Y al séptimo día, llegó la jornada más intensa del Festival de Cine Europeo de Sevilla, con hasta seis películas visionadas. En el turno de mañana, de la M de Yolande Zauberman pasamos a When the trees fall, para terminar disfrutando del Atardecer junto a László Nemes. Por la tarde, del documental francés Young and Alive, viajamos a la supervivencia rusa de Anna’s War, terminando el día con el drama rumano Lemonade. Una jornada dura, con cintas para todos los gustos y con resultados totalmente dispares. Comenzamos.

M: El mismo discurso, repetido en bucle

Ganadora de dos premios en el Festival de Locarno, la M de Yolande Zauberman supone un viaje al corazón de Bnei Brak, un lugar poblado mayoritariamente por judíos ultraortodoxos. De la mano de Menahem Lang, un hombre que creció allí y que tras muchos años de silencio decidió destapar un secreto: durante años, fue violado por miembros de la comunidad en la que participaba.

Comenzando en la cima con conversaciones y diálogos que atrapan al espectador, M no tarda en estancarse, perdiéndose rápidamente en las repeticiones constantes, con el mismo discurso contado a diferentes personas.

Una cinta que en sus veinte primeros minutos ya parece haberlo dicho todo, y sin la capacidad suficiente para reinventarse, cosa que por otra parte ni siquiera pretende. Una obra que pese a lo importante de su mensaje, resulta especialmente soporífera de ver, consiguiendo tan solo un breve pico de interés con un par de minutos donde las conversaciones derivan hacia temas involuntariamente cómicos.

Otra de esas cintas inexplicablemente colocadas en la Sección Oficial del festival, cuando por sus formas, encajaría quizás mejor en No ficción, dejando un hueco libre a varias otras totalmente dignas a la hora de competir por el Giraldillo de Oro.

When the trees fall: Magia en pantalla venida desde Ucrania

La ópera prima de Marysia Nikitiuk, colocada en la sección Nuevas Olas, se desenvuelve en torno al personaje de Vitska, una niña de cinco años, su prima Larysa (una Anastasiia Pustovit que brilla con luz propia, tanto en la parte más física como en la contención de su personaje) y el novio de esta, Scar, un joven con mala reputación.

Todo dará comienzo cuando tras la muerte del padre de Larysa, la joven desaparece para comenzar una nueva vida junto a Scar, decisión que no aprueban ni su abuela ni la gran mayoría del pueblo donde habita. A partir de ahí arrancará todo un thriller de decisiones emocionales, impulsivas e incluso forzadas donde Vitska será el punto de unión e inocencia.

When the trees fall acierta a dibujar un drama con una magia especial, narrado con encanto, ternura y rabia, y dirigido con el pulso de un cirujano, alternando entre géneros para cocinar un plato delicioso tanto en envoltura como en sabor.

Tan profunda en sus decisiones y en las formas de actuar de su protagonista, como tensa en las situaciones generadas, When the trees fall es una cinta difícil de encuadrar y calificar. A ratos sensorial, explorando los cuerpos, los espacios y las emociones, y a ratos mucho más física, girando hacia el mencionado thriller.

De cualquiera de las maneras, la cinta ucraniana es un debut más que notable, que además deja un ligero recuerdo a las Bodas de Sangre de Federico García Lorca, y a esas sensaciones visuales que evocara hace un par de años la española Paula Ortiz en La Novia.

En definitiva, un prodigio sutil y pequeño en escala, pero que brilla como un diamante cada vez que se le presenta la oportunidad. Una de las mejores cintas de las Nuevas Olas en esta edición número 15 del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Atardecer: László Nemes deslumbra en Sevilla

Ganadora del premio FIPRESCI (premio otorgado por la crítica) en el pasado Festival de Venezia, Atardecer llegaba a Sevilla con las expectativas por las nubes y la promesa de ser una de las grandes favoritas al Giraldillo de Oro. Y como era de esperar, la cinta de László Nemes no dejó a nadie indiferente.

La cinta húngara del ganador de un Óscar a Mejor Película de Habla no inglesa por El Hijo de Saúl es una verdadera obra de artesanía. Tan calmada y paciente como incisiva, la película se envuelve a sí misma en un aura de misterio casi místico. Una obra agotadora en la que la amenaza se siente presente a cada segundo.

Consistente a la vez que asfixiante, László Nemes firma una cinta tan especial como singular, que va creciendo en escala a medida que avanzan los minutos. Rodada con el pulso de un maestro, Nemes pega de nuevo la cámara al rostro (y la espalda) de su protagonista, bañándola de luz con una fotografía cálida, bella y acogedora.

