Park Chan-Wook es, posiblemente, el cineasta surcoreano más conocido fuera de sus fronteras. Dirigió su primera película, Moon is the Sun’s Dream, en 1992, y desde entonces su cine ha ido ganando protagonismo en el ámbito internacional. Comenzó su andadura en el extranjero en el Festival Internacional de Cine de Berlín con Joint Security Area (JSA), allá por el año 2001, pero el verdadero reconocimiento a gran escala llegó con Old Boy, película encumbrada a categoría de culto y adorada por Quentin Tarantino, presidente del jurado del Festival de Cannes el año que la cinta ganó el Gran Premio del Jurado.

Park Chan-Wook
Si hay algo que caracteriza el cine de Chan-Wook es, sin duda, su representación del lado oscuro del ser humano. La aclamada Old Boy se encuadra dentro de la Trilogía de la Venganza, hilo conductor de estas tres historias. Completan la saga las películas Sympathy for Mr. Vengeance y Sympathy for Lady Vengeance, consiguiendo esta última el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Sitges. Su estilo también destaca por su contenido violento que, sin llegar a ser gore, consigue incomodar en la justa medida al espectador, de un modo muy parecido al impacto que tuvieron en su momento las cintas del mencionado Tarantino.

Su debut americano llega después de una serie de títulos que no lograron alcanzar el listón tan alto que dejó Old Boy. Para su incursión en Hollywood eligió a los actores Mia Wasikowska (Alicia en el país de las maravillas), Nicole Kidman (Moulin Rouge!) y Matthew Goode (The imitation game), para interpretar a una familia con una relación complicada y en la que todos parecen esconder algo en Stoker. El film tiene el inconfundible sello personal del director, retomando algunos de los temas que vemos en otros de sus títulos, como la venganza o el incesto, aunque Stoker sea un producto más pulido y menos complicado, dirigido a un público occidental más amplio. En cualquier caso, sus cintas siempre mantienen una atmósfera que consigue transmitir malestar al espectador, mezclando el impacto visual con una sólida trama a partes iguales.

Fotograma de Stoker
Parece que la aventura americana no ha terminado de convencer al director, que presentaba este año La doncella, en la que vuelve a su Corea del Sur natal para hacer una adaptación de la novela Falsa identidad, escrita por Sarah Waters. Una película dramática con tintes eróticos, y tan retorcida como Park Chan-Wook acostumbra a hacer.

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