Cuando empecé a ver anime –bueno, cuando a empecé a verlo en serio, no cuando lo veía en la tele merendando–, una de las cosas que más me fascinó fue descubrir que Japón era capaz de hacer comedia de una forma completamente distinta a la que estaba acostumbrado. Excéntricas, absurdas... Eran series que terminaban en el cajón del "demasiado japonés para explicarlo"
Por aquella época...
Este verano he decidido sumergirme en series de instituto y me he encontrado viendo tres animes que, aunque cuentan historias muy diferentes, tienen un punto en común muy curioso: sus protagonistas parecen pertenecer a mundos completamente distintos. Sin embargo, en lugar de utilizar esa diferencia para generar conflictos artificiales, la convierten en el motor de relaciones muy naturales.
Quizá por eso funcionan tan bien.
Cuando enamorarse...