Cuando empecé a ver anime –bueno, cuando a empecé a verlo en serio, no cuando lo veía en la tele merendando–, una de las cosas que más me fascinó fue descubrir que Japón era capaz de hacer comedia de una forma completamente distinta a la que estaba acostumbrado. Excéntricas, absurdas… Eran series que terminaban en el cajón del «demasiado japonés para explicarlo»
Por aquella época descubrí series como Azumanga Daioh, Excel Saga, Bobobo-bo Bo-bobo o, un poco más tarde, Nichijou. Eran animes que parecían vivir en una realidad paralela donde cualquier conversación podía acabar con una explosión, un ciervo luchando contra un profesor o un chiste que no tenía absolutamente ningún sentido.
Pero ahi estaba la gracia.
Durante bastante tiempo tuve la sensación de que ese tipo de humor, concretamente el de Azumanga o Nichijou, había desaparecido. Seguían existiendo grandes comedias, por supuesto, pero costaba encontrar ese equilibrio entre lo cotidiano y lo completamente absurdo.
Por suerte, en los últimos años parece que el género está volviendo poco a poco.

Lo importante no es el chiste, sino cómo se cuenta
Lo curioso de estas series es que muchas veces ni siquiera tienen una gran historia detrás. Su verdadero atractivo está en los personajes y en cómo reaccionan ante situaciones completamente normales… o completamente imposibles.
Uno de los mejores ejemplos sigue siendo Asobi Asobase.
Desde el primer gag reconocí la serie parecía la heredera espiritual de Azumanga. Sobre el papel parece una inocente comedia escolar protagonizada por tres estudiantes que crean un club para pasar el rato jugando. Cinco minutos después descubres que probablemente estés viendo una de las series más caóticas que ha dado el anime moderno. Las expresiones faciales imposibles, los gritos, los cambios de tono y el ritmo de los gags convierten cualquier episodio en una montaña rusa. No es casualidad que muchos aficionados la sigan considerando una de las mejores comedias de los últimos años. Además de tener una animación muy cuidada, puede verse en Crunchyroll en España.

Algo parecido ocurre con CITY The Animation.
Quizá sea el estreno que más ilusión me hace dentro de este tipo de humor. Adapta el manga de Keiichi Arawi, el mismo autor de Nichijou y eso se nota desde el primer minuto. La ciudad se convierte en un escenario donde decenas de personajes cruzan constantemente sus historias, mezclando humor absurdo, pequeños momentos cotidianos y situaciones que empiezan siendo normales para terminar completamente fuera de control. Todo con un ritmo aceleradísimo y una animación completamente cuqui. Es de esas series que empiezas a verla y tuerces la cara por que no entiendes nada de lo que está pasando, pero una vez pasas ese bache, lo disfrutas a más no poder. Esta podemos verla doblada y en Prime Video.

Cuando la ansiedad social también puede ser divertidísima
No es la primera vez que la recomiendo, pero quizá el mejor ejemplo de cómo ha evolucionado este tipo de comedia sea Bocchi the Rock!. Porque sí, es una serie musical. Pero también es una de las comedias más imaginativas de los últimos años.
La protagonista, Hitori Gotoh, sufre una ansiedad social tan exagerada que la propia animación cambia constantemente para representar lo que pasa por su cabeza. De repente aparecen marionetas, animación en plastilina, imágenes reales, modelos 3D o dibujos infantiles. Cualquier recurso sirve para mostrar el caos mental de Bocchi ante una situación social complicadísima para ella. Como ir a preguntar una dirección.
Lo curioso es que toda esa locura visual nunca tapa el verdadero corazón de la serie. Debajo de cada chiste sigue habiendo una historia sobre hacer amigos, superar inseguridades y encontrar un sitio donde sentirse cómodo. De esas series que se te instalan dentro a vivir.
Y quizá por eso terminó convirtiéndose en uno de los grandes fenómenos recientes del anime, ganando incluso varios Crunchyroll Anime Awards.

Profesores, monstruos y el caos del día a día
Otra serie que me sorprendió bastante fue A Terrified Teacher at Ghoul School!. La premisa ya es maravillosa: un profesor extremadamente miedoso descubre que el colegio donde acaba de empezar a trabajar está lleno de yokais y criaturas sobrenaturales. No es que tenga criaturas y fantasmas, es que es una escuela dedicada a enseñar cosas a estos.
Lo interesante es que, en lugar de centrarse en la acción, utiliza esa idea para construir una comedia escolar de lo más disparatada. Los monstruos terminan comportándose como adolescentes normales y el auténtico problema acaba siendo el pobre profesor intentando sobrevivir a un día más de clase. Es una de esas series que demuestra que el humor absurdo no necesita grandes explosiones. A veces basta con colocar al personaje menos preparado posible en el peor lugar imaginable.

Un género que nunca desapareció
Curiosamente, cuanto más investigo sobre este tipo de series, más me doy cuenta de que nunca llegaron a desaparecer del todo. Fueron cambiando. Antes predominaban producciones completamente desatadas como Excel Saga, Bobobo-bo Bo-bobo o Lucky Star, donde prácticamente no existían límites.
Ahora el humor suele estar un poco más contenido. Sigue siendo absurdo, pero normalmente nace de personajes muy bien construidos. Bocchi the Rock! utiliza las interacciones sociales, CITY convierte la rutina en un espectáculo surrealista, Asobi Asobase exagera las pequeñas rivalidades adolescentes y A Terrified Teacher at Ghoul School! transforma una escuela de monstruos en una oficina cualquiera.
En el fondo todas hacen lo mismo que hacía Azumanga Daioh hace más de veinte años: demostrar que la vida cotidiana puede ser muchísimo más divertida cuando alguien decide mirar la realidad desde un ángulo completamente imposible.
No se trata solo de hacer reír, se trata de coger algo tan sencillo como una conversación entre amigos, una clase, un ensayo musical o un paseo por la ciudad… y convertirlo, durante veinte minutos, en el lugar más impredecible e importante del planeta.
Sinceramente, ojalá nunca deje de existir este tipo de anime. Porque cuando uno de estos consigue conectar contigo, las carcajadas llegan justo cuando menos las esperas. Y pocas cosas hay más divertidas que tener que pausar un episodio porque te estás riendo demasiado para seguir leyendo los subtítulos.





