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¡La gran polémica!

La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de los Estados Unidos no sabe qué hacer para que el público vea la gala de los Oscars. Así de simple puede resultar el análisis de lo sucedido en estos últimos días. Sin embargo, los motivos y las decisiones tomadas son otro cantar.

La situación viene a entenderse rápido. La emisión de la última ceremonia de los Oscars fue seguida en Estados Unidos por unos 26 millones de personas, el dato más bajo en la historia de los premios. Por ponerlo en perspectiva, casi 44 millones de espectadores siguieron la gala en el año 2014. Desde entonces, las audiencias no paran de caer en picado. El dato es aún más alarmante cuando se conoce que el demográfico clave de audiencia (el público que más interesa a las cadenas y empresas publicitarias, de entre 18 y 49 años), ha caído un 47% con respecto al 2014. Casi la mitad de espectadores han dejado de ver la gala en tan sólo 4 años.

El público no conecta con los Oscars. Resulta entendible que la Academia quiera, y deba, tomar ciertas decisiones para frenar la caída. El problema viene cuando dichas medidas, no parecen gustar a la gran mayoría del sector. Ni productores, ni creadores, ni actores, ni la propia crítica cinematográfica celebra ninguno de los cambios. ¿Tan malas son las decisiones tomadas? Vamos a conocerlas.

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HOLLYWOOD, CA – FEBRUARY 26: Andrew Garfield, Charlize Theron, Casey Affleck, Michelle Williams, Busy Philipps y Meryl Streep durante la 89 edición de los Premios Oscars (Photo by Christopher Polk/Getty Images)

Se adelanta la fecha de celebración

La decisión que más desapercibida ha pasado, y de la que casi nadie parece tener quejas: la fecha de celebración de la gala. A partir de 2020, los Oscars pasarán a celebrarse a comienzos de febrero, con el 9 de febrero como fecha oficial para la ceremonia en dicho año. El motivo para adelantar la fecha parece claro. Los Oscars están demasiado descolgados de otras galas como los Globos de Oro o los Critics Choice Awards, que tienen lugar a comienzos de enero. La única incógnita con respecto a este cambio es si otras fechas claves seguirán a este cambio, como puede ser el anuncio de las nominadas; o incluso si otras ceremonias adelantarán aún más sus fechas para mantener el hueco temporal entre ambas. De cualquier manera, poca importancia va a restar a lo principal: la celebración del cine como industria.

La duración de la gala se reduce a 3 horas

Pasamos al segundo cambio anunciado por la Academia. La gala no puede alargarse tanto. La ceremonia de 2018 tuvo una duración de casi 4 horas. Para ello, los organizadores se comprometen a establecer la duración de futuras ediciones en 3 horas, como máximo. Hay que agilizar la entrega de premios. Se eliminan los sketches cómicos innecesarios (casi siempre con poca gracia), se quitan los números musicales, y se organiza toda la gala en torno a la verdadera razón de ser de los premios: conocer a los ganadores y entregar las estatuillas doradas. La decisión parece correcta y sencilla. Tanto, que me la acabo de inventar de una pasada. La Academia ha decidido atajar el problema por un método algo más radical: los premios técnicos y secundarios se entregan durante las pausas publicitarias, y posteriormente se colocará un resumen de los mismos durante la gala. Que todos esos ganadores sean profesionales igual de válidos y necesarios que el resto del equipo que se encarga de hacer una película, y que ya de por sí tengan menos repercusión y reconocimiento que las caras visibles del sector (directores, actores, productores, guionistas y hasta músicos, si me apuras) parece importarle poco a la Academia, pero sin embargo dice mucho de lo que entienden por industria. Mejor ver el trailer de la próxima película Disney durante los anuncios que ponerle cara a las personas que le han dado forma a las mejores películas del año.

Se crea una nueva categoría: Mejor Película Popular

La decisión que más titulares ha acaparado en los últimos días no es otra que la creación de una nueva categoría: el Oscar a Mejor Película Popular. Los criterios con que se eligirán las películas que opten al premio en dicha categoría no han sido explicados, pero según la Academia «lo serán en un futuro». Algo que traducido al lenguaje popular viene a significar: no lo hemos pensado mucho, la verdad. Lo único que se conoce es que el factor diferencial, muy probablemente, será la taquilla obtenida por cada película en el mercado local (Estados Unidos). Además, las películas que puedan ser nominadas para esta nueva categoría no quedan de ninguna manera excluidas para ser nominadas también al gran premio de la noche, el de Mejor Película.

