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Nacida en Madrid, con estudios de Imagen y Sonido en la Universidad Complutense y una Erasmus en el departamento de estudios cinematográficos de la Universidad de Paris 8, el de Almudena Carracedo es uno de esos muchos nombres prácticamente invisibles para las masas, pero que no hacen más que destacar con cada proyecto en que se embarcan.

Dando sus primeros pasos profesionales en el mundo de la televisión, no tardó en darse cuenta de cuál era verdaderamente su aspiración. «Empecé a trabajar en 40TV de realizadora y luego en Gran Hermano. Fue una experiencia brutal y aprendí muchísimo. Con ese dinero me compré una cámara y escapé, porque no quería hacer Gran Hermano 13. Le debo mucho a ese programa. Estábamos realizando y cambiando cámaras en directo, a nivel profesional, pero también me enseñó que quería hacer algo que significara más».

Fue ahí cuando se marchó a Estados Unidos, y no a una de esas universidades perdidas en Estados olvidados, sino a la meca de la industria: California. «Me fui a estudiar a la escuela de cine en UCLA (University of California, Los Angeles), pensando que iba a quedarme un año, y al final fueron 12». Lo que parecía una estancia estudiantil, terminó convirtiéndose en el germen de una carrera por entonces incipiente, con el primer gran reconocimiento a su obra. «Allí hice un cortometraje y salté a Made in LA, que se llevó un Emmy. Fue esto que trabajas en plan guerrilla durante años, y luego la película funciona porque tiene ese corazón dentro que se nota cuando las películas se hacen con amor».

Diez años después de aquel premio, recibido junto a Robert Bahar, con quien además de lo creativo comparte su vida, Almudena acudió al pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla para presentarnos su último proyecto: El silencio de otros, un documental rodado a lo largo de siete años que sigue a las víctimas y supervivientes del régimen franquista en su lucha por impulsar la Querella Argentina, con la intención de hacer justicia de una vez por todas sobre los crímenes cometidos y olvidados de manera oficial por un gobierno dispuesto a callar como método para pasar página.

Sin embargo, el proyecto tuvo su origen con otro caso polémico, surgido hace ya ocho años. «Todo empezó en el 2010, cuando salieron los casos de bebés robados en España. Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que teníamos que hacer esto. Habíamos hecho un documental sobre la lucha de las mujeres indocumentadas en Los Angeles, y realmente sentimos que nos tocaba esto. Yo como española tengo una cuenta pendiente con este tema».

Almudena Carracedo

Un gran proyecto

Tras ese inicio, el proyecto dio un giro inesperado con la llegada de la Querella Argentina. «Cuando nos mudamos a España [vivía en Los Angeles por aquel entonces], nos encontramos con la Querella Argentina, y nos dimos cuenta de que era una oportunidad muy bonita para poder contar esta historia, en presente, porque creo que la gente está muy cansada del documental histórico. Podíamos contarla desde ese sufrimiento diario de las víctimas, en la España de hoy».

Fue en 2012 cuando el documental comenzó a tomar forma, encaminándose a convertirse en el relato que finalmente ha constituido. «Aunque se había interpuesto en el 2010, [la querella] estuvo dos años bastante paralizada, hasta que en el 2012 se genera un movimiento social. Ahí empezamos nosotros a grabar, en las primeras reuniones. Empezamos a documentar la gestación de ese movimiento social a favor de la querella, que luego se abrió a muchos otros colectivos en favor de la memoria».

La magnitud del proyecto, tanto a escala temporal como económica (había que financiar siete años de trabajo), implicó su planteamiento como una coproducción a nivel internacional. «Siempre planteamos las producciones así [internacionalmente], no solo por financiación. Desde el punto de vista creativo, a nosotros nos encanta recibir feedback. Antes de que tú veas esto, lo han visto cien personas de diferentes países para dar su opinión de qué falta o qué no falta. Solamente escuchando puedes crear algo con muchísimas capas y muy complejo. Hay un rigor detrás de la película que lleva mucho trabajo, pero que es muy importante para nosotros».

¿La dificultad añadida de esto? Muy simple. Conseguir que tantas entidades diferentes confíen en el proyecto, aportando financiación. «Empezamos con la ayuda al desarrollo del Sundance Institute, de la televisión pública de Estados Unidos [la PBS], y de alguna entidad más. Nuestro documental anterior se había mostrado allí, y vivíamos en USA. Yo llevaba 12 años allí». Con algo de apoyo con el que dar inicio, llegó el período más exigente. «Entre desarrollo y dinero de producción, hay todo un momento en medio donde tienes que grabar mucho para mostrar lo que tienes y que te den producción. Escribimos 95 subvenciones. Conseguimos 15 ayudas grandes, de diferentes entidades europeas y de Estados Unidos con las que hemos hecho la película. Ha sido un trabajo de buscar debajo de las piedras para poder financiar 7 años de trabajo con un equipo al que pagar. Porque bueno, muchas veces la gente se cree eso de, son hobbies y tal, y no… la gente tiene que cobrar por su trabajo para poder hacer productos de calidad y producciones que funcionen».

