Ya en cartelera Oso vicioso
La nueva película de Elizabeth Banks llega a la cartelera española y aunque a muchos y muchas os parezca una historia absurda, esto pasó realmente y aquí os contamos cómo surge la fama de este oso que ingirió cocaína.
En. 1985 el narcotraficante Andrew C. Thornton realizaba traslados de droga desde Colombia a Estados Unidos. En un momento determinado y cómo hacían habitualmente arrojó aproximadamente 40 kilos de droga al bosque y posteriormente se lanzó él en paracaídas, pero lamentablemente este no se abrió y murió en el acto. Lo que encontraron las personas fue un gran oso negro al lado de los paquetes de cocaína, tras la autopsia el forense dictaminó que el oso solo había ingerido 3 ó como mucho 4 gramos y eso había provocado su muerte.
Esa fue la historia, rápida, sencilla y por lástima para el oso que al ingerir unos gramos, aunque muchos piensan que quizás también se tragó algún paquete, solo se dijo que fue por esos 4 gramos que encontraron en su sangre fue lo que provocó su muerte.
Hoy en día el oso negro al que llamaron Pablo EskoBear, fue disecado y se envió al centro de visitantes del Área recreativa Nacional del Río Chattahoochee (Sureste de Estados Unidos) y tiempo después lo trasladaron a Las Vegas. Actualmente se encuentra exhibido en el en un Centro Comercial de Kentucky en Lexington.
A raíz de esa loca historia también se comentó y se empezó con la búsqueda de los demás paquetes de droga que habían tirado del avión, muchos dicen que no se encontraron todos, otros desaparecieron misteriosamente. Y así es como nace esta historia que ha escrito Jimmy Warden y que ha dirigido Elizabeth Banks para llevarla a los cines.
Por último cabe destacar que la historia que se nos presenta en Oso Vicioso a pesar de estar basada en hechos reales, es completamente diferente, tratan de forma divertida el encuentro entre este oso negro y los paquetes de droga, también hay muchos personajes que ponen el toque divertido y con grandes escenas de acción que ponen el punto álgido a la película.








