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Greta Gerwig apuesta por una dirección de tinte invisible pero efectista

Encaramos la recta final de nuestro repaso a las nueve nominadas a Mejor Película en los Premios Óscar con una de las cintas mejor valoradas por público y critica: Lady Bird, debut en la direccion de la actriz y guionista Greta Gerwig, y protagonizada por una de las actrices jóvenes más aventajadas de nuestra generación, Saoirse Ronan. ¡Empezamos!

Año 2002 (un año que según la protagonista, solo resulta interesante por ser un palíndromo) en Estados Unidos, un país en plena agitación tras los atentados sufridos el 11 de septiembre de 2001. En Sacramento, Christine McPherson (Saoirse Ronan), una joven de de 17 años empeñada en llamarse a sí misma «Lady Bird», vive su último curso de instituto, ansiosa por terminar sus estudios y escapar de un entorno que insiste en odiar. Al frente de ese entorno, una madre (Laurie Metcalf) estricta pero decicida, que trabaja como enfermera, llevando las riendas de la familia tras el despido del padre (Tracy Letts), un hombre de buen corazón pero con poco carácter, siempre a merced de las dos mujeres de la casa. Completan la familia Miguel (Jordan Rodrigues), un hermano de origen latino y su novia gótica (Marielle Scott).

En el instituto, Lady Bird pasa su tiempo con Julie (Beanie Feldstein), su mejor amiga. Ambas deciden apuntarse al grupo de teatro de la escuela, donde nuestra protagonista comenzará a rodearse de las relaciones que marcarán su último año. Entre ellos, Danny (Lucas Hedges), un chico con el que Lady Bird empezará a salir o los posteriores Kyle (Timothée Chalamet) y Jenna (Odeya Rush), pertenecientes a ese típico grupo de alumnos populares por los que Lady Bird se verá atraída en su intento de ascenso social.

Decidida en su empeño de abandonar esta aburrida vida y dejar atrás ese entorno americano tal olvidado por el cine como es la clase media baja trabajadora, del que la protagonista no duda en avergonzarse (a veces de manera puramente inconsciente). Lady Bird buscará su billete de huida solicitando plaza en una universidad de Nueva York, esa gran ciudad que nunca duerme y donde están todos los escritores  y artistas. Un lugar al que quién no querría aspirar, sobre todo cuando se vive en Sacramento, una lugar que es descrito como «el Medio Oeste de California» por la protagonista.

Lady Bird

Con una carrera más que testada en la actuación, Greta Gerwig decide debutar al otro lado de la cámara con una cinta que tiene mucho de autobiográfico y experiencial. No deja de lado de ninguna de las maneras ese aire indie que parece acompañarla allá por donde va y que tan bien le ha sentado en películas como 20th Century Women, Mistress America o Frances Ha, cinta de la que Lady Bird parece beber mucho en estilo y forma, luciendo por momentos como una precuela. Algo que podría resultar involuntario de no ser porque la propia Gerwig participó en la escritura del guión de Frances Ha, junto al director de la película, y su pareja en la vida real, Noah Baumbach.

En su ópera prima, Greta Gerwig apuesta por una dirección de tinte invisible pero efectista, relegando la parte más técnica a un segundo plano, sin grandes momentos de lucimiento, y aprovechando de manera ejemplar su capacidad para sacar el máximo partido a su propia experiencia como actriz. Una experiencia que se ve reflejada en una magnífica dirección de actores, elevando a un reparto que ya de por sí es de altura. Su dirección es sutil hasta el punto de no juzgar a los personajes en ningún momento. Si que es destacable ese uso que hace Gerwig de los planos compartidos entre madre e hija a lo largo de la cinta, y que no duda en remarcar desde el mismo plano inicial de Lady Bird.

En el guión, Gerwig saca todo el repertorio habitual de su filmografía, con momentos de comedia tan inteligentes como básicos, y otros que envuelven la película en un aire emocional propio de los mejores dramas familiares. Reconoce la propia directora y guionista haber pasado más de 5 años puliendo un guión que allá por 2013 se le iba a las 350 páginas. Un guión en el que confiesa descargó todas y cada una de las ideas que le iban viniendo con la única intención de mostrar esa dinámica maternofilial tan especial que a día de hoy mantiene Lady Bird. No sorprende que ese guión original se titulase «Madres e hijas». Es esta una de las grandes bazas de Lady Bird, la de coger un género tantas veces pisoteado y autoparódico (aún sin intención) como el coming-of-age (lo que aquí llamaríamos una película de madurez) y llevarlo a un nivel que por mucho que nos pese decirlo, resulta impropio del género, gracias a sus maravillosas interpretaciones.

