Impecable y desatado Gary Oldman en El Instante más oscuro

Llegamos a nuestro penúltimo repaso de las nueve nominadas a Mejor Película en los Premios Óscar con El Instante más oscuro (Darkest Hour), la nueva cinta del director británico Joe Wright que narra la subida al poder de Winston Churchill en plena Segunda Guerra Mundial. ¡Empezamos!

Con la dimisión de Neville Chamberlain (Ronald Pickup), primer ministro británico que el 10 de mayo de 1940 decide dimitir, siendo sustituido en el cargo por Winston Churchill (Gary Oldman). Con la Alemania nazi en plena conquista Europea, el Parlamento británico se encuentra dividido entre aquellos que ven factible una negociación de paz con Adolf Hitler, mediante la posible colaboración del italiano Mussolini, y aquellos que se oponen rotundamente a cualquier tipo de negociación con un régimen como el aleman. El recién nombrado primer ministro, aunque con dudas, decide unirse al pensamiento de los segundos, defendiendo la negativa a negociar, porque efectivamente «no se puede negociar con un tigre mientras tengas la cabeza dentro de su boca».

Con el escepticismo de una gran parte de su propio partido e incluso del rey Jorge VI (Ben Mendelsohn), Churchill forma su Gabinete de Guerra y comienza a organizar la defensa militar contra los nazis, tomando como principal eje de la cinta los preparativos de la Operación Dinamo, nombre asignado a la operación militar que terminaría con el ya conocido «milagro de Dunkerque», la evacuación de más de 300.000 soldados de la playa por parte de la Marina Real británica, algunos barcos mercantes y una flota de embarcaciones civiles.

De carácter irascible y tozudo, y con la sensación de haber subido al poder porque nadie más se atrevería a ponerse al frente de un buque en pleno hundimiento, El Instante más oscuro nos presenta a un Winston Churchill de ideales asentados, decidido a no dar su brazo a torcer y capaz de manipular la información cuando lo cree necesario para conseguir de esa manera el bien común para la sociedad británica. Un hombre que ve la victoria como única opción viable para el futuro de su país en una Guerra a la que hay que sobrevivir, cueste lo que cueste.

El Instante más oscuro
Fotograma «El Instante más oscuro»

El Instante más oscuro es una cinta que decide liberarse de su rigor histórico

Ya clásica, pero no por ello menos jugosa, es la visión de los conflictos militares como un gran tablero de ajedrez donde a veces para salvar a la mayor cantidad de piezas posibles hay que sacrificar otras tantas. Unas ideas que le trajeron aluviones de críticas a un Churchill dispuesto a realizar la estrategia más positiva numéricamente, entendiendo las vidas de aquellos que sirven a su país como una operación matemática en la que poder obviar singularidades, redondeando allí donde sea posible o necesario, para obtener el resultado que se busque en cada momento.

Impecable y desatado Gary Oldman dando vida a Winston Churchill. Una transformación física que le va a conseguir casi de manera segura su primer Óscar. Dicho esto, no serán pocas las personas que sigan dudando de esta como la mejor actuación del año, basando prácticamente todo su peso emocional en los grandes momentos políticos. Momentos que por otro lado, tienen poco de contención y mucho de retórica grandilocuente con la que deslumbrar a unos académicos que en su mayoría son señores blancos con una media de 60 años. Sabiendo esto, es comprensible la tendencia a la hora de premiar de un Hollywood convertido en amante de las imitaciones perfectas, más aún si cabe cuando se toca la figura de grandes personajes de la historia política o social del mundo.

Claves para equilibrar ese lucimiento de Gary Oldman las actuaciones de Kristin Scott Thomas y Lily James, en los papeles de su mujer y su secretaria, respectivamente. Unos papeles que no por bien actuados dejan de resultar deficientes, recurriendo al toque femenino para tratar de sacar el lado más familiar o incluso emotivo de la cinta. Un intento que falla en casi todo, pero que visto el carácter unipersonal de la trama, resulta hasta entendible por parte de un guionista dedicado en cuerpo y alma a vendernos la figura de Winston Churchill como político, y no la del entorno que lo rodeaba o la del país donde vivía.

