Tres animes que demuestran que los polos opuestos funcionan

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Este verano he decidido sumergirme en series de instituto y me he encontrado viendo tres animes que, aunque cuentan historias muy diferentes, tienen un punto en común muy curioso: sus protagonistas parecen pertenecer a mundos completamente distintos. Sin embargo, en lugar de utilizar esa diferencia para generar conflictos artificiales, la convierten en el motor de relaciones muy naturales.

Quizá por eso funcionan tan bien.

©Shinichi Fukuda/SQUARE ENIX,Kisekoi Animation Committee

Cuando enamorarse también significa respetar las aficiones del otro

Si hay una serie que ha conquistado al público durante los últimos años es My Dress-Up Darling. He tardado en empezar a verla pero no cuesta entender por qué gusta tanto.

Visualmente sigue siendo una auténtica barbaridad. CloverWorks vuelve a demostrar un nivel de animación espectacular, con una fotografía muy luminosa, un uso excelente del color y una expresividad en los personajes que convierte hasta las conversaciones más sencillas en todo un gusto.

La segunda temporada, además, cambia ligeramente el enfoque. El cosplay sigue ocupando un pilar importante, pero ahora la historia dedica mucho más tiempo a desarrollar la relación entre Marin Kitagawa y Wakana Gojo. Además, deja más espacio a Gojo para darle más tridimensionalidad y autonomía.

Gojo nunca intenta cambiar a Marin. Marin tampoco pretende modificar las aficiones de Gojo. Al contrario. Ambos celebran aquello que apasiona al otro, respetando sus gustos. Es un mensaje sencillo, pero muy positivo: respeta a los demás y celebra lo que les hace feliz.

Eso sí, también hay que reconocer que el anime sigue abusando bastante del fanservice. Hay escenas que resultan muy divertidas en casa, pero probablemente no sean la mejor elección para ver tranquilamente en el autobús o en la sala de espera del médico. Forma parte de su identidad, aunque en ocasiones distrae de una historia que tiene bastante más que ofrecer.

Mención especial merece el doblaje en castellano, que vuelve a tener un nivel magnífico y hace que la serie se disfrute muchísimo.

©Kocha Agasawa/SHUEISHA, You and I Are Polar Opposites Committee

Declararse en el primer episodio también es una revolución

Mientras muchas comedias románticas siguen alargando la tensión durante temporadas enteras, You and I Are Polar Opposites hace algo inesperado: sus protagonistas se declaran prácticamente desde el principio. Parece un detalle pequeño, pero cambia completamente la estructura de la serie.

Suzuki es extrovertida, sociable y siempre intenta agradar a todo el mundo. Tani, por el contrario, vive completamente ajeno a la presión social. Esa diferencia genera situaciones muy divertidas, pero nunca cae en el dramatismo exagerado. En realidad, el anime habla de algo bastante cotidiano: aprender a comunicarse cuando cada persona entiende el mundo de forma distinta.

En lugar de preguntarse continuamente «¿saldrán juntos?», la serie explora cómo mantener una relación cuando ya existe un compromiso entre ambos. Es un cambio de perspectiva muy refrescante que hace que cada episodio avance de verdad y demuestra que no es necesario mantener la tensión romántica entre los protagonistas durante infinidad de episodios para seguir siendo interesantes. Creo que muchas series podrían tomar nota de ello

No sorprende que se haya convertido en una de las romcom mejor valoradas de este año ni que ya podamos ver el primer episodio de la segunda temporada.

©HERO, Daisuke Hagiwara/SQUARE ENIX, «Horimiya» Project

Las apariencias engañan

El tercer ejemplo perfecto es Horimiya. A primera vista parece la típica historia entre la chica perfecta del instituto y el chico reservado de la última fila. Sin embargo, basta un episodio para descubrir que ninguno de los dos es realmente quien aparenta ser.

Hori es responsable y popular en clase, pero en casa lleva prácticamente el peso de toda la familia. Miyamura parece un estudiante gris e introvertido, aunque fuera del instituto es una persona completamente distinta, llena de tatuajes, piercings y una personalidad mucho más abierta.

Lo bonito de Horimiya es que elimina muchos artificios habituales del género. La relación avanza con naturalidad y dedica mucho tiempo a mostrar la vida cotidiana del grupo de amigos. No busca grandes giros dramáticos. Simplemente deja que los personajes crezcan usando una animación que parece más madura que las dos anteriores..

Quizá esa sea la razón por la que estas nuevas comedias románticas están conectando tan bien con el público. Han dejado de utilizar las diferencias entre los protagonistas como un obstáculo para convertirlas en el motivo por el que la relación funciona.

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