El impulso principal para la creación de esta nueva categoría viene de la siguiente reflexión: el público no ha visto las películas nominadas a los Oscars, y por tanto no se interesa por los premios. De todas las películas ganadoras en la última década, tan solo dos han conseguido superar la barrera de los 100 millones de dólares en la taquilla norteamericana (Argo y El discurso del Rey). Para presenciar una ganadora a Mejor Película que reventase la taquilla en Estados Unidos, hay que irse hasta el año 2003, con El Señor de los Anillos: El retorno del rey. La película amasó 377 millones de dólares. La decisión por parte de la Academia parece haber sido clara: hay que hacer que las películas populares tengan un hueco de importancia en la gala. Si una película hace fortuna en Estados Unidos, va a estar en los Oscars. Sea de la forma que sea.

Sólo hay que mirar los nombres de algunas películas nominadas en los últimos años para desechar la idea de que los Oscars no tengan en cuenta a los grandes éxitos de taquilla. Dunkerque, Get Out, La La Land, La Llegada, Mad Max, The Revenant, El Francotirador, Gravity o El Lobo de Wall Street. Todas estas cintas han sido nominadas a Mejor Película en los últimos 5 años, superando además los 100 millones de recaudación en Estados Unidos. Parece descabellado pensarlo incluso, pero quizás, y solo quizás, la razón para que muchas de las cintas más taquilleras del año no terminen nominadas a Mejor Película sea que simplemente no son grandes películas y no lo merecen.

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HOLLYWOOD, CA – FEBRUARY 26: Emma Stone acepta el Oscar a Mejor Actriz por La La Land ante la mirada de Leonardo DiCaprio. (Photo by Kevin Winter/Getty Images)

Sin embargo, todos estos cambios, por circunstanciales que puedan parecer, se entienden mucho mejor al conocer que no es otra que la cadena ABC la encargada de emitir la gala de los Oscars en Estados Unidos hasta el año 2028. ¿A quién pertenece la cadena ABC? Efectivamente, al grupo empresarial entre cuyas empresas se encuentra la productora cinematográfica que más éxitos de taquilla genera al año entre sus muchas franquicias: The Walt Disney Studios. No puede sino resultar irónico y sospechoso que la Academia decida crear un nuevo premio para las películas más taquilleras, impulsados por la presión de ABC tras los batacazos de audiencia de los últimos años, cuando con mucha probabilidad ese nuevo premio recaerá en una cinta Disney. Desde Burbank, California (sede de la compañía) no se pronuncian al respecto, pero seguro que si se frotan las manos en un año donde han acumulado dos de las cintas más vistas en Estados Unidos, como son Black Panther e Infinity War; y con la vista puesta en un 2019 donde estrenarán los desenlaces de sus dos buques insignia: Vengadores 4 y Star Wars IX.

En definitiva, con tan solo un par de decisiones, los Oscars han dejado clara su postura a la hora de entender el sector.  A partir de ahora, si una película da dinero, habrá que premiarla. El hecho de hacerse de oro en la taquilla, no parece ser suficiente reconocimiento. La Academia de Cine de Hollywood ha decidido rendir pleitesía voluntariamente a un público que, con suerte, acude un par veces al año a las salas de cine para ver los grandes taquillazos, con la esperanza puesta en que la sola presencia de dichas películas en la gala congregue frente a la televisión a muchos de los espectadores que han ido abandonando el barco en los últimos años.

Las películas que pelean por su hueco merecidamente gracias a la calidad de sus propuestas, los trabajadores de la industria que destacan en sus respectivos campos, y todo ese conjunto de público y crítica que cada año sigue de manera asidua la famosa «carrera a los Oscars» como si de un espectáculo deportivo se tratase… Esos ya no importan tanto. La jugada les puede salir redonda, pero que no quepa ni la más mínima duda que a la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, el cine le importa cada vez menos.

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