El acento canadiense de Hollywood

Este pasado viernes se estrenaba La llegada (Arrival), la última cinta de Denis Villeneuve. Como viene siendo habitual en su filmografía, la película protagonizada por Amy Adams y Jeremy Renner ha vuelto a ser un éxito de crítica y público, y su nominación a los Oscar ya se palpa en el ambiente. A estas alturas, nadie debería sorprenderse de que últimamente las obras del canadiense copen los puestos más altos entre las mejores películas del año, mostrándose particularmente experto en el manejo de los ritmos y del suspense. Un director que, a sus 49 años, ha pasado en muy poco tiempo del cine de autor más íntimo y personal de sus inicios a impulsar algunas de las joyas más interesantes del cine reciente.

Incendies
Incendies (2010) fue la película que dignificó a Villeneuve a nivel internacional

Aunque corta, la carrera de Villeneuve está llena de éxitos y alguna que otra polémica. Fue el caso de Polytechnique (2009), su tercer largometraje, que tuvo bastante revuelo a su alrededor al tratar la masacre en la Escuela Politécnica de Montreal en 1989, en donde fueron asesinadas 14 mujeres además del propio asaltante. En cualquier caso, su estreno en el Festival de Cannes no fue la primera incursión del canadiense en un festival de cine. Anteriormente había presentado, también en Cannes, el corto Cosmos (1996) y 32nd Day of August on Earth (1998). Su primer gran éxito, Maelström (2000), un drama psicológico y lleno de surrealismo, tuvo también un hueco en el Festival de Cine de Berlín y en el de Valladolid y fue galardonada como ‘Mejor película canadiense’ en el Festival de Toronto. No es poca cosa.

Sin embargo, el proyecto que verdaderamente catapultó a Villeneuve a la fama, abriéndole de par en par las puertas de Hollywood, fue Incendies (2010). La cinta, basada en una obra de teatro de Wajdi Mouawad ambientada en la Guerra del Líbano, fue un éxito inmediato, obteniendo, además de la nominación al Óscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa; ocho premios Genie y el premio de la crítica en el Festival de Venecia. Por ese entonces, su proyección internacional era ya una realidad, y su estreno en Hollywood, cuestión de tiempo.

Denis Villeneuve y Jake Gyllenhaal
Denis Villeneuve y Jake Gyllenhaal dialogando durante el rodaje de Enemy (2013)

Si 2013 fue un gran año para el cine estadounidense es gracias, sobre todo, a la aportación de Villeneuve por partida doble. En ese momento se estrenó Enemy (2013), un thriller atípico, desconcertante y polémico por su ambigüedad pretendida y su amplio uso de la metáfora. Entenderla es casi tan complicado como enfrentarse a Mulholland Drive (2001), de David Lynch, lo cual es todo un logro.

Antes de Enemy, que cosechó sensaciones encontradas y críticas dispares, el canadiense ya se había agenciado el éxito con Prisioneros (2013), en donde se trata la desaparición de una niña en extrañas circunstancias. El metraje se centra en la doble labor investigadora de su padre (Hugh Jackman) y del policía al cargo (Jake Gyllenhaal), cuyos métodos y personalidad difieren bastante entre sí. Aunque sólo obtuvo una nominación al Oscar en la categoría de ‘Mejor fotografía’ (premio al que, por cierto, Enemy habría podido optar perfectamente), los 120 millones de dólares que logró en taquilla certifican su impacto y relevancia.

Denis Villeneuve durante el rodaje de Sicario (2015)
Denis Villeneuve durante el rodaje de Sicario (2015)

Tanto en Prisioneros como en Enemy, Villeneuve hizo alarde de todas sus virtudes como cineasta. La pausa, el ritmo, el suspense, el drama, la tragedia… Son elementos comunes a toda su filmografía, y que se vuelven a repetir en Sicario (2015). Protagonizada por Emily Blunt y Benicio del Toro, en ella el espectador se sumerge en lo más profundo de la lucha contra el cártel del narcotráfico. Su perfecta simbiosis entre acción y thriller sólo se ve superada por un apartado técnico y sonoro soberbios, que bien valieron las 3 nominaciones en la última edición de los Óscar.

Quién sabe cuántas nominaciones logrará La llegada, o si tan siquiera obtendrá relevancia en la próxima gala más importante del séptimo arte. Sin embargo, una cosa está clara, y es que Villeneuve lleva años postulándose como uno de los directores más prometedores y con mayor proyección de su generación. Su candidatura a ‘Mejor director’ en los Óscar, echando la vista atrás a su célebre trayectoria, es mera cuestión de tiempo.

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