Wajib, consigue establecer un vínculo con el espectador
Lo cierto es que cuando levantas la voz para decir que la noche anterior viste una película palestina y que, contra todo pronóstico, la sensación fue positiva, la cuarentena te mira vacilante. Los comentarios se debaten entre los achaques de ‘intensidad’ y las críticas a los consumidores de cine independiente bajo descalificaciones rotundas y de una torpeza considerable. Añadir que la dirección corre a cargo de la primera directora palestina, es causa de linchamiento. Aquí entran millones de factores en juego, entre ellos, las preferencias, la educación y la diferencia generacional. Los dos últimos son cruciales para cada decisión que tomamos y comentario que hacemos. Wajib, el tercer largometraje de Annemarie Jacir, es una mirada pura de la Palestina actual, pero sustituye el conflicto con Israel por el generacional.
Jacir ahonda en la realidad del corazón de Nazaret, su gente, historia y desencuentros a través del choque generacional de una relación padre (Abu Shadi, Mohammad Bakri) e hijo (Shadi, Saleh Bakri) y su difícil conciliación. Shadi vuelve de Roma tras muchos años para organizar con su padre la boda de su hermana. Ambos tendrán que entregar las invitaciones personalmente y una a una, como marca la tradición palestina local. Pero, ¿cuál es el verdadero deber (wajib)?
Una auténtica lección de cine
La interpretación de los protagonistas es explosiva. Un extraordinario Mohammad Bakri (Abu Shadi) lleno de matices colapsa la escena y, a pesar de sus contradicciones y su tradicional espíritu, consigue establecer un vínculo con el espectador. La invisibilidad de un tercer personaje es la aceptación y el cariño por encima de toda diferencia. Además, Jacir consigue lo imposible: mantener el relato naturalista en los secundarios, a los que atribuye un recorrido vital y dota de vida a través de un guion agudo y cargado de ritmo.
Dirección: Annemaire Jacir
Reparto: Saleh Bakri, Mohammed Bakri, Maria Zreik
Estreno: 27 de abril







