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Un objetivo: los Juegos de Invierno

Eddie el Águila narra la historia real de Michael Edwards (Taron Egerton), un joven británico incapaz de sacarse de la cabeza la idea de ir a unos Juegos Olímpicos. Cuando está a punto de abandonar su sueño, Michael ve una oportunidad en el salto de esquí, una modalidad mucho más peligrosa que el esquí normal y para la cual no estaba preparado. Sin embargo, el objetivo de ir y participar en los Juegos olímpicos de Invierno fueron mucho más determinantes que el miedo al fracaso.

Desde el primer momento, la película se decanta por un recorrido particular, que respeta y homenajea hasta sus últimas consecuencias: una alabanza a la superación y al espíritu deportivo más idílico. Sin embargo, es en ese férreo respeto donde se perciben una serie de limitaciones que acaban despersonalizando al protagonista, concebido desde la brillantez y la perfección de valores y del que pocos defectos conocemos más allá de su testarudez.

Eddie el Águila

De esta forma, el núcleo sobre el que transita la narración acaba suponiendo un arma de doble filo. El guión consigue trazar los rasgos más característicos del personaje principal, de forma que el espectador pueda congeniar con su historia con bastante facilidad. Michael es un hombre inocente, crédulo, trabajador y, sobre todo, muy soñador. Su objetivo de participar en unos Juegos son los que motivan y fundamentan sus decisiones, todas ellas en la línea del deportista ideal, de aquel que nunca se rinde. Y es en este punto en donde la obra más podía haber despuntado y no lo hizo, mostrando esa doble realidad oculta tras el mundo del deporte de competición. En Eddie el Águila, los escasos trazos oscuros o negativos quedan en todo momento eclipsados por la sonrisa de un protagonista incombustible, alejándose un poco de la realidad.

En el otro extremo, el personaje al que encarna Hugh Jackman representa el fracaso, el ostracismo y el no haber estado a la altura de lo esperado. Su presencia es de vital importancia para entender el desarrollo del protagonista, cómo avanza en su objetivo y, por otro lado, recrear el otro lado de superación que intenta plasmar el film. Por último, uno no puede olvidarse de las escenas deportivas, sin duda el mejor apartado de la película, haciendo gala de una dirección y un desarrollo francamente impresionante. Eddie el Águila despierta de su letargo cuando el protagonista echa a volar, y eso, en un biopic deportivo, es un aspecto positivo a destacar. Por cierto, la aparición de Christopher Walken, resulta simplemente maravillosa.

Eddie el Águila

En definitiva, Eddie el Águila encuentra la gloria regocijándose en el ideal de que cualquiera, con esfuerzo y dedicación, puede conseguir todo lo que se proponga. Un mensaje francamente positivo que, no obstante, no encuentra contrapeso alguno en la película. Michael es todo corazón, todo sentimiento, y no vacila en sus planteamientos ni un solo instante, convirtiendo el desarrollo narrativo en una consecución de escenas bastante previsible. En cualquier caso, este aspecto queda enormemente compensado por unas secuencias de acción de infarto, en donde los especialistas hacen un trabajo impecable a la hora de realizar los saltos. De este modo se tiñen de emoción e interés los minutos de una obra tan cabezona en su planteamiento idílico como cabezón es el protagonista con el salto de esquí.

Título original: Eddie the Eagle

Director: Dexter Fletcher

Reparto: Taron Egerton, Hugh Jackman y Christopher Walken.

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