El final del Festival de Cine Europeo de Sevilla empieza a asimilarse con un penúltima jornada tan tranquila como destacada donde pudimos disfrutar de dos películas tan notables como distintas entre ellas (Girl y Mektoub, My Love: Canto Uno) y una pequeña decepción (What You Gonna Do When The World’s On Fire?) para no perder la costumbre en una edición ya marcada por la irregularidad de sus propuestas.

What You Gonna Do When The World’s On Fire: el discurso racial en la América sureña.

Recibiendo hasta 5 premios en el pasado Festival de Venezia, la nueva cinta de Roberto Minervini llegaba a Sevilla como una gran promesa, pero envuelta en la incógnita de hasta dónde llegaría y cuánto habría de revolucionario en el discurso de la obra, siendo un documental.

Con el verano de 2017 como línea temporal, What You Gonna Do When The World’s On Fire? sigue a varias personas de la comunidad negra en el sur de una América removida por los asesinatos de varias personas negras.

Una obra visualmente excelente en su blanco y negro

La cinta italiana comienza de manera prometedora, presentándonos tres situaciones que pueden llegar a generar el interés necesario en el espectador: una mujer completamente convencida de sí misma y con el carisma suficiente para engancharnos en su discurso, una pareja de hermanos, y una serie de personas negras asociadas para organizar protestas con las que visibilizar el Black-Power y los asesinatos cometidos.

Es quizás la historia de los hermanos la que más llega al espectador, con una relación protectora y tierna además de esa sensación de inseguridad y a la vez de confianza que les trasmite su madre.

Pese a lo relevante de los temas que toca (del mencionado tema racial a los abusos sexuales o la violencia policial), What You Gonna Do When The World’s On Fire? es un documental que resulta repetitivo en su mensaje, incidiendo una y otra vez en las mismas conclusiones. Una obra visualmente excelente en su blanco y negro, pero que no se beneficia de ninguna manera de tener un metraje de dos horas, ocasionando un ritmo excesivamente pausado y convirtiéndose en un visionado difícil y cansado.

MektoubGirl: el debut soñado de Lukas Dhont.

Proclamada como la gran revelación europea del año y consiguiendo la Cámara de Oro del último Festival de Cannes para su director, Lukas Dhont, Girl es una cinta de esas que demuestran en cada escena el respeto y cariño que le tiene a sus personajes, pese a todas las dificultades en las que pueda ponerlos el guión.

Girl narra la historia de Lara, una chica de 15 años que continúa atrapada en un cuerpo de chico, aún pendiente de poder comenzar su tratamiento hormonal para la reasignación de sexo. Con el sueño de ser bailarina profesional de ballet como meta, Lara llevará su cuerpo hasta el límite, lidiando a la vez con momentos propios de un coming-of-age adolescente.

la ópera prima de Lukas Dhont es un infierno interior rodeado de calidez y amabilidad

Tan delicada y contenida en sus formas como atrevida y convencida en su final, la ópera prima de Lukas Dhont es un infierno interior rodeado de calidez y amabilidad para un personaje incapaz de adecuarse a su cuerpo, por más que casi todo su entorno le vaya a favor (no faltarán las habituales dosis de bullying en relatos con temas similares, pese a que aquí ese impulso externo esté mucho más minimizado en cuanto a cantidad).

Además de su desarrollo y del retrato tan honesto que realiza de su protagonista, lo que verdaderamente conquista en Girl es la fuerza y consistencia con la que asesta un golpe final tan desolador como verosímil. Un desenlace que se va gestando a lo largo de la cinta, y cuya realización es la única vía esperable para un personaje tan incapaz de convivir con el cuerpo en el que vive atrapado.

Si la cinta consigue ser tan redonda es en gran parte gracias al trabajo de un Victor Polster que se deja la piel en un viaje cuyo destino no es otro que levantar un personaje hundido en la cárcel de su propia figura, incapaz de soportar el día a día pese al apoyo recibido por muchas de las partes implicadas, desde su padre hasta los médicos o la profesora de baile. Una actuación totalmente incontestable, fabricando una Lara tan compleja como empatizable.

De la labor en la dirección de Lukas Dhont, poco queda ya que decir. El pulso y la calma con la que el autor belga rueda cada secuencia son merecedoras de todos los halagos recibidos. Un auténtico ejercicio de tacto y consideración, que sin regodearse en el drama, filma con cariño, control, cercanía y crudeza un tema en el que otros tantos se habrían deleitado en explicitar.

Una obra que en poco menos de un mes, estará presente en los Premios del Cine Europeo, dispuesta a dar la sorpresa en el esperado por muchos paseo militar de la polaca Cold War.

MektoubMektoub, My Love, Canto Uno: Abdellatif Kechiche y el deleite en la belleza.

Tras la icónica y exitosa La Vida de Adèle, ganadora en 2013 de la Palma de Oro en Cannes, Abdellatif Kechiche vuelve tras cuatro años en blanco con Mektoub, My Love: Canto Uno, primera parte de una trilogía que adapta la novela La Blessure, la vraie del escritor francés François Bégaudeau.

Mektoub sigue la historia de Amin, un joven aspirante a guionista y aficionado a la fotografía que durante el verano escapa de la metropolis parisina para volver a casa, en un pequeño pueblo de la costa francesa. Allí se reencontrará con Tony, su primo, y Ophélie, su mejor amiga. Además, no faltarán una serie de figuras femeninas llegadas al pueblo para las vacaciones de verano, con quienes Amin y su primo no tardarán en conectar.

Un conjunto de figuras egoístas vestidas de locura, juventud y fogosidad

El Mektoub (significa destino en árabe) de Abdellatif Kechiche es la oportunidad del cineasta tunecino para enfrentar un viaje personal a la fugacidad de la juventud, narrándolo de la forma que mejor sabe: un continuo desfile de cuerpos retratados con deleite y voyeurismo, enmarcados en una constante corriente de fiestas, conversaciones y confesiones.

Con Mektoub, My Love: Canto Uno, Kechiche construye una delicia de culebrón a la europea que se dedica a colocar la primera piedra de una catedral que solo será verdaderamente admirable cuando esté construida, limitándonos por el momento a presentar el entorno, las relaciones y los enredos que prometen ir resolviéndose en las dos próximas partes (ya rodadas) de la trilogía.

Fascinante resulta el elenco de personajes (en el sentido más jocoso de la palabra) que dibuja Kechiche. Un conjunto de figuras egoístas vestidas de locura, juventud y fogosidad, que no dudarán a la hora de sacar provecho en cada oportunidad que se les presente. Un sálvese quien pueda de manual donde su protagonista parece ser el único rayo de luz entre tanta nube dispersa.

nueva muestra de poderío visual

Una obra que, salvando las distancias, me recuerda a esa trilogía del amanecer orquestada por el estadounidense Richard Linklater; pero despojada de toda su filosofía y profundidad para ser reemplazada por un mar de sirenas cuya voz no deja de cantar, y un protagonista tan inocente como embobado por lo que ve.

Solo queda esperar a las siguientes entregas para poder disfrutar en su plenitud de esta nueva muestra de poderío visual en el cine de un cineasta tan singular en sus decisiones como controvertido en sus formas. Seremos muchos quienes sigamos reivindicando el virtuosismo carnal y casi recreativo de su cine. Y que el Mektoub nos depare lo que deba.

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