El equipo, limitado durante el rodaje a prácticamente dos personas, se amplió a posteriori para la tarea de montaje. «Esencialmente somos Robert [Bahar, codirector de la película] y yo. Yo hago la cámara y Robert hace el sonido. Esa intimidad que se ve en la película, realmente es porque somos dos en el rodaje. Es un proceso de crear confianza y esa relación más íntima con los personajes. Por eso, cuando los personajes hablan, son seres reales de carne y hueso. Están hablando conmigo, y eso se nota. Salta de la pantalla al espectador. Luego, ya en la fase de montaje, teníamos un equipo».

Con más de 450 horas rodadas, resulta sencillo imaginar el por qué de ampliar el equipo a la hora de afrontar el mayor reto técnico de cualquier documental: la selección. «En el montaje es donde se cuenta la historia. En un documental, tu no tienes un guion preestablecido. Se va haciendo a medida que vas grabando, vas avanzando, vas contando la historia, viendo los personajes… El mayor reto ha sido seleccionar los 90 mejores minutos. Antes del montaje, un ayudante estuvo un año catalogando todo el material. Todo lo que tenemos está documentado. Cada frase que se dice en el documental está escrita. Sabemos que lo mejor es lo que está en la película, o incluso lo que mejor podía funcionar, porque también ha sido muy difícil. Mucha gente que grabamos y seguimos sus historias, no han entrado de manera completa en la película. Todos los personajes simbolizan una causa más grande que ellos mismos. El reto ha sido poder hilar todo esto de una manera coherente y que funcione».

Almudena Carracedo

Un gran documental

Como todo trabajo tiene sus frutos, la recompensa no pudo ser mayor desde el día de su estreno en la Berlinale, uno de los cuatro grandes festivales del circuito cinematográfico internacional, donde se alzó con el Premio del Público y el Premio por la Paz. «Hemos estado en 45 festivales. Hemos ido a casi todos. O nosotros, o los protagonistas. En Berlín cuando se estrenó eramos 24 en el escenario, entre equipo y protagonistas. Hubo una ovación. Fue súper emocionante. La gente se abrazaba llorando. Los premios del público, para mí siempre son los más bonitos. Además, la película se llevó también el premio del cine de la paz. El premio más activista entre comillas, y el de un público [el de Berlín] que suele ser un poco especial. La ceremonia de entrega era a la misma hora del mismo día, en dos sitios distintos, porque no se esperaban eso. Como éramos dos, nos dividimos».

Clave para esta etapa de exhibición ha sido el apoyo de El Deseo, la productora de los hermanos Almodóvar. «El apoyo de El Deseo ha sido precioso, porque realmente vino a poner un sello de aprobación a una película que ya de por sí era muy internacional. Somos coproducción internacional, pero que aunque la película fuera a funcionar fuera, queríamos dejar claro que es una película con corazón español. Ellos entraron para eso. Para esta fase que estamos haciendo de conversar, dialogar, generar diálogo».

Uno de los grandes encantos del documental y que además le permiten diferenciarse de toda una serie de obras construidas en torno a la explicación y la saturación de información, es su decidido carácter cercano e intimista, dejando todo el protagonismo a las palabras de unos protagonistas que viajan por sus recuerdos, soltando sin dudarlo toda la emoción contenida en dichas memorias. «Queríamos tratar el tema, pero no a través del tema, sino a través de los personajes, porque nuestro objetivo era precisamente que el publico pudiera sentirse en la piel de los personajes y experimentar con ellos esa vivencia a lo largo de los años. Son 6 años de grabación, es decir… vivir con ellos los momentos de alegría, los de fracaso. Saber qué ocurre cuando llevas tanto tiempo luchando».

El resultado, sin embargo, no se consiguió de la noche al día. «Montamos un año y medio, pero a los seis meses nos dimos cuenta de que teníamos una película muy bonita, muy impresionista, pero que la gente no entendía. Y como la gente no entendía la lucha, no podía empatizar. Nos dimos cuenta que teníamos que introducir contexto, y ese era el reto. Cómo introducir el mínimo contexto posible para la que la película funcionara y no aburriera, pero que al mismo tiempo pudiera proporcionar lo necesario para entenderla. Por eso ha sido tanto tiempo de trabajo en el montaje, para que las partes de contexto, las partes del cine directo con los personajes, los momentos de reflexión y de respirar, pudieran funcionar como un todo».