Construido en torno a dos grandes discursos en la Cámara de los Comunes del Parlamento Británico, es en el guión donde se encuentran los grandes problemas de El Instante más oscuro, no tanto por su esqueleto como por esa manera de sacarse momentos de la chistera para cubrir sus necesidades estructurales y saciar su búsqueda de emoción. Poco creíble resulta en una cinta histórica como esta la bajada al pueblo llano por parte de Winston Churchill, con un viaje en metro donde no solo busca la aprobación directa de sus ciudadanos para defender una decisión más que tomada de antemano, sino que además no titubea a la hora de darle el punto álgido de la secuencia a una niña de diez años, para que ponga en palabras ese «no nos podemos rendir, de ninguna de las maneras» que el primer ministro británico defiende con uñas y dientes. Un guión, obra de Anthony McCarten, que consigue lo que se propone como entretenimiento propio de la industria, tachando todos los requisitos de la lista, pero que como drama histórico y real, no se sostiene en pie en los momentos cruciales. No sorprende que sea suyo también el guión de La Teoría del Todo, biopic sobre la vida de Stephen Hawking basado en las memorias de su ex-mujer, que pecaba de los mismos fallos.

El Instante más oscuro
Gary Oldman en «El Instante más oscuro»

Mucho más acertada en todos los sentidos es la dirección de Joe Wright, un director cuyos mejores trabajos suelen tener ese aura teatral que da con su puesta en escena (Anna Karenina) en cintas donde vuelve a épocas pasadas para contar romances literarios (Expiación, Orgullo y Prejuicio) en los que se desenvuelve como pez en el agua. Sin olvidar esos vicios teatrales que siempre parecen darle resultado, aquí se desata de manera inesperada, regalándonos una elección de planos mucho más variada y dinámica que en sus obras anteriores. Su uso repetido de planos cenitales para relacionar cada respuesta en el frente con lo dictado en el Parlamento por Churchill y su gabinete, demuestran una convicción total en su dirección, sin miedo a resultar cargante y decidido a separarse del resto de películas del género, tirando de recursos mucho más propios de las superproducciones, como pueden ser los planos a cámara lenta, para sacarles el máximo partido en su retrato a la figura de Churchill y las semanas claves para Gran Bretaña en su participación en la Segunda Guerra Mundial.

Resulta imposible tras visionar El Instante más oscuro no acordarse de otra cinta de éxito en los Premios Óscar en los últimos años como fue El DIscurso del Rey. Una película que pese a similares temas, no puede ser mas distinta en sus formas. Son esos aires mucho más formales, rigurosos y académicos de Tom Hooper a los que Joe Wright parece hacer un corte de mangas con cada movimiento de cámara. Una dirección vistosa que inevitablemente hará que muchos sean incapaces de separar sus decisiones artísticas de unas ganas de hacer ruido que parece plantar la crítica a cada director que no se esfuerza por resultar sutil o invisible en su labor.

El Instante más oscuro es una cinta que decide liberarse de su rigor histórico con el objetivo de ser más accesible para el gran público, tanto en fondo como en forma, pero que no por ello renuncia a una perfecta caracterización de una figura clave en la historia de la política británica como Winston Churchill. Pocas dudas a la hora de proclamarla como la obra que cada año consigue colarse en la categoría de Mejor Película sin que nadie entienda muy bien el por qué, pero que termina yéndose de la ceremonia con algún que otro galardón individual. Una película que sirve de complemento perfecto para la hazaña en playas francesas que también retrata el Dunkerque de Christopher Nolan, aunque de manera mucho más clásica y autocontenida que esta visita de fotografía gris y oscura a los despachos donde se ganan las guerras por parte de Joe Wright. Un paseo también por los personajes que mueven los hilos detrás de cada operación militar. La épica de los discursos que movilizan naciones como método para expandir las ideas. Unas ideas, que en el caso de Churchill defendían que las causas perdidas son las únicas por las que merece la pena luchar.

Opciones en los Óscar:

Opciones reales: Mejor Actor (Gary Oldman) y Mejor Maquillaje y peluquería.

Posibles sopresas: Muy difícil lo tiene para irse con más de dos premios.

Total de nominaciones: 6 – Película, Actor (Gary Oldman), Fotografía (Bruno Dellbonel), Diseño de Producción, Vestuario y Maquillaje y peluquería.

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