Entre el 23 y 28 de octubre se ha desarrollado el festival INDIE & DOC – FEST CINE COREANO 2018, y aquí en Moobys hemos tenido la oportunidad de asistir a su proyección inaugural: el filme The Emperor por Min Byung-hun, una película fascinante, preciosa y de un sentimiento desgarrador.

Lejos del mundanal ruido

The Emperor habla de muchos temas: el amor, el suicidio, el propio arte. La historia de personas envueltas en crisis existenciales de lo más pintorescas y al más puro estilo del cine experimental: no explicar, sino mostrar, y mostrar de una manera tan poética, sutil y profunda que es imposible no quedar prendado de la belleza del filme.

Los mejores planos de paisajes

Puede que el principal problema que a uno se le pueda venir a la cabeza sobre el filme sea su ambigüedad, lo abstracto de su historia, tan abstracto que a veces es incluso difícil no perderse entre las voces en off y los maravillosos planos de paisajes coreanos. La puesta en escena, el orden, la aparente aleatoriedad del montaje…

Todo puede llegar a indicar un falso intento de película de culto que se queda en lo pretencioso, y The Emperor es de esos casos en los que la subjetividad domina sobre si esta película realmente vale la pena o no. En mi caso es un sí rotundo.

the emperor

 

Una película del romanticismo más exacerbado

No solo por su impresionante fotografía, la maestría musical o una historia sobre almas atormentadas, dolidas, inmersas en un mundo frío y devastador, donde poco valen los sentimientos y en el cual la felicidad es aparentemente algo inalcanzable.

Avisados quedáis: hay que estar psicológicamente muy preparado para no sumergirse en esta atmósfera deprimente, lastimera, donde el mundo está formado por tonos grises y no hay lugar para el amor ni la esperanza. Pero, a pesar del dolor, el viaje vale la pena, desde luego.

Porque The Emperor es una película del romanticismo más exacerbado, del vacío existencial y nihilismo más absoluto, donde hombre y naturaleza entran en contacto y huyendo del mundanal ruido, abrazan sus demonios más profundos. Donde el exponente máximo del amor y el tormento de la vida es, paradójicamente, la muerte.

Así que, sí, The Emperor ha sido una magnífica manera de comenzar este festival, una cinta poética, abstracta, etérea, una carta de amor al cine experimental y la demostración última de que el cine puede llegar muy lejos y puede ser ejecutado de infinitas maneras. Yo me quedo con lo bueno del mensaje, para lo contrario ya están los protagonistas del filme.

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