Juli Jakab logra una estupenda actuación en Atardecer, aguantando los primeros planos con la seguridad de una veterana, dibujando un personaje tan tierno y vulnerable como nerviosamente salvaje, con un tercio final donde sus ojos se tornan en depredación pura.

Sin embargo, Atardecer lo tiene todo para ser una de esas obras que dividen radicalmente a los espectadores, según cómo la esperen y reciban. Para quienes ya sean conscientes del estilo de Nemes, aguantar el ritmo pausado y abrumador sin rendirse no será ningún problema, pero para quienes quizás vayan de nuevas, la experiencia puede convertirse en pura desesperación.

Una obra completamente única y especial, para lo bueno y para lo malo.

Young and Alive: Dándole voz a la Francia más joven

Premiada también en Locarno, el documental francés de Matthieu Bareyre nos coloca en los meses posteriores a las tragedias sucedidas en París hace tan solo un par de años, donde se acumularon casos como el ataque a Charlie Hebdo o la masacre de Bataclan. Con los jóvenes tomando las calles en mitad de la noche buscando respuestas a las preguntas de su propia existencia, Young and Alive presenta a una serie de personas con ideas y valores decididos, dialogando con la solidez necesaria para algún día liderar esa revolución que tanto ansían.

Con la juventud parisina saliendo a escena, Bareyre ofrece su cámara a todos aquellos con algo que decir, acogiendo discursos y reflexiones en las que se alza la voz sobre la política, la raza, la economía, la educación, las revueltas sociales o el sentimiento de pertenencia a una nación y a los supuestos valores implícitos en ella.

Un ejercicio más que correcto que genera todo un escaparate para vislumbrar de primera mano los puntos de unión (y las confrontaciones) de toda una nueva generación, además de retratar de manera artística esas noches de locura juvenil en la París más trasnochadora.

Young and Alive es un documental que hablará mucho más (y mejor) a quienes, por cuestiones de edad o sentimiento, compartan reflexiones con sus personajes. O para todos aquellos que deseen comprender de manera ligera y entretenida el sentir de todo un rango de edad habitualmente no muy expresivo fuera de las redes sociales.

Anna’s War: La supervivencia claustrofóbica

La cinta rusa dirigida por Aleksey Fedorchenko nos narra la historia de supervivencia de Anna, una niña judía que tras morir sus padres a manos de los nazis, se ve obligada a sobrevivir, escondida durante semanas en la chimenea en desuso de una oficina nazi. Desde ahí, la chica verá cómo pasan los días, esperando la ansiada liberación de la ciudad.

Fragmentada en sus formas y claustrofóbica en sus espacios, Anna’s War es una cinta que narra y expande su historia a base de pequeñas píldoras, contadas de manera individual, con las penurias soportadas y el deseo de supervivencia como nexo común de todas ellas.

Una obra pequeña en escala pero intensa en lo emocional, colocándonos al lado de la niña durante unos (agradecidos) 75 minutos de duración, que pese a que pueden llegar a pesar ligeramente por la repetición de su formato, se mantienen lo suficientemente firmes como para no suponer un impedimento a la hora de disfrutar de la cinta.

Lemonade: El abuso de poder en la América más oportunista

La película rumana dirigida por Ioana Uricaru puede que sea la obra que más enfrentamiento genera en mi cabeza, dejándome sin unas conclusiones claras a la hora de decidir si es tan sobresaliente como apuntan algunas de sus escenas, o simplemente correcta, como incitan a pensar algunas de sus decisiones.

Devastadora en su narración, Lemonade cuenta la odisea por la que tiene que pasar Mara, una madre soltera de origen rumano, para conseguir los papeles de residencia en Estados Unidos junto a su hijo (esa famosa green card). Recién casada con Daniel, un hombre al que conoció en su trabajo de cuidadora, Mara solicitará los trámites correspondientes para darse de bruces con la realidad de la corrupción y los abusos de poder por parte de las autoridades.

Una crítica relevante casi en cualquier período de las últimas décadas, que se siente aún más actual con la conocida situación reciente de los Estados Unidos, un país gobernado por el desconcierto y la inseguridad desde hace ya varios años.

Con varias escenas sobresalientes, crudas y bien ejecutadas que muestran la manipulación y el chantaje llevado a su máxima expresión, pienso en concreto en esa escena de coche tan bien rodada y guionizada a la hora de escoger los puntos fuertes de la cinta.

De igual manera, ciertas decisiones finales tan oportunas como difícilmente creíbles y algún que otro desarrollo de personaje poco explotado hacen dudar de la solidez general de la cinta, viéndose más como una torre agitable tras un poco de reflexión post visionado que como un verdadero fortín inderrumbable.

Sea como sea, dichas dudas en cuanto a su solidez no cambian para nada el que Lemonade sea una de las cintas más interesantes, controvertidas, agitadas y actuales del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

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