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La última bala en la recámara se llama Switch

En la madrugada del 13 de enero en España, la consigna en redes sociales y medios especializados era unánime: Nintendo lo ha vuelto a hacer. La presentación del tan esperado como enigmático hardware de Switch, así como de algunas sorpresas como Super Mario Odissey, recordó a los E3 de hace algunos años, cuando la comunidad aún conservaba la inocencia y el júbilo por las novedades. No obstante, el beneficio de la duda parece haberse esfumado en una nube de especificaciones técnicas, compatibilidades varias y rendimientos óptimos. Males endémicos de una comunidad que analiza todo con escepticismo. También a Nintendo.

Switch

Por mucho que haya luchado por mantenerse en los márgenes del sistema, Nintendo forma parte de él y de sus ventajas, pero sobre todo de sus inconvenientes.  El despliegue de entusiasmo en torno a Switch obedece a una lógica más redentora que rupturista: todo apunta a que se trata de la última gran consola de la compañía. O, al menos, de lo que actualmente entendemos por consola. El gigante nipón ha experimentado en 2016 cómo es el mercado móvil el que más beneficios le ha reportado. Solo con Pokémon Go han conseguido endosarse 162 millones de euros en 2016, cuantía que adquiere relevancia en un panorama financiero bastante más desfavorable que el vivido el año anterior. Poca broma.

El furor de aplicaciones como la anteriormente mencionada o Super Mario Run, sin embargo, no parece aclarar la hoja de ruta a seguir para Nintendo. A pesar de ser la consola con más y mejores exclusivas del mercado, Wii U continúa de capa caída: apenas 560.000 unidades vendidas en el tercer trimestre de 2016, un 53% menos que en la misma época del año anterior. La tendencia es que 3DS compensara el vaivén, pero el carácter híbrido de Switch invita a pensar  que la portátil pasará a un segundo plano más pronto que tarde. Es decir, que a partir de la próxima campaña navideña Nintendo se jugará el todo por el todo a una carta, sin un aparente plan B.

Super Mario Odissey

Dicho lo cual, ¿es Nintendo Switch el revulsivo que tanto necesitaba la compañía? La pregunta merece una contestación a la gallega: puede que sí, o puede que no. Conceptualmente se trata del proyecto más diferencial del mercado de sobremesa. Si Nintendo logra hacer de este factor una virtud real, y no un lastre – como le ocurrió a Wii U –, Switch dará guerra. Más allá de los exclusivos, que se da por supuesto que tendrá durante años, el apoyo de terceras compañías será de nuevo crucial para definir las expectativas reales de la apuesta. De momento, EA, Ubisoft o Bethesda parecen dispuestas a echar un cable, pero aún no han mostrado novedades ni propuestas exclusivas. De nuevo, la certidumbre es más bien poca al respecto.

En el otro lado de la balanza, de entrada Switch no pretende competir de tú a tú con Sony o Microsoft. Para los más acérrimos seguidores de Mario, Zelda y compañía, no deja de ser un hecho aislado, pero puede resultar verdaderamente problemático a la hora de captar al gran público. En los primeros spots de Switch, Nintendo deja a un lado su intrínseco carácter familiar para apostar por la modernidad, señalando directamente al jugador más casual. De nuevo, surge el mismo problema: 32 GB de capacidad, una pantalla de 720p, entre 3 y 6 horas de batería, online de pago y un precio de 329,99€ de salida no suponen un buen combinado para quien desee hacer de Switch su principal consola de sobremesa. Ni siquiera para quienes busquen una alternativa al PC, única plataforma cuyo futuro no aparece marcado por el desconcierto.

zelda breath of the wild

Con Switch, Nintendo parece olvidarse momentáneamente de su viabilidad financiera para buscar el esplendor perdido, aquel espacio donde su vanguardismo y fiabilidad marcaban la distancia con la competencia. No obstante, la compañía lleva años arrastrándose entre el conformismo y la parsimonia, acostumbrada por las circunstancias a desenvolverse en un segundo plano, siempre como alternativa y no como una primera opción para el consumidor indeciso. El mundo cambia y Nintendo, que sabe que su futuro son los móviles, decide actuar con una mezcla de cabezonería y cierta dosis de romanticismo a la hora de anunciar Nintendo Switch. No cabe la menor duda de que es una apuesta valiente pero arriesgada, capaz simultáneamente de absolver para la posteridad y de reflejar el mayor de los fracasos. En definitiva, ser o no ser, ganar o perder, triunfar o decepcionar. El tiempo dirá.

1 Comentario

  1. Quizás puede ser lo que nintendo necesita para volver a relanzar el mercado portátil, ofreciendo calidad gráfica y portabilidad, sin descuidar su mercado familiar de salón. Al menos no se han vuelto tan locos con la interfaz quehace que sea imposible para IPs de terceros hacer ports

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