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Remake con más sombras que luces

Con apenas 20.000 dólares de presupuesto, El proyecto de la bruja de Blair (1999) arrasó en el imaginario colectivo de una generación. Sin ofrecer grandes alicientes técnicos ni narrativos, el falso documental dirigido por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, y promocionado bajo la etiqueta de historia real por Internet, levantó toda una ola de expectación e interés mundiales. Todo ello le ha valido la etiqueta de película de culto, sirviendo de inspiración para multitud de obras posteriores, entre ellas El libro de las sombras (2000) y esta Blair Witch, que si bien eleva el nivel de terror respecto a la famosa cinta del 99, comete exactamente los mismos errores.

Blair Witch

Por desgracia, poco o nada se puede esperar de una película de terror a nivel argumental hoy en día, y Blair Witch no pretende subvertir esa tendencia. En esta ocasión, la excusa para que un grupo de jóvenes se adentre en el bosque parte de la desaparición de la hermana del protagonista. Investigación policial concluida, el muchacho continúa creyendo ciegamente en su supervivencia, de modo que parten en su búsqueda para grabar, de paso, todo el proceso en un nuevo documental. Tras contactar con dos jóvenes locales, los seis implicados comienzan una aventura que, ¡sorpresa!, no acabará nada bien.

Las similitudes narrativas respecto a la original son más que evidentes, y en algunos momentos, chirrían. No obstante, si algo puede agradecerse de Blair Witch es su mejora respecto al ritmo. Al contrario que la anterior, en donde el montaje no era precisamente generoso con el espectador, Adam Wingard ofrece un producto más fresco y acorde con las nuevas audiencias. Blair Witch no se da un respiro a sí misma, algo que agradecerán los fans del género y lamentarán los nostálgicos, pues ese tono cuasi cutre de El proyecto de la bruja de Blair queda aquí prácticamente extinto en favor de un espectáculo terrorífico.

Blair Witch
Respecto al «nivel» de miedo en sí, los jump scares están a la orden del día, sobre todo en un tramo final francamente desenfrenado. Y es en este punto donde se deshilacha el escaso gusto narrativo de la cinta, pues es tal la obsesión por que el espectador maldiga la película que la historia cae en la más absoluta de las irrelevancias. Y todo sin mencionar incongruencias argumentales importantes, desde las motivaciones de los protagonistas hasta la naturaleza misma de la amenaza. Las interpretaciones, a excepción de Callie Hernández, tampoco están por la labor de honrar un género caído en desgracia a nivel artístico, y cuya presencia sólo se justifica por el cuantioso nivel de ingresos que genera.

En definitiva, Blair Witch cumple y hasta puede contentar al público más ávido de experiencias irritantes e insoportables. El nivel de decibelios entre susto y susto no regala un minuto de descanso al pulso cardíaco, y es en su ritmo en donde la película convence más. No obstante, valorándola a nivel estrictamente cinematográfico, como producto de una industria inevitablemente comercial, está muy lejos de pasar a la historia tal y como hizo El proyecto de la bruja de Blair, por mucho que trate de imitar punto por punto su estructura. Mejor montaje, mejores efectos, pero misma historia y peor sensación final.

Título original: Blair Witch.

Director: Adam Wingard.

Reparto: James Allen McCune, Callie Hernández, Corbin Reid, Brandon Scott, Wes Robinson, Valorie Curry.

perroOk

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