Estando la última temporada de Juego de Tronos aún en espera para ser estrenada, un último año repleto de éxitos en las galas de premios con Big Little Lies, y con Westworld dispuesta a batallar en los Emmy del próximo 17 de septiembre; HBO vuelve a la carga con Sharp Objects, una serie destinada a convertirse en el fenómeno seriéfilo del verano y dejar su huella en el curso televisivo que está por comenzar.

Con Amy Adams en el papel protagonista y Jean-Marc Vallée repitiendo como showrunner y director en la cadena de pago por segundo verano consecutivo (Big Little Lies ya llevaba su firma), Sharp Objects supone la adaptación audiovisual de la novela homónima obra de Gillian Flynn, escritora norteamericana que además ejerce como productora ejecutiva y guionista de la serie. Quizá a muchos no les suene aún su nombre, pero seguro que si recuerdan Perdida, la obra que la dio a conocer tanto en el mundo de la literatura como en su posterior adaptación a la gran pantalla de la mano de David Fincher.

Sharp Objects, las heridas abiertas del pasado

La premisa es simple: Camille Preaker (Amy Adams), una reportera recién salida de un hospital psiquiátrico, vuelve a su pueblo natal para cubrir e investigar el asesinato de dos niñas, alentada por su editor (Miguel Sandoval). Por el camino, se verá las caras con todos aquellos fantasmas de un pasado que dejó atrás tras abandonar el pueblo. Serán piezas centrales del relato su madre Adora (Patricia Clarkson), su hermanastra Amma (Eliza Scanlen) o un detective (Chris Messina) que acudirá como ayuda para la investigación policial.

Sharp Objects - Amy Adams

La intriga de los asesinatos rápidamente dan paso al viaje interior de la protagonista

Aunque pueda parecerlo, Sharp Objects dista mucho de ser un thriller al uso. En el viaje de la protagonista a Wind Gap (así se llama el pueblo donde sucede la historia), la investigación y los asesinatos no son más que algo secundario. Un simple medio narrativo para dotar de intriga al relato y mantener al espectador en suspense, tratando de adivinar quién de los habitantes puede ser el asesino. Sin embargo, aquellos que acudan a la serie por esa intriga, quizás pierdan el foco del verdadero estandarte de la serie: Camille Preaker. Si algo brilla por encima del resto, haciéndonos olvidar por momentos que hay un asesinato por resolver, es el viaje interior de su protagonista. Sharp Objects es un verdadero estudio psicológico y físico sobre el personaje de Camille y todas esas heridas abiertas de su pasado que aún están por cicatrizar, acompañandola y atormentándola allá por donde pasa.

La importancia de Amy Adams

Un viaje de supervivencia al que da vida una Amy Adams más versátil que nunca, sin el más mínimo resquicio de duda a la hora de tirarse al barro, ejerciendo todo el dominio y la presencia que impone con su físico, para un par de segundos más tarde hacerse minúscula con cada golpe que le regala el guión de Gillian Flynn. Si la novelista ya nos daba momentos de gloria con Perdida, es aquí en Sharp Objects donde demuestra su dominio total de los personajes femeninos, brindándonos una Camille con mil capas de humanidad. Es de la mano de Amy Adams cuando el personaje alcanza esa complejidad emocional que le permite hacerse gigante, y con tan sólo un par de gestos y miradas, volverse completamente vulnerable e inofensiva para darle la vuelta a la escena. Si algo hay que aplaudirle al magnífico trabajo de Adams es la capacidad para hacer que nos duelan todas sus caídas y celebremos cada instante de redención como propio. Es en esos espacios de liberación, paz, aceptación y hasta felicidad que alcanza Camille donde conseguimos respirar al tempo calmado que marca Amy Adams, enamorándonos definitivamente del personaje y de cada una de sus cicatrices.

A la cima que alcanza con su actuación Amy Adams se atreve a seguirle los pasos Eliza Scanlen, una joven de 19 años que debuta en las grandes ligas de la televisión, sacándole todo el jugo posible a la ambigüedad anímica de su Amma, una adolescente indescifrable para la audiencia. El título de revelación de la temporada le pertenece por decreto a la actriz australiana, con una recta final para la que se guarda todo el carácter del que hasta entonces solo parecía mostrar pinceladas. Un recital para marcar su nombre a fuego en las agendas de medio Hollywood. La más perjudicada de los tres personajes femeninos es sin duda el de Patricia Clarkson, que sin resultar repetitivo, sí que es el más plano de los tres, marcando un viaje mucho más sucio y menos lucido, acaparando para ella todas las miradas de odio del espectador. Mención especial a Sidney Sweeney y Sophia Lillis, dos de las actrices que protagonizan las partes más esenciales del pasado de la protagonista y a la que accederemos mediante flashbacks.

En lo técnico, Jean-Marc Vallée vuelve a demostrar el hábil manejo de los personajes que ya le vimos sacar a relucir el año pasado en Big Little Lies, pero es en la sala de edición de Sharp Objects donde se le saca más partido a su labor, aumentando el impacto del relato gracias a esos montajes musicales y flashbacks que, a lo largo de los ocho episodios que componen la serie, perfilan un ritmo aterradoramente pausado en cuanto la cámara pisa esa mansión fantasmal con olor a casa de muñecas, permitiéndose romper el presente para ir rescatando las memorias de Camille a base de píldoras. Suma a la causa la fotografía de su colaborador habitual, Yves Bélanger.

El tándem de Jean-Marc Vallée y Gillian Flynn componen la serie del verano

Quedan pocas dudas a la hora de afirmar que Sharp Objects será recordada como la serie del verano, ayudada por un último episodio climático y resolutivo, pero repleto de esas sorpresas que tanto gusta de utilizar Gillian Flynn en sus obras, dejando al espectador expectante y en vilo frente a unos créditos finales que tienen un regalo guardado para aquellos con la paciencia necesaria.

De cualquier manera, el curso que viene se presenta ineludible para una Amy Adams que puede hacer historia peleando por el Globo de Oro, el Emmy y el Oscar (ya se la coloca en la carrera por Backseat, el biopic de Dick Cheney que dirige Adam McKay). Con su nombre colocado en las apuestas de todos los premios, tan sólo nos queda esperar para ver si el 2019 la termina coronando y reconociendo como la actriz más en forma del último lustro. Hasta entonces, tan sólo nos queda contemplarla fascinados mientras en Sharp Objects suena aquello de:

“You’re just too good to be true
I can’t take my eyes off you”

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