Tras un tercer día centrándonos en los documentales, en esta cuarta jornada del Festival de Cine Europeo de Sevilla volvíamos a la aventura, adentrándonos en cintas poco conocidas y sin aparentes grandes nombres detrás sobre los que apoyarnos a la hora de vislumbrar la selección.

Como ya pasase en el segundo día, nos hemos encontrado con una serie de decepciones, a pesar de las buenas críticas con las que llegaban respaldadas. De la griega Pity a la georgiana Scary Mother, pasando por la sueca Border. Tan solo maquillaron la jornada un documental sobre Vladimir Putin y una pequeña joya del cine de animación como ha resultado ser Funan.

Pity: comedia negra griega a la cola de Lanthimos

Con la historia de un hombre adicto a la tristeza y que solo parece ser feliz cuando es infeliz, buscando recibir una continua pena por parte de los demás; el segundo largometraje del griego Babis Makridis tras su ópera prima L, Pity llegaba al festival con buenas críticas y el relativo interés de estar escrito por el guionista habitual de Yorgos Lanthimos, ya estrella absoluta del cine europeo.

Para sorpresa de más de uno, esa esperanza se fue desvaneciendo a lo largo de unos 97 minutos que por momentos se hacen eternos, envueltos en la constante búsqueda de empatía y pena de su protagonista. Un intento de estudiar las emociones más contenidas que pretende asestar golpes con la fuerza y extrañeza que se le presume a la nueva ola del cine griego, pero que no consigue impactar con la que ella cree hacerlo.

pity

Imposible que no se te pase por la mente tras ver la cinta la posibilidad de que esta obra sea un descarte de Yorgos Lanthimos, comprensible en la parte de lo escrito con rasgos de las anteriores obras de su guionista (Canino o incluso Langosta), pero incomprensible en lo formal, copiando por completo el estilo y ritmo de Lanthimos, recordando hasta con el sonido de una banda sonora grandilocuente que no complementa en nada a lo banal de lo expuesto en pantalla y te retrotrae a la reciente El sacrificio de un ciervo sagrado.

Mis respetos desde aquí al señor que, sin importarle la música a todo volumen, se ha roncado media película en el pase de prensa. Los riesgos de ver ciertas películas a las 9 de la mañana.

Scary Mother: tensión sin (re)solución

Manana, una mujer de 50 años cuyo nuevo libro es un auténtico disparate, a juzgar por la opinión de sus familiares más cercanos, se enfrenta al dilema de si continuar con su pasión (la escritura) o hacer caso a su familia. Con el apoyo de un editor que incluso dice considerar a esa nueva novela como una obra maestra, Manana se decidirá por seguir su pasión, adentrándose en todo un camino de sacrificios (mentales y físicos).

Recibida con grandes críticas a su paso por el circuito de festivales, Scary Mother es una cinta inquietante y persistente en su empeño, jugando también a difuminar la realidad con la ficción. Una mirada cuanto menos inquietante a la locura que suele venir adherida con el proceso de creación.

scary mother

Totalmente apetecible en su primer tercio, con grandes secuencias como esa en la que la madre lee un fragmento de su nueva novela a su familia, ante la estupefacción de un marido que no da crédito a lo que oye; la película de origen georgiano y estonio se pierde rápidamente en cuanto decide girar hacia ese mundo de la autodestrucción y la fantasía.

Una propuesta que parece mucho más interesante sobre el papel que en la práctica, dejando la sensación de que con esa misma premisa se podrían haber construido relatos mucho más atractivos y sobresalientes.

Putin’s Witnesses: el momento que definió una época

Centrado en los años posteriores a la subida al poder en Rusia de Vladimir Putin tras la renuncia de Boris Yeltsin el mismo día en que iba a acabar el siglo, Putin’s Witnesses es un repaso incisivo a uno de los momentos claves para entender la Rusia contemporánea, y sobre todo, para entender o conocer de manera más directa a su presidente actual.

Como si de una lupa se tratase, el documental de Vitaly Mansky examina esos primeros años, centrando su mirada y su discurso en una serie de vídeos privados grabados por el propio director cuando formaba parte del equipo encargado de realizar las campañas publicitarias e informativas de Vladimir Putin.

Putins Witnesses

Con conversaciones en primera persona e inéditas hasta ahora, el documentalista ruso se permite el lujo no solo de presentarnos a Putin en sus primeros meses de mandato, sino también al propio Boris Yeltsin en instantes como las elecciones rusas del año 2000, a las que asiste como un espectador más, esperando en casa a los resultados junto a su familia.

Putin’s Witnesses resulta un documento de curioso valor político, no solo para quienes muestren el interés en conocer a Vladimir Putin desde la cercanía que pueden suponer unos vídeos prácticamente caseros, sino para entender y aprender un poco más sobre aquel final y comienzo de siglo en el que Rusia cambió como nación.

Border: un despropósito maquillado de fábula

Con el reciente anuncio de sus nominaciones a los Premios del Cine Europeo aún candentes y el triunfo en el pasado Un Certain Regard del Festival de Cannes, a Border le resultaba imposible no cargar con la etiqueta de imprescindible, y quizás ese peso haya sido tanto que al visionarla, cualquier atisbo de genialidad se vino abajo instantáneamente.

La cinta sueca del director Ali Abassi pretende establecer un discurso sobre la relación entre quienes son diferentes y su manera de interactuar con el mundo, con un aire casi de fábula misteriosa y amarga, pero con unos protagonistas que no intentan generar ningún tipo de conexión con el espectador.

border

Serán sus comportamientos casi de animales salvajes los que nos vayan dejando caer hacia donde quiere dirigir su reflexión el director, alejándose conforme pasan los minutos del drama más realista y convirtiendo la cinta en un thriller de tensión y oscura fantasía, con personajes que difieren en sus visiones de si mismos.

Una cinta que a través de su obsesión con lo diferente, pretende lanzar el habitual mensaje de inclusión e identidad que tanto gusta a una parte del público, y que se ve que, efectivamente, ha cumplido su cometido, encandilando a grandes audiencias y expulsando por completo a otras de cualquier tipo de conexión emocional.

Funan: la voluntad de una madre

Usando la animación como medio, Funan nos narra la historia de supervivencia de una joven madre dispuesta a recuperar a su hijo de cuatro años en plena revolución de los Jemeres Rojos. Premiada en el Festival de Annecy como la Mejor Película, esta coproducción entre Francia, Bélgica y Luxemburgo no se corta a la hora de jugar con las emociones.

Con la Camboya de 1975 como escenario real y todo el entramado político que allí se sucedió encuadrando la historia, En Funan destaca la sobriedad de una propuesta, que sin manipular las emociones del espectador, sí que se atreve a tocarlas, asestando golpes de manera repetida que terminan por ir hundiendo de manera progresiva a sus personajes, en una situación cada vez más irreconducible.

Recordando a la ya mítica La tumba de las luciérnagas del estudio Ghibli, Funan escoge ese mismo camino de lo cruel para asfixiar al espectador en su mundo y en el destino de unos personajes enfrentados a obstáculos de forma continua.

Un relato que vuelve a demostrar la capacidad de la animación para, sin grandes giros ni excentricidades, componer una historia emotiva, humana y empática.

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