Lunes, 14 de noviembre.

Escribo estas líneas el lunes por la noche, mientras todo el mundo habla del nuevo anuncio de la lotería de Navidad y yo empiezo a darme cuenta de que hay algo realmente estremecedor en Channel Zero, la nueva (mini)serie de Syfy que se estrenó el pasado octubre. Terminado el tercer episodio, la ficción me tiene totalmente atrapado y, seamos sinceros, acobardado. Me considero alguien difícil de asustar pero Channel Zero consigue meterme la sensación de miedo en el cuerpo sin ningún susto, sólo con su ambiente.

Channel Zero, la estremecedora serie de Syfy
«¿Alguna vez te has preguntado de dónde vienen las pesadillas?«

Todo empieza cuando Mike Painter decide volver a su pequeño pueblo, Iron Hill, después de 28 años y de las terroríficas muertes de cinco niños, incluido el hermano gemelo de Mike, Eddie, en 1988. Todos ellos aparecieron con el cuello roto y sin dientes. Además, había algo entonces que sugestionaba a los chavales, el show de títeres televisivo Candle Cove, y que vuelve a hacerse con todas las pantallas mientras los jóvenes vuelven a desaparecer o se comportan de forma extraña.

Lo que, en principio, puede ser un planteamiento un poco trillado se convierte en un delicado relato gracias a un sugerente ambiente que introduce de lleno al espectador, transmitiéndole un mal rollo indescifrable que va aumentando con cada capítulo de Channel Zero. Después de los dos primeros episodios, no aburridos pero sí algo descafeinados, no puedo dejar de pensar en los macabros títeres de Candle Cove, en los extraños niños de Iron Hill, en los gemelos Painter y en “el hada de los dientes” que recorre el pueblo y los sueños de los protagonistas.

Investigo algo más sobre la serie y descubro que está basada en un creepypasta o una breve historia de terror publicada en portales de internet. La escribió Kris Straub, un caricaturista de Seattle que ejerce de moderno Stephen King en sus ratos libres. De su mente salió Candle Cove, el estremecedor relato que inspira Channel Zero y que consigue, igual que la serie, crear en el lector un sentimiento de miedo desconocido e inexplicable. Releo Candle Cove un par de veces más antes de irme a dormir.

Solo hay algo pero que los títeres de Candle Cove: "el hada de los dientes"
Solo hay algo peor que los títeres de Candle Cove: «el hada de los dientes»

Martes, 15 de noviembre.

Devoro dos episodios más de Channel Zero tras una mañana en la que no he dejado de darle vueltas a la historia. Es una serie que llega a obsesionarte, al nivel de Mr. Robot, y que te deja pensativo, al estilo Black Mirror. Después del parón de casi veinticuatro horas, devoro el cuarto capítulo que me sumerge de nuevo en el ambiente y que apuñala al espectador a medida que se acerca el final. Vuelvo a estar atrapado en Candle Cove.

La ficción de Nick Antosca y Craig William Macneill empieza a estremecerme como nunca lo había hecho ninguna serie de televisión. Tiene algo en su ambientación que recuerda a American Horror Story, la serie de Ryan Murhpy, pero Channel Zero va mucho más allá y consigue enmendar los fallos tétricos (en ocasiones patéticos) de la ficción de Murphy.

Los actores de Channel Zero me fascinan. Paul Schneider (Café Society) lo borda como el torturado Mike Painter, y hay cierto actor (o actriz) que consigue dejar perplejo al espectador. Pero, sin duda, la gran estrella es Fiona Shaw (la tía del mago Harry Potter, Petunia Dursley) que borda el papel de la madre de los gemelos Painter. De los niños protagonistas es mejor no hablar y dejar que cada uno juzgue por su cuenta.

A pesar de no ser una gran serie, consigue atrapar al espectador como ninguna lo había hecho antes. Tampoco da miedo en sí misma, es más la sensación de terror que transmite. Es un curioso ejercicio de terror psicológico que promete volver con una segunda temporada, pero basada en un nuevo creepypasta.

Esta noche se emite el último episodio, un desenlace que promete ser de infarto después de los acontecimientos del último episodio. Espero que las horas pasen rápido para poder volver a adentrarme cuanto antes en el perverso universo de Candle Cove.

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