Si la película tiene una esencia que resulta irremplazable, esa esencia son sus dos personajes principales. Una madre y una hija que no paran de discutir la una con la otra, pero que se retroalimentan, siendo prácticamente reflejos en un espejo compartido. Impagable lo de una Saoirse Ronan más inmensa y versátil que nunca. La actriz nacida en Brooklyn pero criada en Irlanda coge aquí uno de esos papeles adolescentes habitualmente cómicos, cínicos y cargantes y lo devuelve dándole vida a un personaje con mil capas, por momentos encantador y por momentos miserable, pero siempre real e imprevisible como la vida misma. Con tan sólo 23 años ya acumula tres nominaciones a los Óscar y por su curriculum se citan películas como Expiación, The Lovely Bones, El Gran Hotel Budapest o Brooklyn. Va siendo ya hora de que aprendamos a pronunciar el nombre de una actriz que, indudablemente, está llamada a marcar las próximas décadas en la meca del cine. Un nombre de origen irlandés que significa «Libertad» y que se pronuncia Seer-sha.

lady bird

 

Lady Bird una carta de agradecimiento a todas las madres del mundo

Indispensable en esta película la presencia de una Laurie Metcalf en un papel tan poco agradecido como el propio rol de madre en la vida real. Suyos son todos y cada uno de los golpes de realidad que le van cayendo a una Christine McPherson empeñada en borrar sus raíces a base de idealismos. Más conocida por sus papeles televisivos en series como Roseanne o The Big Bang Theory (es también la madre del mismísimo Sheldon Cooper), la actriz se disfraza aquí de ese ancla tan necesaria en la vida de una Lady Bird que por momentos se pierde volando entre las nubes. Una actuación que no da tregua prácticamente hasta sus últimos momentos, donde se torna de golpe en esa liberación emocional imposible de controlar en las despedidas. Es de justicia mencionar también la adorable interpretación de Tracy Letts, un padre empeñado en hacer feliz a su familia, cueste lo que cueste, en ese rol de mediador tradicionalmente atribuido a las mujer. Otro punto a favor de un guión dispuesto a cambiar los estereotipos, pasando por encima de ellos con la confianza de darlos por superados.

Lady Bird es una ópera prima sin miedo a pasearse por absolutamente todos los tópicos de las películas de adolescentes, desde los primeros encuentros sexuales hasta los desencuentros familiares propios de la escasa comunicación, pasando por todas esas amistades que evolucionan y cambian para terminar volviendo a los orígenes, conscientes de que no vale la pena fingir ser aquello que no eres. También es Lady Bird una carta de agradecimiento a todas las madres del mundo, escrita a mano por una Greta Gerwig en la que aún queda mucho de ese idealismo propio de la adolescencia, pero capaz de demostrar la la madurez artística necesaria para poner en pantalla todo aquello que en algún momento no se atrevió a decir. Es ese regalo que el cine no le supo dar a la propia Gerwig en forma de referente joven femenino, teniendo que conformarse con esos 400 Golpes de Truffaut a los que reconoce visitar a menudo. Un regalo que sin embargo, ella si ha decidido hacer a todas las generaciones por venir.

Lady Bird es un recuerdo a todas esas palabras y conversaciones que se suelen dar por sentadas entre padres e hijos, pero que una vez pasados los años, se echará de menos no haber pronunciado. Es el abrazo de una niña a la ciudad que la vió crecer y a la que no piensa dejar de volver. Es el séptimo arte demostrándonos una vez más que no sabemos valorar lo que tenemos, hasta que lo echamos de menos. Una película que desborda verdad. Una cinta donde la vida se detiene a pisar más fuerte en esas relaciones y momentos que construyen y reformulan nuestra personalidad. Una obra donde los sentimientos, aunque tarde, terminan siendo expresados. Un cine en cuyas raíces siempre estará el amor entre una madre y una hija.

Opciones en los Óscar:

Opciones reales: Mejor Película

Posibles sorpresas: Mejor Actriz (Saoirse Ronan), Mejor Guión Original (Greta Gerwig)

Total de nominaciones: 5 – Mejor Película, Mejor Directora (Greta Gerwig), Mejor Actriz (Saoirse Ronan), Mejor Actriz Secundaria (Laurie Metcalf), Mejor Guión Original (Greta Gerwig)

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