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Sexta jornada en un Festival de Cine Europeo de Sevilla que ya comienza a encarar su recta final, con tres jornadas pendientes y alguna de las cintas más esperadas aún por hacer acto de presencia. Con una mañana decepcionante perdida en el visionado de Joy, la tarde mejoró notablemente el nivel, con dos cintas destacables y de polos opuestos: la comedia portuguesa Diamantino, y el drama alemán All Good.

Joy: drama de entidad, pero vacío.

Premiada en el pasado festival de Venezia, y con una temática que a priori da mucho juego en su crítica y denuncia social, Joy es un drama sobre el tráfico de esclavas sexuales en Europa. Su protagonista, una joven nigeriana encara la prostitución como único método de saldar una deuda económica con su explotadora, a la vez que envía dinero a su familia, y trata de darle una buena vida a su hija en Vienna.

Con un acabado técnico poco más que correcto y austero, Joy dedica la mayor parte de su metraje a explorar la situación de su protagonista y el entorno en que se desenvuelven tanto ella como sus compañeras. Resulta difícil entender como con una premisa tan aparentemente jugosa y casi perfecta para construir una cinta esencial en su discurso, la película austríaca se queda corta a la hora de generarnos empatía por sus personajes, dando por supuesto que por su apurada situación social, vamos a caer rendidos a los pies de su relato.

Joy se convierte así en una cinta de discurso relevante pero escondido y contado sin profundidad, atrapando al espectador tan solo en una escena especialmente dura de visionar, pero tras la cual todo parece normalizarse poco a poco. Una película de esas que te hacen mirar a la pantalla por pura inercia, pero sin interés alguno por lo que está sucediendo en ella. Totalmente olvidable.

Diamantino: cuando el ego da paso a la comedia absurda.

Con el premio de la última Semana de la Crítica de Cannes bajo el brazo, la comedia portuguesa Diamantino llegaba a Sevilla con algo de misterio, sin saber muy bien qué se escondía tras una propuesta de apariencia fantástica y alocada en su relato.

Diamantino es una parodia que toma como eje central a la figura de un futbolista totalmente desconectado del mundo real (y de voluntario parecido a Cristiano Ronaldo, tanto físico como gestual), y que tras fallar el penalti más importante de la historia de su país, decide replanteárselo todo, aprovechando además la tristeza y reflexión que le provoca la muerte de su padre. La sorpresa llega cuando dicho comienzo de cero nace con la voluntad de ser «una buena persona», optando de primeras por adoptar un refugiado y cuidarlo como al hijo propio que no ha tenido, situación que dará pie a escenas hilarantes.

Diamantino es una comedia tan absurda como alocada y maravillosa, que se permite además introducir múltiples críticas sociales y políticas de relevante actualidad. Desde los nacionalismos de extrema derecha y las salidas de la Unión Europea, al famoso muro de Donald Trump, pero llamado a separar las fronteras entre España y Portugal.

Todo aderezado por la figura de un protagonista tan ridículo como empatizable y humanizado en su inocencia y desconocimiento, tras el que se esconden toda una serie de referencias a esos fenómenos generados por la fama desorbitada, como es la aparición de hienas dispuestas a succionar todo el éxito posible, sacando provecho y manipulando a un Diamantino al que, realmente, solo le interesaba el fútbol (y los divertidos cachorrillos).

Quizás la mayor pega de la cinta portuguesa sea la ligereza con que están matizados ciertos personajes secundarios, totalmente estereotipados en su carácter; y una trama de ciencia ficción que se siente algo forzada y aislada del resto de la cinta. Algo que resta peso a una obra que, por otra parte, no pretende darse los aires de grandeza necesarios como para pretender ser algo más que divertida, original, simple, pero irremediablemente entretenida.

Diamantino es una auténtica fantasía de película que te hace disfrutar durante su hora y media de metraje, firmando además un apartado visual y sonoro de lo más destacable. Una de las grandes sorpresas (más por desconocida que por inesperada) de esta edición.

All Good: la angustia acumulada de mirar hacia otro lado.

Presente en la sección Nuevas Olas del festival, All Good es una de esas películas de las que deseas que se hubieran paseado por la Sección Oficial, pese a ser tan solo una ópera prima firmada por la alemana Eva Trobisch. Con una mujer que tras ser violada, decide ocultar y obviar lo sucedido como método para superarlo, esta cinta consigue explotar hasta el extremo la tensión implícita en lo sucedido a base de silencios eternos y personajes que prefieren apartar la mirada con tal de no tener que cargar con una culpa que solo aparece para hundirlos en la miseria emocional.

Cruzándose a diario con la persona que la violó, un compañero de trabajo y cuñado de su nuevo jefe, Janne (una Aenne Schwarz portentosa en su contención y que de haber podido competir en Sección Oficial, sería una más que digna candidata al premio) decide tomar la normalización y autojustificación de lo sucedido como vía para seguir adelante, sin querer meterse en situaciones comprometidas o que la hagan destacar por encima del resto. Una mujer cuya mayor defensa y voluntad es la de ser una más en su entre la multitud, frente al temor de ser esa persona señalada y compadecida por otros.

Como es de esperar, ese silencio no tardará en extenderse poco a poco al resto de áreas de su vida, comenzando a llenar un vaso que gota a gota amenaza con derramarse. Un proceso narrado con pulso, paciencia, claridad y empatía hacia su protagonista, creando un relato espléndido de las complejidades asociadas a situaciones que rápidamente terminan convertidas en memorias y recuerdos imborrables, acechantes en cada instante de paz que parece asomar en el horizonte.

All Good es un reflejo del trauma, el miedo e incluso la vergüenza proyectadas en personas cuya evasión termina condenándolas a convivir diariamente con el dolor, la angustia, la impotencia y la rabia acumulada en cada palabra callada, en cada golpe soportado y en cada mirada esquivada. Una cinta imprescindible, y mucho más redonda de lo que puede parecer en un primer visionado.

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