de reparto (Lesley Manville), Banda Sonora (Jonny Greenwood) y Vestuario (Mark Bridges).

    Daniel Lucena
    Productor Audiovisual y estudiante de Comunicación Audiovisual en Sevilla. Entre cine, series, cómics, videojuegos y fotografía paso el tiempo. Con amor eterno a Pixar y Marvel. Desde Cinema Paradiso y Lost in Translation a Cisne Negro y La Red Social. "Find what you love and let it kill you".

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