Más que rock & roll
En pleno auge del postmodernismo, nadie vaticinó que una banda como Oasis, formada por un grupo de muchachos criados en los suburbios, pudiese llegar tan lejos. Pero lo hizo. A principios de los 90, Manchester fue cuna de una de las agrupaciones musicales más influyentes de la década, famosa por su mezcla de agresividad y tacto, su beligerancia discursiva y, posteriormente, por la propia conflictividad entre sus miembros. Canciones como Wonderwall, Don´t look back in Anger, o la propia Supersonic han marcado a toda la generación de jóvenes anterior a la irrupción de Internet y las redes sociales. Ahora, en un 2016 dominado por las nuevas tecnologías y la música comercial, Mat Whitecross recorre en 120 minutos de metraje el camino desde el desconocimiento absoluto hasta el salto a la fama mundial de Oasis. Una travesía no exenta de peleas, malentendidos, drogas y controversia.

Desde sus primeros compases, Supersonic ya supone toda una declaración de intenciones. Lejos de caer en el sentimentalismo o en el reciclaje de escenas, entrevistas y hechos ya conocidos, el documental va más allá a la hora de plantear las inquietudes de los miembros de la banda, en especial de dos: Liam y Noel Gallagher. La narración discurre a través de los dos hermanos, cada uno con una personalidad bien definida y fundamentada en numerosas declaraciones en el presente. Y es aquí donde reside su principal virtud: Supersonic no pretende presentar a la pareja de músicos como un ejemplo a seguir; al contrario, pone el foco en sus inseguridades, la rivalidad familiar y la mutua envidia. Un conjunto de encontronazos que acabaría desintegrando a la banda en 2008.
Además de tratar la trayectoria de Oasis propiamente dicha, desde su total intrascendencia hasta los conciertos de Knebworth, Whitecross ahonda en lo personal, en todo aquello que va intrínsecamente ligado a la vida de una estrella del rock. La conflictividad continua, el choque de egos, las relaciones interpersonales y familiares, la ambición y el desarrollo emocional de los músicos también goza del debido protagonismo, algo que, en ocasiones, entorpece ligeramente el ritmo del largometraje. Según qué pasajes han recibido una atención y cuidado excesivos, perdiendo el espectador perspectiva del relato que se nos presenta. Afortunadamente, estos momentos aparecen inmediatamente seguidos de una buena dosis de música, humor y espectacularidad, compensando enormemente los inevitables altibajos.

Mención aparte merece el montaje, sencillamente brillante y principal culpable de que no decaiga la atención ni se pierda el tono del documental. Una obra que, en definitiva, arroja luz sobre las sombras más desconocidas de la banda de Manchester. El amplio volumen de material audiovisual, desde vídeos caseros a puestas en escena poderosas, así como la variedad de interlocutores y declaraciones, componen un relato sencillo y convincente, de dentro hacia fuera, de lo general a lo más particular de la 13ª mejor banda de rock de la historia según la revista Rolling Stone. Supersonic es honesta con sus protagonistas y generosa con su audiencia, conformando un producto que no sólo agradecerán los fans, sino cualquier espectador con un mínimo de gusto musical y cultural.