Con un carácter marcadamente educativo desde lo emocional, El silencio de otros consigue una conexión instantánea con el espectador, sin necesidad de forzarla insistentemente. Aquí, todo fluye de manera ininterrumpida a través de las vivencias de aquellos que aportan su voz y su recuerdo a la causa. «Lo bonito de estas películas es que funcionen y consigan traspasar las barreras de un discurso que hemos mamado desde pequeños, para crear una conversación basada en la humanidad, en esta idea tan importante de si fueras tú, si tuvieras a tu abuelo bajo una carretera, si a ti te hubieran torturado a los 24 años mientras organizabas protestas en la calle por luchar por algo que hoy son derechos fundamentales tan básicos como la democracia, ¿no querrías que se hiciera justicia contra las personas culpables?”.

Ese fue precisamente el enfoque desde el que las propias víctimas accedieron a narrar la historia, mostrando la verdadera importancia y peso que conlleva el convivir durante decenas de años con esas heridas abiertas. «Este discurso de cerrar heridas se produce desde un lado. Las víctimas dicen: no vamos a abrir heridas, las heridas están abiertas. Para miles y miles de personas. Lo que queremos es cerrarlas, y para ello tenemos que encontrar a nuestros abuelos, a nuestros hijos… tenemos que ver que se pone en un juicio a la persona que me torturó. Entonces podremos decidir si cerramos o no. Pero no podemos pasar la página sin leerla».

Otro de los grandes hitos de la obra es la de conseguir desarrollar un tejido histórico totalmente imprescindible para los ciudadanos de un país como España, haciendo hincapié en esa etapa negra de nuestro pasado más reciente, y llegando hasta un público que quizás no había sido expuesto aún a él. «Para nosotros, el público joven siempre fue uno de los objetivos, pero hasta que no hemos salido con la película, no nos hemos dado cuenta de lo bien que funciona con ellos. Después de las proyecciones, la gente me viene llorando, muy indignada, diciendo que les habían robado la historia. Otra gente, sintiéndose muy culpable. Y yo decía, bueno, pero es que no es culpa tuya. Si no te lo han contado en el colegio, si no te lo han contado en tu familia, si no te lo han contado en la calle… ¿cómo vas a imaginar que este pasado existe? Ahora que ya lo sabes, está en tus hombros esa responsabilidad. Os entregamos la película para que seáis vosotros los que toméis el testigo. Sois vosotros los que tenéis que luchar para que vuestro país consiga lidiar con todo esto».

Almudena Carracedo

El silencio de otros

Dejando atrás ya su concepción, y con la cabeza puesta en la etapa de difusión del proyecto, a El silencio de otros le quedan por delante unos meses tan agotadores como apasionantes y en los que Sevilla será un escenario mágico, con la inminente gala de los Premios del Cine Europeo, donde está nominado en la categoría de Mejor documental; y una temporada de premios nacional que culminará también aquí, con los Premios Goya del próximo 2 de febrero, en los que visto lo sucedido hasta el momento y la repercusión conseguida, pese a no conocerse aún las nominaciones, no es difícil vaticinar que partirá como el gran favorito. «Los premios son siempre una lotería. Para nosotros, ayudan mucho a conseguir público mas allá de tus audiencias preestablecidas, porque nuestro objetivo es llegar más allá de la gente convencida, a la gente con un corazón muy bueno, pero a la que a lo mejor siempre se le ha repetido esto del olvido. Cuando nos dieron el Emmy [por Made in LA], lo primero que pasó por mi cabeza fue, qué bonito, qué bien le va a ir a la película para llegar a más gente. Esto son los premios para nosotros, con toda la humildad del mundo. Son muy bonitos para poder llegar mas allá, a más gente».

En esta labor de difusión, no solo de premios espera vivir el documental. «Si no llegan, seguiremos luchando. El camino de la película en España ha empezado, y queda todavía mucho camino por delante. Queda un año de ir pueblo a pueblo, colegio a colegio, instituto a instituto, ayuntamiento a ayuntamiento… queda todo ese trabajo de hormiguita», comenta Almudena Carracedo con el brillo en los ojos de poder acompañar a su obra en sus primeros meses de vida, sin gastar ni un ápice de energía en lo que pueda venir después. «No podemos ni pensar en otros proyectos. Pero además está bien que así sea. Es una responsabilidad. Has parido a la criatura y ahora tu responsabilidad es ayudarla a caminar. En un año, cuando la película ya camine por su propio pie, ahí nos moveremos a la siguiente. Pero ya sabes que nosotros somos de largo recorrido, de un proceso lento, cocinamos al horno… muy poquito a poco. Cuando se geste la siguiente, volveremos aquí en diez años» concluía entre risas.

Con la esperanza puesta en que todo continúe, como mínimo tan bien como hasta ahora; Almudena Carracedo, Robert Bahar y el resto del equipo de El silencio de otros afrontan el futuro con el mismo optimismo con que concluyen su largometraje. «La película termina con esperanza, porque todos la tenemos. Los protagonistas tenían esperanza cuando nadie les hacia ni caso. Ahora, muchísimo más. Tenemos la esperanza de que pueda contribuir como una herramienta más a esta conversación tan necesaria y tan urgente, para esa lucha que las víctimas llevan tantísimo tiempo haciendo».

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